jueves, 12 de noviembre de 2009

¿En Dónde Están los Mejores?

La semana pasada tuve, junto a otros 14 compañeros de maestría de la Universidad de Columbia, la oportunidad de atender una serie de reuniones privadas de alto nivel en Washington DC que incluyeron al Sub Secretario de Estado, James Steinberg, a Dennis Ross, Enviado Personal del Presidente a Irán, a Michael Nacht, Sub Secretario de la Defensa para Asuntos Globales y al General de Brigada Henry Nowak , J5 de los “Joint Chiefs of Staff”, entre otros diez oficiales de las fuerzas armadas y funcionarios del Gobierno de Estados Unidos.

Algo de lo que más me sorprendido de los encuentros fue el grupo de jóvenes que trabajan para estas figuras. Sus edades iban desde los veinte tardíos hasta los cuarenta bajos. Algunos tenían doctorados y todos tenían maestrías en ciencias políticas, administración pública, relaciones internacionales, políticas de seguridad y algunos pocos tenían MBA’s.

Esta extraña presencia de juventud en puestos de altísima responsabilidad es resultado de un cambio en la política de seguridad nacional de Estados Unidos en los años noventa. Al caer el muro de Berlín, y al ser electo Clinton unos años después, los Estados Unidos redujeron su presupuesto de defensa y se congelaron nuevas contrataciones de personal por ocho años.

Pero después de Clinton todo cambió. Durante los meses siguientes al 11 de Septiembre, el Gobierno de Estados Unidos comenzó nuevamente a contratar gente para atender la urgencia de la crisis que enfrentaban en esos días. Miles de jóvenes con los perfiles que ya describí, fueron reclutados por George W. Bush y ocuparon y siguen ocupando puestos clave en las áreas de inteligencia, estrategia, defensa e impartición de justicia en ése país. Todos entraron por concurso público.

En los pasillos de Washington se ve y se siente la juventud y debo decir, juventud comprometida porque la mayoría de esos hombres y mujeres sacrificaron carreras muy lucrativas por trabajar en el gobierno.

Eso mismo fue lo que vio Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública Nacional cuando visitó al FBI. De acuerdo a una nota del Wall Street Journal del 24 de Octubre, cuando el Secretario estuvo en las oficinas del Buró quedó sorprendido de que todos los jóvenes investigadores tenían no sólo grado universitario, sino maestría. García Luna se preguntó por qué no podemos en México tener lo mismo.

La pregunta parece retórica y creo que parte de la respuesta, no sólo para el área de Seguridad Pública sino para todas las demás áreas de gobierno, radica en que la carrera pública está muy devaluada –por no decir estigmatizada- en México. Hace ocho años, en un intento por mejorar el nivel de sus funcionarios, Bancomext decidió concursar muchos de sus puestos medios-altos al público. El resultado: todos los seleccionados venían del sector privado, hablaban por lo menos dos idiomas y tenían maestría. ¿Por qué se dejo de hacer? En mi opinión, primero por resistencia interna y segundo, resultaba muy caro.

Ahora algunas instituciones federales, como Pro México o la Secretaría de Economía, por ejemplo, se llenaron de jóvenes y jovencitos en los últimos tres años, pero su integración al gobierno fue por nombramiento, siguiendo un patrón sistemático de esta administración: poner en puestos clave a amigos, miembros del partido o personas de confianza, en lugar de poner a gente con experiencia y capacidad en cada área.

En mi opinión, el trabajo de gobierno de medio y alto nivel necesita dignificarse de nuevo. Y para hacer esto necesitamos volver a abrir la opción de concurso público para algunos puestos clave del gobierno. Que sería caro, si. Pero, ¿no nos está saliendo más caro tener a gente poco preparada en la estructura del gobierno? En muchas áreas de la Administración Pública de México padecemos, como decía Ortega y Gasset, de “la ausencia de los mejores”.

pesquera@gmail.com

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