jueves, 24 de febrero de 2011

Seguridad Privada: lo que pueden hacer y lo que no


Hace dos años Joaquín López Dóriga narraba en su programa de radio que al entrar a la zona de revisión de seguridad del aeropuerto de la Ciudad de México, se encontró con que la persona de la compañía de seguridad privada que estaba en el punto de revisión, estaba actuando de forma altanera y excediéndose en el trato hacia los pasajeros. Joaquín mostró su inconformidad por el trato que recibió de la señorita de seguridad, quien le respondió “yo soy la autoridá”, a lo que Joaquín respondió “no, usted no es la autoridad, él es la autoridad” señalando a un agente de la Policía Federal que estaba frente a ellos.


El domingo pasado se publicó una nota en un periódico local de la ciudad de León en la que se narraba que los colonos de los fraccionamientos de la zona norte de la ciudad, la más pudiente, estaban invirtiendo en sistemas de video vigilancia y de seguridad para poder prescindir de la Policía Municipal, y ellos mismos hacerse cargo de la seguridad de sus fraccionamientos con cuerpos de seguridad privada.


Yo celebro que quienes puedan reforzar su seguridad, lo hagan, de hecho es una tendencia creciente que los individuos y empresas compren cámaras de seguridad y sistemas que desalienten a los criminales a cometer delitos.


Pero querer prescindir de la fuerza pública es otro asunto y es, en mi opinión, un juego muy riesgoso. Vayamos por partes. Hay servicios que nos ofrece el Estado de los que podemos prescindir si es que nuestros medios nos lo permiten, como el caso de la salud y la educación. También podemos reforzar nuestra seguridad personal y la de las personas que nos rodean, mediante empresas de seguridad que las autoridades han aprobado. El asunto con los cuerpos de seguridad privados, así como con las escuelas y hospitales, es que hay unos muy buenos, otros buenos, otros regulares y otros tantos que son malos y muy malos.


Los cuerpos de seguridad “muy buenos”, son esos que conocen sobre los criterios de uso de la fuerza y han tenido entrenamiento táctico, de tiro con armas cortas, largas y no letales, manejo de situaciones con rehenes, manejan sistemas de comunicación avanzados, y tienen equipos de defensa y de soporte muy sofisticados. También tienen un entrenamiento físico supervisado por un preparador físico profesional, y sobretodo, tienen elementos con buenos sueldos.


Ninguno de los cuerpos de seguridad de ningún fraccionamiento de la ciudad es ni remotamente muy bueno. Los elementos de todos los fraccionamientos de la ciudad son gente que están arriesgando el pellejo porque no han tenido otra opción laboral. Reciben una “embarradita” de entrenamiento y reciben sueldos de vergüenza. De hecho, la ecuación riesgo-ingreso es tan desproporcional que los cuerpos de seguridad –o que dicen serlo- tienen una rotación de empleados altísima. No es raro ver a un guardia en la noche en un fraccionamiento y por la mañana verlo en una escuela. Sus funciones son fundamentalmente de porteros y veladores. Tampoco se les hacen pruebas de confianza a éstos elementos (toxicológica, poligráfica, psicofísica, psicológica y socio-económica), pues son muy caras, así que en la mayoría de los casos estamos confiando nuestros patrimonios a gente que tal vez no sea de confiar.


Cuando se hace un análisis de riesgo en su nivel más básico se tienen que contemplar varios escenarios. La preparación para responder a las posibles amenazas se hace en base a los recursos disponibles, tanto humanos (cuántos elementos y qué tipo de entrenamiento tienen) como físicos (equipo y armas disponibles). Esto determinará qué tipo de agresión o amenaza podremos responder con esos recursos y cuáles no. Con lo recursos que tienen los fraccionamientos, la única amenaza a la que podrían responder por sí mismos es tal vez a la de robo a casa habitación y vandalismo dentro de sus linderos.


La pregunta más importante que yo planteo es la siguiente, ¿para qué amenaza se están preparando los fraccionamiento del norte de la ciudad y qué recursos tienen para mitigarlas? El querer prescindir de la fuerza pública requiere más de un millón y medio de pesos en cámaras y monitores. En un escenario extremo, ¿qué pasará el día que 10 Suburbans llenas de delincuentes quieran entrar a la fuerza a Balcones del Campestre o cualquier otro fraccionamiento? ¿Los guardias de seguridad privada les impedirán el acceso, los perseguirán y repelerán la agresión sin llamar a la Policía?


La sola idea de prescindir de la fuerza pública es un planteamiento erróneo de origen, por no decir ridículo. Que hay fallas y decenas de cosas que mejorar en nuestras corporaciones policiacas es cierto, incluso en algunos municipios del país se ha despedido a toda la fuerza pública de un solo golpe para contratar a agentes nuevos. Aunque la Policía de León no es un convento sin duda, estamos muy lejos de tener una policía totalmente corrupta e infiltrada por el crimen.


Podemos reforzar la seguridad alrededor de nuestras personas y propiedades, pero los colonos que viven en esos fraccionamientos que quieren prescindir de la Policía Municipal, deben saber que emprender un proyecto de esa envergadura requerirá enormes aportaciones extraordinarias al pago del mantenimiento mensual, que muchas familias con trabajo pagan a tiempo.


¿Por qué en lugar de querer prescindir de la Policía no se trabaja con ella y se le exponen puntos de vista e inconformidades para que se mejore el servicio? En asuntos como éste, es en los que la sociedad y las autoridades debemos de trabajar de la mano, no jalando cada quien para su lado.


pesquera@gmail.com

jueves, 17 de febrero de 2011

Dos Lobos y un Economista


En la mitología de los indios nativos americanos, que está llena de fábulas y simbolismos, hay una historia que quiero compartir y reflexionar.


Cuenta la historia que un atardecer, el viejo abuelo Cherokee le habla a su nieto sobre la batalla interior que hay en todas las personas. Le dice, “hijo, adentro de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es malo. Es el coraje, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, el sentido de superioridad y el ego. El otro lobo es bueno. Es el amor, la esperanza, la paz, la serenidad, la humildad, la gentileza, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe.” Después de pensar un minuto el nieto pregunta a su abuelo: ¿Y cuál de los dos lobos gana al final?” El viejo abuelo Cherokee responde: “el que tú alimentes”.


Esta semana ha estado marcada –nuevamente- por niveles de violencia que parecen superar las atrocidades de la semana anterior, y que aparentemente palidecerán frente a las noticias de la semana entrante. Aún no hemos llegado al punto de dejar de sorprendernos por la perversidad que se vive en el país, y las historias de horror que escuchamos del norte del país parecen estar cada día más cerca de todos en todo el territorio nacional. El miedo generalizado reina, ya no en el subconsciente, sino en la parte más superficial del colectivo nacional.


Cuando una sociedad en su conjunto se llena de resentimiento, de odio, de miedo y de impotencia, el pronóstico es desalentador: paranoia en aumento, gente haciéndose justicia por sus propias manos, armándose ilegalmente, y tomando lo que se le antoja a cada quien. Y como en todo círculo vicioso, la violencia, genera más violencia y el crimen parece estar en una ola ascendente.


Existen teorías económicas sobre la participación de la gente en actividades delictivas. Como destaca el economista Gary Becker, las personas deben optar por asignar su tiempo entre trabajar en el mercado laboral legal o el de actividades delictivas, de tal forma que maximicen su utilidad. Tras evaluar y superar el riesgo de ser descubiertos, sancionados, el tamaño de la pena, el estigma social o cualquier malestar moral asociado con la participación en el crimen, aquellas personas que reciban mayores ingresos procedentes de actividades delictivas que de actividades legales, elegirán la participación en el crimen.


En este modelo, el crimen aumentará en la medida en que el salario formal-legal de una persona sea más bajo respecto a las ganancias asociadas a incursionar en el crimen organizado. El crimen disminuirá si el riesgo de ser aprehendido y sancionado aumenta. La evidencia disponible sugiere que los individuos son más propensos a cometer delitos contra la propiedad si tienen salarios bajos o poca educación. Pero la ocurrencia de crímenes violentos, incluyendo asesinatos, no está típicamente relacionada a las oportunidades económicas de quienes los cometen. Hay también un componente de maldad.


Bajo la lógica de este modelo económico –discutible en algunas áreas y que no incluye consderaciones éticas- parece que en México estamos alimentando al lobo malo: los criminales hacen un cálculo muy sencillo sobre las casi nulas posibilidades de ser aprehendidos y castigados, mientras la sociedad civil por su parte, ve la debilidad del Estado y está optando cada vez con más frecuencia y con sus limitados recursos, por hacerse justicia por propia mano, entrando en una destructiva y autojustificada dinámica de “maldad por defensa propia”. Basta ver los comentarios al pie de todos los periódicos por internet y los posts en Twitter de miles de personas frustradas y furiosas que encuentran desahogo en esos medios. Como dicen Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, México está deprimido.


La única manera de contrarrestar esta fuerza negativa, es imponiendo otra igualmente fuerte pero que actúe en sentido opuesto a la que hoy tenemos. Si tan sólo pudieramos ser más amables con quienes nos rodean, más honestos en lo que hacemos y buscáramos soluciones y propuestas, en lugar de señalar perpetuamente a los políticos y delincuentes como culpables de la debacle nacional, comenzaríamos sin duda a darle de comer un poco al lobo bueno y cambiaríamos el ánimo de nuestro país y de su gente.


pesquera@gmail.com

jueves, 10 de febrero de 2011

Westphal y Napolitano: leer entre líneas.

Pues parece que durante los últimos 10 días todo el país estuvo profundamente ofendido por los comentarios racistas y de mal gusto de los cómico-conductores de Top Gear sobre los mexicanos. Yo llegué a pensar que algunos tuiteros y cyberhooligans estarían próximos a embarcarse en el buque “Zapoteco” para ir a invadir al Reino Unido. Gracias a Dios no llegó a mayores…

Claro que el furor y el odio fueron alimentados por los medios que no pierden una oportunidad para pintar de amarillo periódicos, radios, televisores y ahora, computadoras e Ipads.

Lo que es una pena es que las verdaderas noticias, ésas que sí deberían importarnos, nos pasan por enfrente y nadie las analiza con atención. A principios de la semana en curso se difundió la nota en algunos medios impresos y electrónicos en la que el Subsecretario de la Defensa de Estados Unidos Joseph Westphal, un oficial en activo, parte del gabinete del presidente Obama, comentó en una universidad de aquel país –palabras más, palabras menos- que definitivamente lo que vive México es una narco-insurgencia, que los narcos podrían tomar el control del país, y que Estados Unidos tiene ya valorado que sus soldados podrían pelear contra los narcos, si fuera necesario, incluso en suelo mexicano.

¿Qué tal? ¿Y dónde quedó el coraje, valentía y honor que hace una semana inundó a los mexicanos porque los tres pelagatos de Top Gear nos dijeron flojos, apestosos y pedorros? No lo sé, pero a mi juicio ésta declaración hubiese merecido una respuesta por parte de la opinión pública al menos del mismo nivel que la que desató el programa de la BBC.

Contrario a los conductores del programa inglés, Westphal sí salió a disculparse públicamente y como siempre ocurre en estos casos, dijo que no quería decir lo que dijo.

Y para no cambiar la tónica de los mensajes que no tienen nada de inocentes, aislados ni poco calculados, la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Janet Napolitano, dijo el miércoles 9 de Febrero que su país ya tiene contemplado un plan de acción en caso de que los cárteles mexicanos de la droga se aliaran con Al Qaeda.

Pensemos un poco. Si el enemigo público número uno de Estados Unidos es Al Qaeda, y los gringos ya invadieron dos países para combatir a estos terroristas, ¿qué posible plan no bélico podrían tener en la mesa para combatir una hipotética alianza entre Zetas, Cártel del Golfo, la Familia, del Milenio, del Golfo, de Juárez o cualquier combinación de éstos, con Al Qaeda?

La visita de Hillary Clinton y de su subsecretario James Steinberg en enero, sumadas a las declaraciones de éstos dos oficiales de altísimo nivel nos quieren decir, de manera muy clara, que los gringos ya están preocupados por su patio trasero, o delantero, como lo quieran ver.

Pero aquí parece que no pasa nada, la mayor cobertura en México estos días se la han llevado el pelagatos de Noroña, el despido de Carmen Aristegui, y la resaca mediática de Kalimba y Top Gear.

Así de raros o negligentes somos: lo banal nos exacerba, lo importante, nos vale. A lo mejor el día que amanezca el U.S.S. Nimitz en las costas de Veracruz nos da por interesarnos en el tema. Mientras tanto yo seguiré viendo los coches de mis sueños en Top Gear.

pesquera@gmail.com

jueves, 3 de febrero de 2011

Parece que los de Top Gear y la BBC saben algo de México

Hoy escribo sabiendo de antemano que enardeceré a la violenta turba de ciber-hooligans de las redes sociales y de quienes comentan en el sótano de mi columna en la página de Milenio. Pues venga, contribuyo a manera de servicio social para que me usen de costal de box aquellos que tienen ira y frustraciones reprimidas y que se cobijan bajo el anonimato de un pseudónimo de la Internet.


Primero diré que después de haber vivido casi tres años en Londres, nunca me sentí discriminado, ofendido o agraviado por ser mexicano. Al contrario, al entrar al Reino Unido, sus agentes de migración siempre fueron amables, no como los de Estados Unidos. Toda la gente fue cordial conmigo y por mi experiencia, no hay una opinión negativa de los mexicanos en ése país.


Segundo, los mexicanos y latinoamericanos en general, somos vistos en Inglaterra como un grupo de gente alegre, divertida y claro, un poco exótica para ellos. No hay en Gran Bretaña ni en ninguna otra parte del mundo una idea del mexicano tan profundamente estigmatizada, tipificada y devaluada como la que hay –de nuevo- en Estados Unidos.


Los protagonistas del programa Top Gear de la BBC se burlaron de México y de los mexicanos en su programa del 30 de enero, diciendo que somos flojos, flatulentos y que debe ser un horror despertarse sabiendo que eres mexicano. Aunque la primera respuesta de los mexicanos ha sido de una ira incontenible, los invito a que reflexionemos al margen de las emociones, que, naturalmente, alteran y nublan nuestros juicios.


Quitando lo de las flatulencias, que es inútil defender por la dieta mexicana consistente en frijoles, chiles y tortillas en mayor o menor medida, vayamos a los otros dos supuestos agravios.


Que somos flojos. La flojera no es uno de los estereotipos con los que yo identificaría al mexicano. Antes se me vienen a la cabeza los españoles y los franceses con sus siestas, dos meses de vacaciones al año y poca disposición para el trabajo en general, por lo menos la que he observado estando de turista en esos países. La flojera del mexicano no es física ni laboral, es social e intelectual.


Somos un país de zánganos sociales. La gente se queja y se queja de todo pero muy pocos son los que hacen algo para mejorar las cosas. Muy pocas personas se meten a una ONG u organización de la sociedad civil para poner su granito de arena y mejorar al país. Si tan gordos nos caen los políticos, ¿por qué los que critican no se meten a tratar de cambiar las cosas en ellos, o en cámaras u organismos de presión? La verdad es que odiamos el status quo, pero mejor que así se quede antes que hacer algo que signifique sacrificar algo de nuestro tiempo y que nos saque de nuestra zona de confort. Siempre esperamos a que alguien haga estas cosas por nosotros y por eso ahora el país es propiedad de los partidos políticos, de dos televisoras, de un puñado de empresarios y del crimen organizado. Nos da flojera trabajar e involucrarnos para que las cosas cambien.


A la gente en general no le gusta leer, le gusta ver la tele. ¿Cómo queremos ser un país mejor, más preparado y apto para el debate y los retos de nuestros tiempos si la gente está viendo Laura en América y a Niurka? Por cierto, flojo, de acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua significa perezoso, negligente, descuidado y tardo en las operaciones.


Flojo = tardo en las operaciones y negligente. ¿Acaso no somos un país reactivo más que proactivo? Queremos enmendar las cosas después de que hubo pérdidas, muertos o daños incalculables. Veamos la tragedia de la Guardería ABC en Hermosillo. Revisemos el origen de la actual guerra contra el crimen organizado. Sobretodo, veamos nuestro historial de damnificados y daños por desastres naturales. Sabiendo que cada año nos azotan huracanes y tormentas tropicales nunca hay la prevención y obras suficientes para minimizar los daños. Apenas este año, y después del desastre en Monterrey por las lluvias del 2010, hay una partida inmensa en el presupuesto federal para desastres naturales. A saber cómo se va a gastar, invertir o dilapidar ese dinero. Nunca lo sabremos.


Sobre el horror de despertar sabiendo que eres mexicano, yo no tengo elementos para decir que he vivido este sentimiento en carne propia, pero habrá que ver qué tienen que decir seis y medio millones de mexicanos indocumentados viviendo en Estados Unidos y otros veinte millones que tienen ascendencia mexicana y que sufren discriminación a pesar de ser ciudadanos americanos. Lo que sí puedo aseverar con absoluta certeza es que independientemente del orgullo o del horror que sientan por despertarse siendo mexicanos o de origen mexicano, esos compatriotas no tendrían que haberse ido del país si aquí hubiesen existido las oportunidades de trabajo para que llevaran tortillas a su casa y para que aquellos que tenían ambición, pudieran explotar su potencial en tierras mexicanas.


Después de todo, creo que los de Top Gear sí sabían algo de México y de los mexicanos.

pesquera@gmail.com