miércoles, 19 de enero de 2011

Estados Unidos y el ascenso de China

Por motivos de trabajo el miércoles 19 desperté en Washington D.C. en donde el tema central desde hace unos días ha sido la visita del presidente chino Hu Jintao a la capital americana. Esta visita de estado –la categoría más alta en la jerarquía de vistas de mandatarios extranjeros a Estados Unidos- ha causado gran polémica, comenzando por todos los canales de noticias que ofrecen cobertura con expertos en las relaciones bilaterales chino-americanas en temas políticos, de defensa, comercio, economía, y derechos humanos, por mencionar algunos.


La polémica también se vivía en las calles. En mi camino rumbo al aeropuerto, pasé a un costado de la Casa Blanca, en donde pude observar las banquetas saturadas de manifestantes de grupos que denunciaban el abuso de derechos humanos en China, así como de inconformes trabajadores americanos que dicen que China les está robando empleos.


A diferencia de las reuniones entre líderes de países latinoamericanos, que son totalmente irrelevantes para lo que ocurre en nuestras vidas, ésta cumbre entra en esa pequeña categoría de eventos que pueden tener influencia en lo que ocurrirá en nuestros bolsillos, negocios y en nuestra cotidianidad. En un mundo multiconectado e interdependiente, lo que hagan estos dos gigantes tendrá repercusiones en todo el planeta.


Lo que estamos observando es el ascenso de un país a la categoría de potencia mundial de una manera pacífica, por lo menos hacia el exterior.Contrario al ascenso de Estados Unidos, así como del Reino Unido y otras potencias del pasado por la vía del ejercicio del poderío militar –que los chinos, por cierto, también tienen-, China está creciendo a pasos agigantados basando su crecimiento en dos principios, que hasta ahora no han involucrado una sola bala contra intereses occidentales.


El primer principio es de orden interno y consiste en el ejercicio del poder absoluto e incuestionable del Estado sobre todo y todos en China. Ese poder que han ejercido los líderes chinos dentro de su soberanía les ha permitido, no sin atropellos y abusos a su población, crecer a los pasos que lo hacía Estados Unidos en los años cincuenta y sesenta, desarrollando una infraestructura y capacidad productiva sin precedente en la historia. Hacer una presa es muy fácil para ellos: se saca voluntaria o involuntariamente a quienes viven en el lugar, se trae maquinaria y obreros y listo, en dos años hay una presa nueva. No hay que consultar a los pobladores, ni a grupos de protección del medio ambiente ni a nadie. Y el esquema se repite para fábricas, calles, edificios, casas y parques.


Thomas Friedman escribió un artículo en el New York Times hace un par de años titulado “Seamos China por un día” y su argumento principal era que si en Estados Unidos existiera la hipotética posibilidad de que por 24 horas el presidente tuviera facultades de dictador, todos los problemas de Estados Unidos se arreglarían de inmediato. Se aprobarían todas las reformas urgentes e importantes de un plumazo, sin necesidad de cabildear ni negociar en el Congreso, ni que hablar de preocuparse por auditorías, ni por los medios ni por la opinión pública, ni por nadie. Friedman se refería a esa paradoja en la que las dictaduras bien manejadas, aunque tienen costos humanos y políticos muy altos en un inicio, pueden ser positivas a lo largo del tiempo (véase a Chile y a Singapur, por ejemplo).


El segundo principio del crecimiento de China está basado en una creciente búsqueda de influencia hacia el exterior. Como escribió Fareed Zakaria en su libro “El Mundo Post-Americano”, Estados Unidos ha cedido parte del pastel de la influencia del orden mundial, no necesariamente por un debilitamiento propio, sino por el ascenso de otras fuerzas, siendo la china la más prominente.


Posterior al delicado equilibrio de poderes del mundo bipolar que reinó durante la guerra fría, EUA quedó como hegemonía sobre la faz de la tierra, al menos por unos años. Lo que vemos ahora es que Europa no tuvo la talla para crear un contrapeso ante el dominio estadounidense y se conformó con ser “la conciencia” del planeta. Los europeos viven razonablemente cómodos y a pesar de las altas tasas de desempleo y de la pobreza que está empezando a generarse en algunas áreas del continente, no tienen el hambre de reconocimiento y mucho menos ganas de trabajar tanto como lo chinos.


China decidió ser ése contrapeso en el escenario mundial. Siendo del club de países con armas nucleares, con una población inmensa y con dinero de sobra en los bolsillos, China tiene voz, voto y una chequera que le dan una prominencia extraordinaria en todos los escenarios y ámbitos del mundo. Ya sea rescatando a los gringos y europeos de sus crisis financieras, invirtiendo en países africanos, participando en conferencias económicas, simposios de energía, ferias de equipo militar o simplemente en exposiciones de bienes de consumo, China abruma a todo y a todos con su presencia.


Hay quienes dicen que la India tiene potencial para ser como China. Yo creo que puede acercarse, pero nunca llegará a los niveles de China por una simple razón que ha sido su azote, como el de todos los países latinoamericanos: la religión. En China han salido centenas de millones de la pobreza en los últimos 20 años, en la India su religión de castas no les permite “upgrades” e incluso viven con cierto grado de resignación –como nosotros- de que la pobreza será premiada en otra vida o en el cielo. Los chinos quieren todo aquí y ahora.


Por lo pronto esta reunión tendrá una agenda cargada en varios puntos. Los americanos cuestionarán la manipulación de la divisa china por parte del gobierno, el ya no tan sutil apoyo de China a Irán y Corea del Norte, sus abusos a los derechos humanos, el desafío a la supremacía militar norteamericana en el oeste del Océano Pacífico, incluida la presentación del avión caza chino J-20, pero sobretodo, pedirán una cosa: mayor acceso de los productos americanos al mercado chino. Los chinos no solicitarán mucho de los gringos, pero pedirán a los americanos que balanceen su presupuesto para dar garantías a la gigantesca inversión china en bonos del Tesoro Americano. Su principal petición se reducirá a la obtención de un simple gesto: el reconocimiento de su estatura en el orden mundial.


Liga a Milenio http://impreso.milenio.com/node/8898006


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miércoles, 12 de enero de 2011

Pensar, escribir y enseñar: el otro rol del Ejército

En Las Vidas Paralelas de Plutarco, hay un pasaje que ha tenido gran significado para los estudiosos de las ciencias militares y que gracias a él, se acuñó un término de uso más o menos popular, del que pocos conocen su origen: “victoria pírrica”.


El rey Pirro, de la zona griega de Epiro, había terminado de enfrentar –y derrotar- el ejército romano en una batalla en la que su armada se vio muy golpeada. Al ser felicitado por su victoria, el rey Pirro dijo “si resultamos victoriosos una vez más ante los romanos, quedaremos inexorablemente en ruinas…”


Continúa Plutarco “…porque (Pirro) había perdido gran parte de las fuerzas con las que llegó, y a excepción de unos pocos amigos y generales, no tenía otros a quienes él podría convocar de casa, y vio que sus aliados en Italia se estaban convirtiendo en indiferentes, mientras que el ejército de los romanos, como de una fuente que brota desde el interior, era fácil y rápidamente renovado de nuevo, y no se desanimó por la derrota, es más, su ira les dio todo el vigor y la determinación para continuar la guerra”. (Cualquier similitud entre Pirro y el Presidente Calderón, es pura y merita coincidencia).


El Teniente Coronel Isaiah Wilson III, experto en guerra limitada y conflictos de baja intensidad –que es lo que vivimos actualmente en México- de la Academia Militar de West Point dice: “Las victorias pírricas, esta tendencia de los fuertes a perder ante los débiles en batallas con fines, formas y medios asimétricos, pueden ser observadas como una paradoja”.


Y en nuestro caso, la paradoja no es sólo militar, sino política y mediática. Esta semana comenzó –de nuevo- un debate entre los más prominentes intelectuales, académicos y comunicadores sobre el estatus de la lucha contra el crimen organizado en México. Llama la atención la nota de Ciro Gómez Leyva citando a Héctor Aguilar Camín el miércoles pasado en su columna en Milenio titulada Los hijos de puta comienzan a ganar la guerra. Un buen número de periodistas han contribido a la crónica del asunto, siendo el fallecido Jesús Blanco Ornelas, y ahora Jorge Fernández Menéndez y Raymundo Riva Palacio, entre otros pocos, quienes conocen más el problema de forma y fondo, pero que a pesar de la sagacidad de sus plumas, carecen del sustento académico, técnico y científico de la materia como para hacer propuestas que lleven a políticas públicas de seguridad.


De los más prominentes académicos e intelectuales como Arturo Alavarado Mendoza, Sergio Aguayo, Carlos Montemayor y Jorge Chabat, por mencionar algunos, hay trabajos muy interesantes, pero no son suficientes para exponer el problema en toda su amplitud. Se necesitan más expertos en áreas específicas del problema de la seguridad nacional y del combate al crimen organizado para poder influir de manera contundente en las decisiones de legisladores y gobernantes.


El debate –y consecuentemente la generación de literatura relevante- ha sido en general pobre por múltiples razones y está centrado, lamentablemente, en percepciones y opiniones más que en datos, estudios y análisis que se puedan poner sobre la mesa de quienes hacen las políticas de seguridad y combate al crimen organizado en México. Hay muchas razones por las cuales este debate es pobre y en este escrito me limitaré a mencionar tres.


La pimera tiene que ver con los medios. La prensa escrita, por su formato y objeto, no puede aportar ideas concretas y estructuradas que redunden en propuestas sólidas para la solución del problema. Su objeto es el de informar y en el mejor de los casos opinar –unos más elocuentemente que otros- sobre la desgracia que actualmente vive el país. Hay que agregar también que la prensa local en decenas de municipios, ha sido víctima del asedio del crimen organizado, haciendo de la labor periodística en México, en su parte más importante y esencial –la del reportaje de campo-, una de las profesiones más peligrosas del mundo. La paradoja es que en México, si no hay sección policiaca en un periódico, el periódico no vende, y si no circula efecivamente, no hay anunciantes, ni negocio ni viabilidad para el diario.


La prensa electrónica, por su parte, ha influído enormemente y en algunos casos, no necesariamente de manera positiva al debate. En un país en el que la gente no lee, sino que mayoritariamente ve la televisión y en menor medida escucha la radio, las opiniones –e intereses- de estos medios se vuelven las versiones más vistas y escuchadas por la opinión pública. Se nos olvida que el objeto de las televisoras y radiodufusoras es tener ratings para vender spots y ganar dinero: son empresas, negocios. No es su finalidad ni función, la de proponer ideas para solucionar la inseguridad en México, ésa no es su bronca.


Una segunda razón es que no hay –que yo sepa- en México un centro de investigación o “think tank” especializado y serio en temas de seguridad pública y seguridad nacional como, por ejemplo, el Arnold A. Saltzman Institute of War and Peace Studies, de la Universidad de Columbia. Al no ser México un país con una vocación belicosa hacia el exterior y cuyo Ejército era tradicionalmente una institución para los tiempos de paz y para la ayuda en desastres naturales, la academia y sus mecenas han subestimado completamente el valor de invertir en un centro de esta naturaleza, que estudie no sólo las amenazas de seguridad del exterior, sino las amenzas internas, entre ellas, el crimen organizado. Algunos organismos, universidades e instituciones privadas emiten con poca frecuencia informes y estudios de coyuntura sobre la situación de inseguridad que vive el país. El Tec de Monterrey, a raíz de la desgracia ocurrida en sus instalaciones, escribió una propuesta para mejorar el problema de la inseguridad en México, pero hasta ahora nada se sabe sobre el avance de su documento. El ITAM, el Colmex, así como el CEESP y otras instutuciones con investigadores de talla, pero que no cuentan con el apoyo de un centro especializado en la materia, no producen suficiente material como para proponer un debate de contenido y estatura suficientes para la gravedad del problema.


La tercera y última que quiero abordar en este escrito, es que el Ejército y las Fuerzas Armadas de México no comparten a sus académicos y oficiales –que tienen en buen número y calidad- con el resto de los académicos e investigadores no militares del país. Para empezar, debería permitírseles escribir, publicar y enseñar fuera del ámbito militar. A falta de un programa similar para civiles en México, yo estudié políticas de seguridad en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, y la gran mayoría de mis profesores eran militares de West Point con experiencia en batalla, que han publicado libros y artículos en las revistas más influyentes de Estados Unidos. Militares como Isahia Wilson III, a quien cito unos párrafos arriba, Michael Sheehan, Reid Sawyer, Wesley Clark, John Nagl, Harry Summers, Thomas Ricks y Kenneth Waltz, han contribuido al debate sobre las políticas de defensa y seguridad de Estados Unidos. En México, nuestros militares más brillantes están en el Heróico Colegio Militar, de intercambio en alguna academia de Estados Unidos o Europa, otros más en alguna Embajada, y el resto oxidándose en algún cuartel.


Si los militares en México no abren su gran acervo y experiencias a los académicos e intelectuales del mundo civil para que se pueda estudiar el problema de la seguridad en México intergrando su perspectiva al análisis, estaremos estancados en el debate superficial y futil del problema, y no podremos enriquecer el nivel de diálogo y de propuestas para terminar con la barbarie que vive el país en estos días.


La academia e iniciativa privada también tendrían que ir pensando en invertir en un centro especializado de investigaciones y estudios sobre seguridad en México. Si más de 30 mil muertos, miles de extorsionados y centenares de secuestrados no valen la inversión de algunos millones de pesos en investigaciones y estudios para combatir este cáncer que está acabando con la convivencia nacional, no sé qué necesitaremos para rescatar al país. Estaremos, tristemente, condenados a las victorias pírricas.


pesquera@gmail.com

jueves, 6 de enero de 2011

Reelección legislativa, ni tanto que queme al santo…


Pues el hartazgo por los políticos parece que es universal en estos momentos. Como sabemos, en Estados Unidos un legislador se puede reelegir en su puesto tantas veces como le sea favorable el voto, lo que arroja un número alarmante de congresistas y senadores que pasan lustros y décadas en sus puestos, perpetrando burocracias lentas y corruptas, a su manera. El asunto es que un legislador electo, cuenta con herramientas poderosísimas para permanecer en el puesto indefinidamente. Pueden echar mano a partidas de dinero (los famosos “earmarks”) para favorecer proyectos en sus comunidades, que en muchos casos son para empresas de los donadores de sus campañas pasadas y previsiblemente, del futuro.


Como en México, también hay escándalos y enojo por los privilegios de los que gozan los legisladores en ese país. Por ejemplo, es contrastante –y exacerbante para ellos- el ver que hay una tradición de servicio de los jóvenes en las fuerzas armadas, y que al mismo tiempo los hijos de los legisladores, casi de manera sistemática, no van a ninguna de las guerras que por cierto, el Congreso debe autorizar.


Me permito traducir y transcribir, un correo electrónico que circula por Estados Unidos en estos días y que me llamó la atención, pues es el resultado de lo que los extremos pueden provocar: la posibilidad de reelecciones sin límites. El texto de manera amplia fue publicado y comentado también por el escritor y novelista Richard Greener en el Hufftington Post, con algunas pequeñas variaciones al texto que aquí les presento, por si alguien tiene curiosidad de leerlo íntegro y en inglés. También pueden hacerlo buscando simplemente en Google “Congressional Reform Act of 2010”


El texto a continuación:


“Propuesta para reformar al Congreso (de EUA) de 2010.


1. Límite al tiempo en funciones de los legisladores a 12 años máximo bajo cualquiera de las siguientes combinaciones:


a. Dos períodos de seis años en el Senado

b. Seis períodos de dos años en el Congreso

c. Un período de seis años en el Senado y tres períodos de dos años en el Congreso.


2. No asistencia, no cobra. Los congresistas y senadores sólo podrán cobrar cuando estén en su oficina en funciones. Cuando estén fuera, no cobrarán.


3. Todos los recursos del fondo privado de retiro de los congresistas y senadores se deberán aportar al sistema de seguridad social del estado. Todos los flujos y aportaciones futuras deberán también de ser depositados al sistema de seguridad social público para ayudar a la ciudadanía.


4. Los congresistas y senadores podrán contratar planes de retiro más rentables por su cuenta, como lo hacen todos los ciudadanos del país.


5. Los legisladores no podrán votar para otorgarse a sí mismos incrementos salariales de ningún tipo. Su incremento será el mismo que la inflación pronosticada ó 3% máximo.


6. Los legisladores perderán sus planes de salud privados otorgados por el Congreso y participarán en el mismo sistema de salud que el resto de los americanos.


7. Los legisladores deberán obedecer y cumplir las mismas reglas que imponen a los ciudadanos.


8. Todos los contratos pasados y presentes de los legisladores serán nulos a partir del 1º de enero de 2011. El pueblo no hizo esos contratos con los legisladores, ellos los hicieron para sí mismos.


Servir en el Congreso y Senado es un honor, no una chamba. Los padres fundadores tuvieron la visión de legisladores ciudadanos que sirvan sus periodos y regresen a sus casas a trabajar.”


Pues como ven, hay que tener un balance en todo. En México debemos de presionar para que pronto podamos tener reelección de legisladores y alcaldes de manera acotada y clara. El dejarlo libre podría causar los problemas que ahora vemos en Estados Unidos. Ahora tenemos la oportunidad de cambiar nuestro sistema electoral y legislativo por uno más moderno y de avanzada que el de los gringos. El asunto es que esos cambios significarían entregarle el poder a la gente, al ciudadano promedio. ¿Ustedes creen que los partidos – hoy en día los verdaderos dueños de México junto a Televisa y el narco- les convendría? Yo tampoco.


Liga a la publicación en Milenio: http://impreso.milenio.com/node/8890898


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