jueves, 3 de febrero de 2011

Parece que los de Top Gear y la BBC saben algo de México

Hoy escribo sabiendo de antemano que enardeceré a la violenta turba de ciber-hooligans de las redes sociales y de quienes comentan en el sótano de mi columna en la página de Milenio. Pues venga, contribuyo a manera de servicio social para que me usen de costal de box aquellos que tienen ira y frustraciones reprimidas y que se cobijan bajo el anonimato de un pseudónimo de la Internet.


Primero diré que después de haber vivido casi tres años en Londres, nunca me sentí discriminado, ofendido o agraviado por ser mexicano. Al contrario, al entrar al Reino Unido, sus agentes de migración siempre fueron amables, no como los de Estados Unidos. Toda la gente fue cordial conmigo y por mi experiencia, no hay una opinión negativa de los mexicanos en ése país.


Segundo, los mexicanos y latinoamericanos en general, somos vistos en Inglaterra como un grupo de gente alegre, divertida y claro, un poco exótica para ellos. No hay en Gran Bretaña ni en ninguna otra parte del mundo una idea del mexicano tan profundamente estigmatizada, tipificada y devaluada como la que hay –de nuevo- en Estados Unidos.


Los protagonistas del programa Top Gear de la BBC se burlaron de México y de los mexicanos en su programa del 30 de enero, diciendo que somos flojos, flatulentos y que debe ser un horror despertarse sabiendo que eres mexicano. Aunque la primera respuesta de los mexicanos ha sido de una ira incontenible, los invito a que reflexionemos al margen de las emociones, que, naturalmente, alteran y nublan nuestros juicios.


Quitando lo de las flatulencias, que es inútil defender por la dieta mexicana consistente en frijoles, chiles y tortillas en mayor o menor medida, vayamos a los otros dos supuestos agravios.


Que somos flojos. La flojera no es uno de los estereotipos con los que yo identificaría al mexicano. Antes se me vienen a la cabeza los españoles y los franceses con sus siestas, dos meses de vacaciones al año y poca disposición para el trabajo en general, por lo menos la que he observado estando de turista en esos países. La flojera del mexicano no es física ni laboral, es social e intelectual.


Somos un país de zánganos sociales. La gente se queja y se queja de todo pero muy pocos son los que hacen algo para mejorar las cosas. Muy pocas personas se meten a una ONG u organización de la sociedad civil para poner su granito de arena y mejorar al país. Si tan gordos nos caen los políticos, ¿por qué los que critican no se meten a tratar de cambiar las cosas en ellos, o en cámaras u organismos de presión? La verdad es que odiamos el status quo, pero mejor que así se quede antes que hacer algo que signifique sacrificar algo de nuestro tiempo y que nos saque de nuestra zona de confort. Siempre esperamos a que alguien haga estas cosas por nosotros y por eso ahora el país es propiedad de los partidos políticos, de dos televisoras, de un puñado de empresarios y del crimen organizado. Nos da flojera trabajar e involucrarnos para que las cosas cambien.


A la gente en general no le gusta leer, le gusta ver la tele. ¿Cómo queremos ser un país mejor, más preparado y apto para el debate y los retos de nuestros tiempos si la gente está viendo Laura en América y a Niurka? Por cierto, flojo, de acuerdo a la definición de la Real Academia de la Lengua significa perezoso, negligente, descuidado y tardo en las operaciones.


Flojo = tardo en las operaciones y negligente. ¿Acaso no somos un país reactivo más que proactivo? Queremos enmendar las cosas después de que hubo pérdidas, muertos o daños incalculables. Veamos la tragedia de la Guardería ABC en Hermosillo. Revisemos el origen de la actual guerra contra el crimen organizado. Sobretodo, veamos nuestro historial de damnificados y daños por desastres naturales. Sabiendo que cada año nos azotan huracanes y tormentas tropicales nunca hay la prevención y obras suficientes para minimizar los daños. Apenas este año, y después del desastre en Monterrey por las lluvias del 2010, hay una partida inmensa en el presupuesto federal para desastres naturales. A saber cómo se va a gastar, invertir o dilapidar ese dinero. Nunca lo sabremos.


Sobre el horror de despertar sabiendo que eres mexicano, yo no tengo elementos para decir que he vivido este sentimiento en carne propia, pero habrá que ver qué tienen que decir seis y medio millones de mexicanos indocumentados viviendo en Estados Unidos y otros veinte millones que tienen ascendencia mexicana y que sufren discriminación a pesar de ser ciudadanos americanos. Lo que sí puedo aseverar con absoluta certeza es que independientemente del orgullo o del horror que sientan por despertarse siendo mexicanos o de origen mexicano, esos compatriotas no tendrían que haberse ido del país si aquí hubiesen existido las oportunidades de trabajo para que llevaran tortillas a su casa y para que aquellos que tenían ambición, pudieran explotar su potencial en tierras mexicanas.


Después de todo, creo que los de Top Gear sí sabían algo de México y de los mexicanos.

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miércoles, 19 de enero de 2011

Estados Unidos y el ascenso de China

Por motivos de trabajo el miércoles 19 desperté en Washington D.C. en donde el tema central desde hace unos días ha sido la visita del presidente chino Hu Jintao a la capital americana. Esta visita de estado –la categoría más alta en la jerarquía de vistas de mandatarios extranjeros a Estados Unidos- ha causado gran polémica, comenzando por todos los canales de noticias que ofrecen cobertura con expertos en las relaciones bilaterales chino-americanas en temas políticos, de defensa, comercio, economía, y derechos humanos, por mencionar algunos.


La polémica también se vivía en las calles. En mi camino rumbo al aeropuerto, pasé a un costado de la Casa Blanca, en donde pude observar las banquetas saturadas de manifestantes de grupos que denunciaban el abuso de derechos humanos en China, así como de inconformes trabajadores americanos que dicen que China les está robando empleos.


A diferencia de las reuniones entre líderes de países latinoamericanos, que son totalmente irrelevantes para lo que ocurre en nuestras vidas, ésta cumbre entra en esa pequeña categoría de eventos que pueden tener influencia en lo que ocurrirá en nuestros bolsillos, negocios y en nuestra cotidianidad. En un mundo multiconectado e interdependiente, lo que hagan estos dos gigantes tendrá repercusiones en todo el planeta.


Lo que estamos observando es el ascenso de un país a la categoría de potencia mundial de una manera pacífica, por lo menos hacia el exterior.Contrario al ascenso de Estados Unidos, así como del Reino Unido y otras potencias del pasado por la vía del ejercicio del poderío militar –que los chinos, por cierto, también tienen-, China está creciendo a pasos agigantados basando su crecimiento en dos principios, que hasta ahora no han involucrado una sola bala contra intereses occidentales.


El primer principio es de orden interno y consiste en el ejercicio del poder absoluto e incuestionable del Estado sobre todo y todos en China. Ese poder que han ejercido los líderes chinos dentro de su soberanía les ha permitido, no sin atropellos y abusos a su población, crecer a los pasos que lo hacía Estados Unidos en los años cincuenta y sesenta, desarrollando una infraestructura y capacidad productiva sin precedente en la historia. Hacer una presa es muy fácil para ellos: se saca voluntaria o involuntariamente a quienes viven en el lugar, se trae maquinaria y obreros y listo, en dos años hay una presa nueva. No hay que consultar a los pobladores, ni a grupos de protección del medio ambiente ni a nadie. Y el esquema se repite para fábricas, calles, edificios, casas y parques.


Thomas Friedman escribió un artículo en el New York Times hace un par de años titulado “Seamos China por un día” y su argumento principal era que si en Estados Unidos existiera la hipotética posibilidad de que por 24 horas el presidente tuviera facultades de dictador, todos los problemas de Estados Unidos se arreglarían de inmediato. Se aprobarían todas las reformas urgentes e importantes de un plumazo, sin necesidad de cabildear ni negociar en el Congreso, ni que hablar de preocuparse por auditorías, ni por los medios ni por la opinión pública, ni por nadie. Friedman se refería a esa paradoja en la que las dictaduras bien manejadas, aunque tienen costos humanos y políticos muy altos en un inicio, pueden ser positivas a lo largo del tiempo (véase a Chile y a Singapur, por ejemplo).


El segundo principio del crecimiento de China está basado en una creciente búsqueda de influencia hacia el exterior. Como escribió Fareed Zakaria en su libro “El Mundo Post-Americano”, Estados Unidos ha cedido parte del pastel de la influencia del orden mundial, no necesariamente por un debilitamiento propio, sino por el ascenso de otras fuerzas, siendo la china la más prominente.


Posterior al delicado equilibrio de poderes del mundo bipolar que reinó durante la guerra fría, EUA quedó como hegemonía sobre la faz de la tierra, al menos por unos años. Lo que vemos ahora es que Europa no tuvo la talla para crear un contrapeso ante el dominio estadounidense y se conformó con ser “la conciencia” del planeta. Los europeos viven razonablemente cómodos y a pesar de las altas tasas de desempleo y de la pobreza que está empezando a generarse en algunas áreas del continente, no tienen el hambre de reconocimiento y mucho menos ganas de trabajar tanto como lo chinos.


China decidió ser ése contrapeso en el escenario mundial. Siendo del club de países con armas nucleares, con una población inmensa y con dinero de sobra en los bolsillos, China tiene voz, voto y una chequera que le dan una prominencia extraordinaria en todos los escenarios y ámbitos del mundo. Ya sea rescatando a los gringos y europeos de sus crisis financieras, invirtiendo en países africanos, participando en conferencias económicas, simposios de energía, ferias de equipo militar o simplemente en exposiciones de bienes de consumo, China abruma a todo y a todos con su presencia.


Hay quienes dicen que la India tiene potencial para ser como China. Yo creo que puede acercarse, pero nunca llegará a los niveles de China por una simple razón que ha sido su azote, como el de todos los países latinoamericanos: la religión. En China han salido centenas de millones de la pobreza en los últimos 20 años, en la India su religión de castas no les permite “upgrades” e incluso viven con cierto grado de resignación –como nosotros- de que la pobreza será premiada en otra vida o en el cielo. Los chinos quieren todo aquí y ahora.


Por lo pronto esta reunión tendrá una agenda cargada en varios puntos. Los americanos cuestionarán la manipulación de la divisa china por parte del gobierno, el ya no tan sutil apoyo de China a Irán y Corea del Norte, sus abusos a los derechos humanos, el desafío a la supremacía militar norteamericana en el oeste del Océano Pacífico, incluida la presentación del avión caza chino J-20, pero sobretodo, pedirán una cosa: mayor acceso de los productos americanos al mercado chino. Los chinos no solicitarán mucho de los gringos, pero pedirán a los americanos que balanceen su presupuesto para dar garantías a la gigantesca inversión china en bonos del Tesoro Americano. Su principal petición se reducirá a la obtención de un simple gesto: el reconocimiento de su estatura en el orden mundial.


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miércoles, 12 de enero de 2011

Pensar, escribir y enseñar: el otro rol del Ejército

En Las Vidas Paralelas de Plutarco, hay un pasaje que ha tenido gran significado para los estudiosos de las ciencias militares y que gracias a él, se acuñó un término de uso más o menos popular, del que pocos conocen su origen: “victoria pírrica”.


El rey Pirro, de la zona griega de Epiro, había terminado de enfrentar –y derrotar- el ejército romano en una batalla en la que su armada se vio muy golpeada. Al ser felicitado por su victoria, el rey Pirro dijo “si resultamos victoriosos una vez más ante los romanos, quedaremos inexorablemente en ruinas…”


Continúa Plutarco “…porque (Pirro) había perdido gran parte de las fuerzas con las que llegó, y a excepción de unos pocos amigos y generales, no tenía otros a quienes él podría convocar de casa, y vio que sus aliados en Italia se estaban convirtiendo en indiferentes, mientras que el ejército de los romanos, como de una fuente que brota desde el interior, era fácil y rápidamente renovado de nuevo, y no se desanimó por la derrota, es más, su ira les dio todo el vigor y la determinación para continuar la guerra”. (Cualquier similitud entre Pirro y el Presidente Calderón, es pura y merita coincidencia).


El Teniente Coronel Isaiah Wilson III, experto en guerra limitada y conflictos de baja intensidad –que es lo que vivimos actualmente en México- de la Academia Militar de West Point dice: “Las victorias pírricas, esta tendencia de los fuertes a perder ante los débiles en batallas con fines, formas y medios asimétricos, pueden ser observadas como una paradoja”.


Y en nuestro caso, la paradoja no es sólo militar, sino política y mediática. Esta semana comenzó –de nuevo- un debate entre los más prominentes intelectuales, académicos y comunicadores sobre el estatus de la lucha contra el crimen organizado en México. Llama la atención la nota de Ciro Gómez Leyva citando a Héctor Aguilar Camín el miércoles pasado en su columna en Milenio titulada Los hijos de puta comienzan a ganar la guerra. Un buen número de periodistas han contribido a la crónica del asunto, siendo el fallecido Jesús Blanco Ornelas, y ahora Jorge Fernández Menéndez y Raymundo Riva Palacio, entre otros pocos, quienes conocen más el problema de forma y fondo, pero que a pesar de la sagacidad de sus plumas, carecen del sustento académico, técnico y científico de la materia como para hacer propuestas que lleven a políticas públicas de seguridad.


De los más prominentes académicos e intelectuales como Arturo Alavarado Mendoza, Sergio Aguayo, Carlos Montemayor y Jorge Chabat, por mencionar algunos, hay trabajos muy interesantes, pero no son suficientes para exponer el problema en toda su amplitud. Se necesitan más expertos en áreas específicas del problema de la seguridad nacional y del combate al crimen organizado para poder influir de manera contundente en las decisiones de legisladores y gobernantes.


El debate –y consecuentemente la generación de literatura relevante- ha sido en general pobre por múltiples razones y está centrado, lamentablemente, en percepciones y opiniones más que en datos, estudios y análisis que se puedan poner sobre la mesa de quienes hacen las políticas de seguridad y combate al crimen organizado en México. Hay muchas razones por las cuales este debate es pobre y en este escrito me limitaré a mencionar tres.


La pimera tiene que ver con los medios. La prensa escrita, por su formato y objeto, no puede aportar ideas concretas y estructuradas que redunden en propuestas sólidas para la solución del problema. Su objeto es el de informar y en el mejor de los casos opinar –unos más elocuentemente que otros- sobre la desgracia que actualmente vive el país. Hay que agregar también que la prensa local en decenas de municipios, ha sido víctima del asedio del crimen organizado, haciendo de la labor periodística en México, en su parte más importante y esencial –la del reportaje de campo-, una de las profesiones más peligrosas del mundo. La paradoja es que en México, si no hay sección policiaca en un periódico, el periódico no vende, y si no circula efecivamente, no hay anunciantes, ni negocio ni viabilidad para el diario.


La prensa electrónica, por su parte, ha influído enormemente y en algunos casos, no necesariamente de manera positiva al debate. En un país en el que la gente no lee, sino que mayoritariamente ve la televisión y en menor medida escucha la radio, las opiniones –e intereses- de estos medios se vuelven las versiones más vistas y escuchadas por la opinión pública. Se nos olvida que el objeto de las televisoras y radiodufusoras es tener ratings para vender spots y ganar dinero: son empresas, negocios. No es su finalidad ni función, la de proponer ideas para solucionar la inseguridad en México, ésa no es su bronca.


Una segunda razón es que no hay –que yo sepa- en México un centro de investigación o “think tank” especializado y serio en temas de seguridad pública y seguridad nacional como, por ejemplo, el Arnold A. Saltzman Institute of War and Peace Studies, de la Universidad de Columbia. Al no ser México un país con una vocación belicosa hacia el exterior y cuyo Ejército era tradicionalmente una institución para los tiempos de paz y para la ayuda en desastres naturales, la academia y sus mecenas han subestimado completamente el valor de invertir en un centro de esta naturaleza, que estudie no sólo las amenazas de seguridad del exterior, sino las amenzas internas, entre ellas, el crimen organizado. Algunos organismos, universidades e instituciones privadas emiten con poca frecuencia informes y estudios de coyuntura sobre la situación de inseguridad que vive el país. El Tec de Monterrey, a raíz de la desgracia ocurrida en sus instalaciones, escribió una propuesta para mejorar el problema de la inseguridad en México, pero hasta ahora nada se sabe sobre el avance de su documento. El ITAM, el Colmex, así como el CEESP y otras instutuciones con investigadores de talla, pero que no cuentan con el apoyo de un centro especializado en la materia, no producen suficiente material como para proponer un debate de contenido y estatura suficientes para la gravedad del problema.


La tercera y última que quiero abordar en este escrito, es que el Ejército y las Fuerzas Armadas de México no comparten a sus académicos y oficiales –que tienen en buen número y calidad- con el resto de los académicos e investigadores no militares del país. Para empezar, debería permitírseles escribir, publicar y enseñar fuera del ámbito militar. A falta de un programa similar para civiles en México, yo estudié políticas de seguridad en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, y la gran mayoría de mis profesores eran militares de West Point con experiencia en batalla, que han publicado libros y artículos en las revistas más influyentes de Estados Unidos. Militares como Isahia Wilson III, a quien cito unos párrafos arriba, Michael Sheehan, Reid Sawyer, Wesley Clark, John Nagl, Harry Summers, Thomas Ricks y Kenneth Waltz, han contribuido al debate sobre las políticas de defensa y seguridad de Estados Unidos. En México, nuestros militares más brillantes están en el Heróico Colegio Militar, de intercambio en alguna academia de Estados Unidos o Europa, otros más en alguna Embajada, y el resto oxidándose en algún cuartel.


Si los militares en México no abren su gran acervo y experiencias a los académicos e intelectuales del mundo civil para que se pueda estudiar el problema de la seguridad en México intergrando su perspectiva al análisis, estaremos estancados en el debate superficial y futil del problema, y no podremos enriquecer el nivel de diálogo y de propuestas para terminar con la barbarie que vive el país en estos días.


La academia e iniciativa privada también tendrían que ir pensando en invertir en un centro especializado de investigaciones y estudios sobre seguridad en México. Si más de 30 mil muertos, miles de extorsionados y centenares de secuestrados no valen la inversión de algunos millones de pesos en investigaciones y estudios para combatir este cáncer que está acabando con la convivencia nacional, no sé qué necesitaremos para rescatar al país. Estaremos, tristemente, condenados a las victorias pírricas.


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jueves, 6 de enero de 2011

Reelección legislativa, ni tanto que queme al santo…


Pues el hartazgo por los políticos parece que es universal en estos momentos. Como sabemos, en Estados Unidos un legislador se puede reelegir en su puesto tantas veces como le sea favorable el voto, lo que arroja un número alarmante de congresistas y senadores que pasan lustros y décadas en sus puestos, perpetrando burocracias lentas y corruptas, a su manera. El asunto es que un legislador electo, cuenta con herramientas poderosísimas para permanecer en el puesto indefinidamente. Pueden echar mano a partidas de dinero (los famosos “earmarks”) para favorecer proyectos en sus comunidades, que en muchos casos son para empresas de los donadores de sus campañas pasadas y previsiblemente, del futuro.


Como en México, también hay escándalos y enojo por los privilegios de los que gozan los legisladores en ese país. Por ejemplo, es contrastante –y exacerbante para ellos- el ver que hay una tradición de servicio de los jóvenes en las fuerzas armadas, y que al mismo tiempo los hijos de los legisladores, casi de manera sistemática, no van a ninguna de las guerras que por cierto, el Congreso debe autorizar.


Me permito traducir y transcribir, un correo electrónico que circula por Estados Unidos en estos días y que me llamó la atención, pues es el resultado de lo que los extremos pueden provocar: la posibilidad de reelecciones sin límites. El texto de manera amplia fue publicado y comentado también por el escritor y novelista Richard Greener en el Hufftington Post, con algunas pequeñas variaciones al texto que aquí les presento, por si alguien tiene curiosidad de leerlo íntegro y en inglés. También pueden hacerlo buscando simplemente en Google “Congressional Reform Act of 2010”


El texto a continuación:


“Propuesta para reformar al Congreso (de EUA) de 2010.


1. Límite al tiempo en funciones de los legisladores a 12 años máximo bajo cualquiera de las siguientes combinaciones:


a. Dos períodos de seis años en el Senado

b. Seis períodos de dos años en el Congreso

c. Un período de seis años en el Senado y tres períodos de dos años en el Congreso.


2. No asistencia, no cobra. Los congresistas y senadores sólo podrán cobrar cuando estén en su oficina en funciones. Cuando estén fuera, no cobrarán.


3. Todos los recursos del fondo privado de retiro de los congresistas y senadores se deberán aportar al sistema de seguridad social del estado. Todos los flujos y aportaciones futuras deberán también de ser depositados al sistema de seguridad social público para ayudar a la ciudadanía.


4. Los congresistas y senadores podrán contratar planes de retiro más rentables por su cuenta, como lo hacen todos los ciudadanos del país.


5. Los legisladores no podrán votar para otorgarse a sí mismos incrementos salariales de ningún tipo. Su incremento será el mismo que la inflación pronosticada ó 3% máximo.


6. Los legisladores perderán sus planes de salud privados otorgados por el Congreso y participarán en el mismo sistema de salud que el resto de los americanos.


7. Los legisladores deberán obedecer y cumplir las mismas reglas que imponen a los ciudadanos.


8. Todos los contratos pasados y presentes de los legisladores serán nulos a partir del 1º de enero de 2011. El pueblo no hizo esos contratos con los legisladores, ellos los hicieron para sí mismos.


Servir en el Congreso y Senado es un honor, no una chamba. Los padres fundadores tuvieron la visión de legisladores ciudadanos que sirvan sus periodos y regresen a sus casas a trabajar.”


Pues como ven, hay que tener un balance en todo. En México debemos de presionar para que pronto podamos tener reelección de legisladores y alcaldes de manera acotada y clara. El dejarlo libre podría causar los problemas que ahora vemos en Estados Unidos. Ahora tenemos la oportunidad de cambiar nuestro sistema electoral y legislativo por uno más moderno y de avanzada que el de los gringos. El asunto es que esos cambios significarían entregarle el poder a la gente, al ciudadano promedio. ¿Ustedes creen que los partidos – hoy en día los verdaderos dueños de México junto a Televisa y el narco- les convendría? Yo tampoco.


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jueves, 30 de diciembre de 2010

Ortega y Gasset de nuevo, una pequeña reflexión para 2011


No puedo dejar de asombrarme cada que leo a Ortega y Gasset. Como algunos de ustedes sabrán, el título de mi columna “México Invertebrado” es una barata adaptación de la extraordinaria y exquisita obra de Ortega y Gasset titulada “La España Invertebrada”, que es un “ensayo de ensayos” sobre la decadencia que vivían Europa y España a principios del siglo XX.


Como en otras ocasiones lo he hecho, me voy a permitir transcribir unas cuantas líneas de una sola página de esta obra, para después compartir algunas reflexiones con ustedes.


Escribe Ortega y Gasset “la queja del enfermo no es el nombre de su enfermedad. El cardiaco suele quejarse de todo su cuerpo menos de su víscera cordial. A lo mejor nos duele la cabeza, y lo que tienen que curarnos es el hígado”. “La esencia del particularismo es que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte, y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. No le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán”. “En cambio, es característica de este estado social la hipersensibilidad para los propios males. Enojos o dificultades que en tiempos de cohesión son fácilmente soportados, parecen intolerables cuando el alma del grupo se ha desintegrado de la convivencia nacional”.


De la primer cita que habla sobre la diferencia entre la queja del enfermo y el origen de sus males, creo que hay mucho que reflexionar. La violencia y la decadencia política que vive nuestro país son síntomas superficiales de una enfermedad más grave. La verdadera enfermedad está en las entrañas de nuestra sociedad, en la corrupción enquistada en todas nuestras instituciones y en nuestras personas, así como en la falta de educación, civilidad y oportunidades.


Además, como decía mi profesor de Columbia, Jeffrey Sachs, sufrimos la “maldición de los recursos naturales”. Estábamos inundados de petróleo, de minerales, de materias primas, de litorales y de bosques, pero seguimos siendo un país pobre. Más claro o se puede: las explosiones de San Martín Texmelucan causadas por ordeñas ilegales a ductos de Pemex resumen nuestra triste historia de corrupción endémica y abundancia –en declive- de recursos naturales.


Sobre los particularismos que describe Ortega y Gasset, hay poco que agregar. Nuestra clase política cada vez se separa más de sus contrapartes y en lugar de buscar acuerdos y sumar voluntades, cada día se separan más los unos de los otros, haciendo un daño terrible al país. Los políticos no llegan a ningún acuerdo porque cualquier avance del país, es sinónimo de triunfo para el partido en el gobierno, así que llevan más de diez años negándonos los acuerdos más urgentes que requiere la Nación. Como lo he dicho antes: partidismo antes que patriotismo.


No creo que en estos momentos existan mejores palabras para describir lo que le pasa a gran parte de nuestros políticos y legisladores en México: “el alma del grupo se ha desintegrado de la convivencia nacional”. Nuestros políticos, los legisladores principalmente, viven en otro mundo, no viven en México y por eso no les importa el destino de los ciudadanos, no les interesan las personas a quienes deberían de servir, “no le importan las esperanzas o necesidades de los otros y no se solidarizará con ellos para auxiliarlos en su afán”.


La gran mayoría de los políticos del país viven para sus partidos y a ellos deben su lealtad, no a la Patria. Si éste último fuera el caso, se habrían aprobado ya decenas de reformas que tienen a millones de mexicanos estancados, sin esperanzas de educación, de empleo y de una vida digna. Hace un mes estuvo en Guanajuato Manlio Fabio Beltrones y presentó en corto una idea de reforma fiscal extraordinaria. Cuando se le preguntó por qué si era una idea tan buena no la llevaban a cabo, respondió que no todos en su partido pensaban igual, y eso que tienen mayoría en el Congreso. Ahora pongámoslos de acuerdo con otros partidos.


El 2011 será un año difícil para México. Con elecciones en varios estados y la antesala a las elecciones generales de 2012, se ve complicado que se avance en las reformas urgentes para el país, pues acordémonos que ningún partido le colgará una medalla a otro. Parece que tendremos dos años de parálisis en México y no sé cuánto tiempo más podamos seguir resistiendo. Claro que si todos tuviéramos sueldos de 120 mil pesos al mes como nuestros legisladores, a nadie le importaría su incompetencia.


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jueves, 16 de diciembre de 2010

Wikipedia, WikiLeaks, Wiki-What?


Advierto que esta nota podrá resultar redundante para muchos de mis lectores jóvenes y para aquellos que están actualizados en las últimas tendencias, noticias y herramientas de la Internet, pero encuentro que hay un gran número de personas que escuchan del escándalo de WikiLeaks y simplemente no saben qué está pasando. Para ellos es esta nota.


Empecemos por el principio. Qué es un Wiki? La definición más común: es una página Web que contiene información y contenidos que han sido aportados por múltiples usuarios y que pueden ser editados por la comunidad de cibernautas. Generalmente hay un moderador del Wiki que se encarga de que las ediciones y aportaciones de los numerosos autores estén sustentadas en alguna fuente veraz y que conserven algunos criterios mínimos de estilo y desde luego, de decencia.


El Wiki más popular del mundo es Wikipedia, que es, textualmente, una enciclopedia en la Internet formada y alimentada por millones de aportaciones de académicos, historiadores, artistas, científicos y especialistas de las más diversas áreas del conocimiento, de las artes y de las ciencias, pero sobretodo, por millones de ciudadanos como tú y como yo.


En los últimos días y como consecuencia de las filtraciones de cables del Departamento de Estado sobre México, muchas personas me han preguntado si sé qué es eso de Wikileaks. WikiLeaks es una página en la que se publican filtraciones de información sensible o clasificada de gobiernos, empresas y de algunas instituciones religiosas que revelan actos de corrupción, de falta de ética, moral, juicio y/o criterio, así como comunicaciones internas de todas ellas.


WikiLeaks, es dirigido por una especie de consejo formado por 9 asesores, de los cuales la figura más prominente es Julian Assange. Assange tiene estudios en ciencias y fue un famoso programador y hacker en los años noventa y ha estado este 2010 en el centro del huracán mediático por las revelaciones de documentos clasificados del Ejército y Departamento de Estado Americanos , así como por acusaciones de asalto sexual en su contra en agravio de dos víctimas en Suecia.


El escándalo subió de color con las publicaciones de WikiLeaks sobre la guerra de Afganistán, que pusieron en peligro a miles de vidas, pues se subieron a su página de Internet miles de cables y comunicados internos de la Armada Estadounidense sin editar, mostrando nombres de infiltrados, informantes y funcionarios que ayudaban a los americanos en esa guerra.


La última filtración estelar de WikiLeaks, que consta de la publicación de miles de cables de la diplomacia americana, ha sacudido ha medio mundo pues revelan, si bien no lineamientos oficiales de la política exterior americana, su forma de operar y la manera en que piensan altos funcionarios en sus embajadas y consulados alrededor del mundo.


Para evitar la andanada de críticas por su irresponsable publicación del caso de Afganistán, WikiLeaks decidió filtrar los cables de los diplomáticos americanos a cinco de los periódicos más influyentes del mundo: El País de España, Le Monde de Francia, The Guardian del Reino Unido, The New York Times de Estados Unidos y el Spiegel de Alemania.


Los periódicos han tenido el cuidado de no publicar nombres o información sensible que ponga en riesgo la vida de personas, pero al mismo tiempo han sacado a la luz miles de cables con información muy jugosa que mandan los diplomáticos gringos a sus oficinas centrales en Washington D.C.


Sobre México se han publicado cables de los últimos tres años que tienen como tema central la lucha contra el crimen organizado. Las comunicaciones –supuestamente confidenciales- informan a los jefes de la diplomacia americana de la falta de coordinación, de la corrupción y de la ineficacia de las fuerzas federales y armadas de México. Ridiculizan al Ejército y a varios funcionarios que citan con nombre y apellido.


Si bien no son cables oficiales que fijan la postura de Estados Unidos sobre México y sobre todos los países del mundo (un cable de un diplomático americano en Argentina reportó que la presidente Kirchner padecía de sus facultades mentales), han metido en aprietos a la administración Obama, que ha tenido que salir a ofrecer disculpas a medio mundo –textualmente- y a explicar que lo que dijeron sus diplomáticos, no era lo que ellos realmente pensaban. Clinton se ha vuelto algo así como un Rubén Aguilar del sexenio pasado que tenía que salir diariamente a desdecir las declaraciones de Fox por todos lados.


WikiLeaks es un fenómeno de una trascendencia que aún no acabamos de entender. Las implicaciones de sus filtraciones han acelerado el trabajo de analistas, politólogos, historiadores y de la opinión pública en general, pues estas revelaciones solían hacerse décadas después de ocurridas. Hoy la podemos analizar casi en el momento en que han sucedido. También permitirán moldear y replantear parte de la política exterior de muchos los países –sobretodo la parte más superficial- y se tendrán que idear nuevos procedimientos de comunicación, tal vez encriptada, que permitan el flujo de información entre funcionarios de diversos lugares. Desde luego que estos hechos generan más prejuicios y recelo contra los americanos alrededor del mundo.


Se dice que la siguiente ola de filtraciones vendrá sobre los escándalos financieros de Wall Street en 2008 y sobre el derrame de British Petroleum en el Golfo de México. Prometen ponerse buenos.


Link a la edición de Milenio: http://impreso.milenio.com/node/8882335


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jueves, 2 de diciembre de 2010

10 Años del PAN en los Pinos: Nada que Celebrar

Recuerdo aquel 1º de Diciembre del año 2000. Estaba en Acapulco y me visitaban algunos amigos de España. La euforia reinaba por todas partes y, ante las visitas extranjeras, nos sentíamos orgullosos, como pavo reales. La democracia había triunfado y todos nos sentimos con Fox –al menos por unos meses- un poco como se sintieron los primeros años de Salinas: como si fuéramos rumbo al primer mundo.


Al pasar de los meses la euforia fue bajando. El “bono democrático” le permitía al nuevo gobierno hacer tarugadas y que se las perdonáramos, total, eran nuevos en eso de gobernar y en la lógica del momento, no nos podía ir más mal de lo que nos había ido con el PRI. Ingenuos. Incluso, cuando las cosas no comenzaban a caminar como debían, todos buscábamos alguna explicación, algún pretexto para justificar la torpeza del flamante gobierno. Y así se fueron 6 años y no pasó nada, que en un país como México y en un entorno internacional dinámico y agresivo, 6 años de parálisis son definitivamente un retroceso.


El 2006 fue un punto de quiebra en la vida de la Nación. Las heridas de la polarización que dividió al país en aquel año, aún no han cerrado y al contrario, siguen abiertas, expuestas.


Luego, cuando el PAN toma nuevamente el poder hace 4 años para comenzar lo que era su segunda oportunidad para demostrar que sí podía con el paquete de dirigir al país, volvió a nacer un poco de esperanza en algunos de nosotros, pero ahora con más recelo, prudencia y expectativas más bajas. Una elección tan cerrada no era un cheque en blanco para Calderón.


Ahora, a 10 años de la llegada del PAN al poder no veo por ninguna parte a un país mejor, más próspero. Pero dado el encono en el que ha vivido el país en ésta última década, parece que no habría habido mucha diferencia si el presidente hubiese sido Labastida o AMLO: los políticos de los otros partidos se hubieran encargado de parar en seco cualquier proyecto que significara un avance para el país y consecuentemente una estrellita para quien gobierna, sin importar que México se esté yendo por un precipicio.


Mi queja, mi reclamo, no es sólo al PAN, pues ellos han cavado su propia tumba y no veo cómo van a convencer –a convencernos- de votar por ellos en el 2012, cuando vemos dos “Panes” divididos y que no pueden ni siquiera ponerse de acuerdo en quién va a dirigir a su partido. Mi queja y mi llamado es a los políticos en general, a las personas que encabezan nuestros gobiernos y a los legisladores de todos los partidos, les pregunto: ¿cuánto tiempo más ha de perder México por sus vendettas personales? ¿No se han dado cuenta que sus rencillas partidistas han tenido el mismo efecto en el país que el que tiene la lucha entre Zetas y Cartel del Golfo en Tamaulipas? Han erosionado la confianza, han debilitado a la economía, las personas buscan irse del país y encontrar suerte en otros lados, no hay seguridad ni física ni jurídica, no hay estado de derecho y la divisa es la Ley del Talión. ¿Cuántos pobres más necesitan ver en el país para conmoverse, para sentir la necesidad de hacer algo? ¿Cuántos jóvenes más se unirán al crimen organizado porque ustedes no han generado las condiciones para ofrecerles oportunidades dignas de trabajo? ¿Cuántos lugares más necesita caer México en los índices de competitividad internacional y de respeto a los derechos humanos para que se den cuenta que su trabajo ha sido pobre y negligente? ¿Cuántos lugares más hemos de bajar en las pruebas internacionales de calidad en la educación? ¿Cuánto tiempo más hay que esperar para que cualquier ciudadano sea candidato a un puesto de elección sin pertenecer a ninguna de las mafias representadas por sus partidos? ¿Cuándo tendremos juicios orales y transparencia en nuestros tribunales y universidades públicas? ¿Cuándo, cuándo, cuándo?


Por si fuera poco y para acabar con cualquier esperanza de que las cosas le vayan mejor en lo que le queda en Los Pinos, el pasado domingo, envalentonado por el festejo de sus 4 años en el poder, el presidente Calderón se lanzó con todo contra el PRI restregándoles que ellos habían sembrado la semilla de la corrupción, de la pobreza y de todos los males que aquejan a la Nación en nuestros días. Hizo más grandes las heridas de las que hablaba unos párrafos arriba y se cerró cualquier opción de avances para su partido y para el país en el último tercio de su mandato. ¿No tiene un buen amigo el presidente que le aconseje mesura? Parece que no. Hoy en México esa palabra está fuera de uso. ¿Cuándo vamos a ver un discurso, pero sobretodo, hechos de reconciliación?


No sé que piensen Ustedes pero en mi opinión, en este año Bicentenario y Centenario no había mucho que celebrar, sino mucho trabajo pendiente por hacer. Lo que tampoco logro entender es en qué demonios estaban pensando los panistas cuando decidieron festejar sus 10 años en la presidencia. ¡Que se pongan a trabajar! Los festejos y los premios son para quienes han hecho bien su trabajo y el PAN, como el resto de los partidos y los políticos en general, claramente no lo ha hecho.


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