jueves, 19 de mayo de 2011

Agárrense: México y EUA en campañas

De todas las diferencias que tenemos con nuestros vecinos del norte, hay una coincidencia que nos une a Estados Unidos y a México: ambos odiamos las temporadas de campañas políticas.


Por si no fuera poco el bombardeo de proselitismo que sufriremos en México a partir de ya, con la elección del Estado de México en puerta, ahora tendremos que fletarnos también la elección de Estados Unidos en 2012, que ya ha comenzado también. Les auguro que serán 18 meses abrumadores e insoportables y para muestra, un botón.


El pasado 10 de Mayo el presidente Barak Obama, en su primer visita a la frontera con México –en El Paso- instó a la mayoría Republicana a dar marcha adelante a la reforma migratoria, una de sus promesas de campaña que no ha podido cumplir. El presidente acusó y señaló a los Republicanos como el candado que tiene atorada la reforma y hasta bromeó que quizá los Republicanos quieran poner una trampa de cocodrilos de su lado del río. El objetivo de esta visita y de este mensaje: los votantes latinos.


No olvidemos que el 67% de los latinos en aquel país le dio su voto a Obama, y ahora están descontentos con el trabajo del presidente, pues no ha podido concretar sus promesas de empleo, seguridad, igualdad y “green card” para la minoría más importante en Estados Unidos. Les ha fallado.


Con esto dicho, Obama busca desesperadamente volver a cautivar a los latinos, echando la bolita de la responsabilidad de aprobar la reforma migratoria a una mayoría Republicana, que precisamente ganó las elecciones intermedias de 2010 bajo la bandera de cerrarse a la migración y regresar empleos a los americanos.


Aquí en México todos sabemos que cada que el presidente Calderón manda una iniciativa relevante, como la energética que acaba de relanzar por enésima vez, está haciendo un acto mediático para decirle a los votantes (de ahora en adelante y hasta Julio del 2012, por encima de ciudadanos, seremos votantes) que él ya mandó la iniciativa que cambiará las cosas para bien de la Nación, y que la responsabilidad de salvar a México y al Mundo está en la oposición, esto es, en el PRI.


Obama sabe que nunca de los nuncas pasará una reforma migratoria en año electoral, e igual que acá, todo lo importante estará detenido un año completo en el que la divisa serán los insultos, los dimes y diretes. Su maniobra política puede que resulte, pues él está buscando la simpatía del voto latino, no que se concrete una reforma que de antemano sabe que no se aprobará. Eso ya lo tratará de resolver si es reelecto.


Veremos en los próximos meses como el tono y las acusaciones entre Republicanos y Demócratas sube y veremos como hasta los gringos pierden la civilidad cuando se trata de campañas políticas.


No nos sorprenda que aquí en México la campañas se hayan vuelto campos de batalla de basura y mugre y no de propuestas. Al final de cuentas, acordémonos quién nos enseñó e impuso éste nuevo estilo de hacer campañas políticas negativas hace poco más de 10 años: el Tío Sam. Como conclusión les digo: si normalmente no creen lo que dicen los políticos, lo que escucharán en los siguientes meses requerirá una extraordinaria habilidad para leer entre líneas y saber jugar carambola de tres bandas. En las inminentes campañas política de aquí y del norte, nada de lo que escucharemos significará verdaderamente lo que nos dicen. De eso, les doy mi palabra.


pesquera@gmail.com

jueves, 5 de mayo de 2011

Bin Laden, Terrorismo y México

Durante mi tiempo en la Universidad de Columbia, tuve el privilegio de ser alumno del Teniente Coronel Reid Sawyer, Director del Centro de Combate al Terrorismo de la Academia Militar de West Point. La clase se llamaba “Terrorismo y Globalización”.


A raíz del reciente asesinato de Osama Bin Laden a manos de un grupo élite de las Fuerzas Armadas Estadounidenses, me di a la tarea de sacar las notas que tomé en ésa clase y me permití hojear una de las 4 carpetas (alrededor de 2,000 páginas en total) que conformaban las lecturas obligatorias para el semestre. No tuve que hojear mucho. Las lecturas de la primera sesión daban un panorama extraordinario, a manera de antecedente, de lo que es el terrorismo internacional en nuestros días.


En este breve artículo me permitiré presentar unos cuantos argumentos de algunos –muy pocos seguramente- de los más prominentes investigadores, estudiosos y autoridades del terrorismo a nivel mundial.


Audrey Kurth Cronin comienza diciendo que es muy difícil encontrar una definición única para explicar qué es el terrorismo, primero porque el término ha evolucionado a través del tiempo y segundo, porque la actividad asociada a éste está diseñada para ser subjetiva. Los especialistas en el tema del terrorismo han dedicado miles de páginas para encontrar una definición única a este fenómeno y todos han terminado por claudicar en el esfuerzo. El terrorismo, dice Kurth, es un asunto de percepción y por lo mismo, es visto de manera diferente por diferentes observadores.


Sin embargo, y a pesar de las múltiples definiciones que hay para explicar el término, sí hay conceptos fundamentales en los que la mayoría de los estudiosos están de acuerdo. Aquí les presento unos pocos. Primero, el terrorismo siempre ha tenido una naturaleza política e incluye la comisión de actos atroces para precipitar un cambio político. Segundo, el terrorismo es ejecutado por grupos, no por los poderes de un Estado. Esto no quiere decir que los países no utilicen técnicas terroristas, lo que pasa es que cuando son usadas por los gobiernos son llamadas opresión, uso de la fuerza del estado o terrorismo de estado. Aún cuando algún gobierno tenga la capacidad de aterrorizar, no puede ser llamado terrorista. Tercero, el terrorismo deliberadamente busca dañar a inocentes. Cuarto, el uso de la fuerza de los países está sujeto a normas y convenciones internacionales que pueden ser aplicadas o al menos consultadas, los terroristas no reconocen ninguna ley o norma y al contrario, para maximizar el efecto psicológico de sus actos, sus actividades tienen el sello de ser deliberados e impredecibles.


Según Martha Crenshaw, la región con uno de los déficits más importantes en desarrollo humano –el mundo árabe- es también el corazón de una de las zonas de terrorismo religioso más amenazadoras para el planeta. David Rapoport apunta que el terrorismo moderno es también el producto de cambios en la distribución de poder internacional en todas sus formas: política, militar, económica, ideológica y cultural.


Para concluir esta nota, regreso a Kurth, que nos da un par de ideas sobre el terrorismo internacional que pueden ser aplicadas a México. Dice Kurth que la frustración de los pueblos musulmanes y árabes, encuentra en el terrorismo una respuesta racional, especialmente cuando no existe una alternativa viable de progreso de parte de sus gobiernos.


Dice Kurt que el terrorismo es un fenómeno complejo y debe ser atacado con acciones militares de corto plazo y un análisis profundo, sofisticado y bien informado a largo plazo, y lo que hemos visto, es más de lo militar y menos de lo analítico. Para terminar con el terrorismo se debe contemplar el uso de un amplio grupo de gente y especialistas dedicados a la inteligencia y una expansión de los instrumentos no militares, como desarrollo económico y servicios.


En mi opinión, muchos de los argumentos y puntos de vista que abordan estos expertos, explica el crecimiento del narco en México y el fracaso de la estrategia contra ellos. La mayoría de la gente que se une al narco lo hace por falta de oportunidades para llevar un modo honesto de vida. Por otra parte, los 4 años y medio de balazos que el Gobierno ha usado para combatirlos es todo, menos “corto plazo”. Tanto el Ejecutivo como el Legislativo han fallado en generar oportunidades de desarrollo para evitar que la gente se una al crimen organizado y en preparar a gente apta y capaz para desarrollar una estrategia sofisticada y bien planeada para el mediano y largo plazo.


pesquera@gmail.com

viernes, 29 de abril de 2011

La Mediocridad de las Reformas Posibles

Todo a media luz. Así vivimos en México, melancólicos como la mayoría de los tangos. Todo a medias, no acabamos nada. El ejemplo más indicativo de esta mediocridad nacional (aparte de los deportes, desde luego) es el Poder Legislativo. La única constante desde la llegada de la famosa pluralidad legislativa en 1997, es la mediocridad: todo hecho mal, a medias y a la carrera.


A estas alturas ya hemos visto de todo. Una reforma energética que proponía el PRI y que vetó el PAN. Luego la misma iniciativa presentada por el PAN, vetada por el PRI. Al final no se aprobó ninguna de las iniciativas como venían escritas y se aprobó un híbrido que no sirve para nada, pero fue, como le dicen, “la mejor reforma posible”. Y eso ha sucedido con todas las reformas, la laboral, la fiscal, la política, la de seguridad, y la que se nos ocurra. Hemos visto como reformas importantísimas para el país son escritas con cuidado y pulcritud por expertos sectoriales, para después llegar al Legislativo en donde serán leídas y discutidas por legisladores ignorantes y negligentes que las descuartizarán, editarán y aprobarán o rechazarán según les ordenen los líderes de sus partidos, no el interés de la Nación.


Y como aquí en México, no conocemos lo mejor de nada, porque “la mediocridad de lo posible” ha sido la divisa, como pueblo hemos aceptado vivir en un país que avanza al paso que las vendettas políticas de nuestros legisladores y sus partidos lo permiten.


Ahora que estamos terminando el periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, vemos el mismo patrón de los últimos 15 años: todos los legisladores aprobando leyes al vapor tratando de justificar su inútil existencia. Aparte, todos los temas importantes, los que realmente tienen impacto en la vida de la Nación, son manejados en el Legislativo por unos 50 ó 60 Diputados y por unos 30 Senadores. El resto de los Legisladores, ya hemos visto, están tonteando con los iPads que les hemos pagado los contribuyentes con nuestros impuestos. Ahora hay que esperar a que salgan a justificarse diciendo que las fotos que los delatan “están sacadas de contexto”.


La política hecha por la partidocracia está llegando a sus límites y muy posiblemente a su fin. Los partidos en México se han conducido como el Secretario de Estado, John Foster Dulles, se refirió a su país diciendo que “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”. Creo que con las recientes alianzas entre PRD y PAN y las divisiones entre Senadores y Diputados Priístas, esta muy claro que en México los partidos no tienen principios, ni amigos ni valores, sólo tienen intereses.


Con el hartazgo generalizado de la población y el desgaste de la fórmula de hacer política exclusivamente mediante partidos, la famosa reforma política que permitiría la reelección de nuestros legisladores podría ser el inicio de un cambio radical en el balance de poder en el Legislativo. Los flamantes Diputados y Senadores que tendrían la opción de reelegirse en base a los resultados que entreguen a la ciudadanía –no a los cacicazgos de sus partidos- podrían comenzar a enterarse por primera vez de las necesidades de sus distritos y de qué reformas convienen y cuáles no a su gente.


Tal vez comenzaríamos a recibir alguna visita, ahora inimaginable, de nuestros Diputados y Senadores para alguna reunión tipo asamblea abierta (como los famosos “town hall meetings” que hacen los congresistas y senadores gringos con la gente de sus distritos) para intercambiar ideas y para que nos expliquen por qué si o por qué no apoyaron tal o cual iniciativa.


Queda ver si al final la reforma se aprueba. Yo tengo mis dudas. Los partidos tienen una franquicia invaluable, que es el monopolio legal sobre el acceso a la política y a todos sus puestos por la vía institucional. También manejan un montón de dinero que tú y yo les damos para que jueguen a la política y conduzcan los destinos del país. Sin incentivos reales para dejar voluntariamente esta millonaria e influyente franquicia, no veo que los partidos suelten los jugosos privilegios de que gozan para dejar que Juan Pérez se postule sin ellos y que piense por sí mismo y por su gente. Veremos en las siguientes semanas, en un periodo extraordinario de sesiones del Congreso, si se aprueba la reforma política íntegra, o nos salen con otra mafufada que llamarán “la mejor reforma posible”.


pesquera@gmail.com

lunes, 18 de abril de 2011

Cómo ganar la Paz: Aprendiendo a comer sopa con un cuchillo, lecciones para México


T.E. Lawrence es mejor conocido por la interpretación que Peter O’Toole hizo de su persona en la película Lawrence de Arabia, sin embargo, poca gente conoce el trabajo de Lawrence y menos lo relaciona como uno de los primeros escritores, estudiosos y practicantes de la guerra limitada y conflictos de baja intensidad del siglo XX. Cuando en una ocasión se le preguntó a T.E. Lawrence sobre cómo derrocar a una guerrilla de insurgencia, él contestó que el proceso era similar a intentar comer sopa con un cuchillo: lento y desastroso.


Los ejemplos más estudiados de guerrillas de insurgencia y urbana, son el caso del conflicto entre árabes y turcos a principios del siglo pasado (en la que participó T.E. Lawrence), el de las fuerzas de Mao contra el poderoso Chiang Kai-shek, el del FNL de Argelia contra el Estado Francés, el de las fuerzas independentistas de Malaya (ahora Singapur) contra Gran Bretaña y el que libraron el Vietcong y actualmente pelean los talibanes en Afganistán y las tribus religiosas de Irak contra las fuerzas de Estados Unidos. Todos los anteriores son ejemplos de conflictos asimétricos, en los que un gran ejército se ve forzado a combatir a un enemigo menor en tamaño y recursos, pero no en eficacia.


Todos los estudios y bibliografía sobre los conflictos anteriores arrojan un común denominador: las guerrillas han ganado o van ganando. En el libro “Fiasco, la Aventura Militar de Estados Unidos en Irak” , Thomas Rick recuerda una anécdota sobre la firma de la paz en Vietnam en la que un altanero oficial del ejército americano le dice a un general del Vietcong “ustedes nunca nos pudieron vencer en el terreno de batalla” a lo que contestó el general vietnamita “eso tal vez sea cierto, pero también es irrelevante”.


La abrumadora evidencia empírica de cómo han perdido los grandes ejércitos contra grupos insurgentes, llevó en 2003 a un grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a replantearse las estrategias utilizadas para combatirlos. La conclusión fue, palabras más, palabras menos, que los grandes ejércitos, sujetos a una idiosincrasia militar rígida, tienen poca flexibilidad y capacidad de adaptación y aprendizaje para enfrentar retos nuevos. En castellano esto quiere decir que el ejército estadounidense no ha entendido que en la actualidad, y aún con las amenazas de Corea del Norte, Irán y algún otro bravucón, Estados Unidos muy probablemente no se verá comprometido en el futuro en una guerra contra otro estado-nación, sino contra grupos terroristas, de guerrilla e insurgencia a lo largo y ancho del planeta y necesita aprender a combatirlos.


Uno de los líderes de este grupo de militares es el Teniente Coronel Isaiah Wilson III, miembro activo de la Armada de Estados Unidos y profesor de la Academia Militar de West Point y de la Universidad de Columbia, quien alertó en 2004 de los claros riesgos de “perder” las guerras en Irak y Afganistán por falta de planeación operacional, esto es, por falta de planes sobre cómo terminar la guerra contra los grupos tribales que quedarían sueltos después de derrotar a los talibanes y a Saddam.


Wilson habla de la incapacidad de los grandes ejércitos y en especial del de Estados Unidos, no para ganar guerras, sino para ganar la paz. Este grupo de militares lucha por cambiar las estrategias y tácticas militares actuales, por un nuevo enfoque que ellos llaman “la nueva guerra holística”, esto es, ver y pelear la guerra como un elemento complejo y total de 360 grados y no simplemente como la parte del enfrentamiento bélico en el que Estados Unidos invariablemente gana de manera abrumadora, pero que no garantiza estabilidad y paz al final de la acción militar.


En México tenemos un híbrido de narco-insurgencia, que presenta diferencias fundamentales a las guerrillas de insurgencia citadas al principio de este escrito siendo las más importantes que el crimen organizado no busca derrocar al gobierno -aunque sí ha conseguido tomar posiciones de gobierno en decenas de municipios y estados del país- y su motivo es puramente económico. Otra diferencia es que la asimetría del conflicto favorece al enemigo y no a las policías y Fuerzas Armadas del país. El crimen organizado cuenta con más dinero y armas sofisticadas que nuestros policías y soldados y definitivamente han puesto en entredicho el monopolio que el Estado Mexicano debería tener sobre el uso de la fuerza en el país.


La manera en que estamos librando esta batalla hace pensar que nuestros generales, empezando por el Primer Comandante de las Fuerzas Armadas, no han aprendido de ejércitos mucho más poderosos que el mexicano como el norteamericano, el británico y el francés, que han perdido las guerras de insurgencia –o conflictos de “baja intensidad”- que han peleado en los últimos 50 años.


Un nuevo enfoque de guerra holística para combatir al crimen organizado en México tendría que agregar al elemento bélico una reestructura de raíz de nuestro sistema judicial, penitenciario, de la formación de nuestras policías, de educación, desarrollo económico y combate al consumo de narcóticos en el país. Necesitamos ver la guerra como un todo. Esta estrategia de combate no se puede planear solamente desde Lomas de Sotelo. Corresponde a las Cámaras sentar las bases para que al mismo tiempo que aventamos y recibimos balas, se fortalezca la estructura del Estado Mexicano y se comience a cargar la balanza de nuestro lado y no del de los criminales.


Si no entendemos el conflicto de esta manera y no aprendemos de las experiencias –malas por cierto- de ejércitos con tradiciones e historial bélico superiores al nuestro, estamos condenados a seguir luchando esta guerra por décadas tal vez, sin estar ganando terreno significativo al enemigo. Estamos, literalmente, aprendiendo a comer sopa con un cuchillo.


*El título de este escrito es también el del libro “Learning How To Eat Soup With a Knife” de John Nagl y lo utilicé por considerarlo de extraordinaria aplicación para el tema que abordé.

jueves, 7 de abril de 2011

Violencia y Deshonra

El miércoles 6 de Abril se realizaron múltiples marchas a lo largo y ancho del país pidiendo un alto a la violencia en México. Las demostraciones de indignación por lo que ocurre en todo el territorio nacional son muestra, una vez más, del hartazgo de la población por la clara incapacidad de nuestros líderes para poner orden en un país que corre como caballo desbocado hacia un precipicio. Uno de los factores que más ha agraviado a la sociedad, es la manera en la que se han tratado a los difuntos de esta lucha-guerra-combate o como se le quiera llamar, contra el crimen organizado.


Los casos y expedientes de miles de muertos –ya no se sabe si son 30, 35 ó 40 mil- que aparecen diariamente en las calles, caminos, carreteras y puentes de nuestro país, están destinados a ser desechados por las autoridades que no tienen capacidad para investigar, perseguir y sancionar a quienes han cometido estos miles de homicidios. Cuando los muertos son producto del fuego entre autoridades y delincuentes se puede concluir, sin investigación alguna, que las personas que enfrentaron con armas de fuego a la policía o al Ejército eran delincuentes. Pero quienes no cayeron en combate directo con la autoridad, sino que fueron producto de ejecuciones aisladas, corren otro destino.


Cada que aparece un muerto con una cartulina clavada, las autoridades en automático encasillan el caso en alguna variante de ajuste de cuentas entre el crímen organizado y sistemáticamente desechan la investigación. El resultado de esta clasificación “de oficio” en la que los muertos que aparecen con una manta o cartulina son relacionados con el crímen organizado, tiene múltiples efectos, todos negativos para la administración de Justicia y para la sociedad. Analicemos dos.


Primero, cuando el Estado renuncia a iniciar investigaciones por estos homicidios, que de oficio le tocaría, está creando una jurisprudencia ilegal al sentenciar de la misma manera todos los casos de homicidios en los que los cuerpos aparecen con una cartulina . Al mostrar incapacidad, negligencia o ambas en la clarificación de estos delitos, el Estado está dando incentivos a que se cometan homicidios no necesariamente relacionados al crimen organizado y que por sus características, las autoridades declararán como casos cerrados o resueltos al tener el sello de la delincuencia organizada. Bajo esta lógica, podría haber homicidios pasionales, por diferencias personales, por diferencias en negocios y por múltiples motivos que, al incluir una manta o cartulina clavada en la escena del crímen, automáticamente serán catalogados como ajustes entre narcos y listo, al siguiente caso. Esto es tan ridículo como que se desechara la investigación de violaciones, por ejemplo, porque todas incluyen violencia sexual.


El segundo aspecto que quiero analizar en esta ocasión, es el daño que se causa a las víctimas y a las familias de personas que no eran parte del crimen organizado y que han aparecido sin vida con estas consignas. Si un marido celoso asesina a su esposa, la arroja a la carretera y le pone una manta con consignas del narco, la víctima y su familia cargarán con el estigma de que la difunta era una delincuente. Y como suele suceder en este país, cae en el agraviado la responsabilidad de descargar pruebas de inocencia, ante un sistema Judicial que asume culpabilidad de facto en todos nosotros. Algunos pocos han podido limpiar su nombre, como el caso de los estudiantes del Tec, pero bajo las condiciones actuales es, más que probable, un hecho que han fallecido centenas o miles de personas inocentes en deshonra y sin posibilidad alguna de que su memoria sea reivindicada.


Aunado a las marchas pidiendo el cese de la violencia, debería erigirse un monumento a la memoria de quienes han fallecido injustamente y en deshonra en esta coyuntura que, aunque no le guste llamarle así al Presidente Calderón, es una guerra.



pesquera@gmail.com

viernes, 1 de abril de 2011

Max Weber y Las Revoluciones Armadas de Facebook y Twitter


Dicen que algo vuela en el viento que contagia el ánimo de las personas y de los pueblos. Pasó en 1810 cuando los países de las colonia españolas en América se independizaron de la Corona. Luego, en 1848 hubo una serie de revoluciones en Europa de la que sólo se libraron unos pocos países. En 1968 hubo movimientos estudiantiles en Francia, México, Polonia, Estados Unidos y muchos países más.


En ninguno de los casos antes citados existía alguna herramienta de comunicación en tiempo real y masiva que pudiera incitar a tanta gente a realizar esfuerzos coordinados por una causa común. Si acaso en el ‘68 ya había TV, pero era un instrumento muy débil comparado a la televisión de nuestros días.


El malestar y levantamiento en armas de la mayoría de los pueblos árabes del Norte de África y de otros países musulmanes en Medio Oriente sin duda representa un punto de inflexión para la historia de ésos pueblos, un antes y un después del 2011. Habrá que seguir con cuidado su desenlace, pues como decía el político y escritor irlandés Edmund Burke a finales del siglo XVIII, “muchos de estos nuevos comienzos, frecuentemente tienen infames y lamentables conclusiones”.


Casi un siglo después de Burke, el sociólogo alemán Max Weber planteaba tres tesis por las cuales los ciudadanos obedecían a sus gobernantes. La primera era “la autoridad del ayer eterno”, ahora estudiada como prestigio histórico. La segunda era “la autoridad del extraordinario don de la gracia” o el carisma del mandatario. La tercera era “la dominación en virtud de la legalidad” o dicho de otra manera, el orden y la justicia.


En Latinoamérica y en México en particular, somos amantes de la primer tesis de Weber, el prestigio histórico. Somos enfermizamente proclives a ver a un pasado glorioso que para el mundo no existe, y esto no me lo invento yo: los libros de historia dicen que como Nación hemos tenido poca relevancia en prácticamente cualquier contexto, sea militar, artístico, científico o político. No quiero decir que padezcamos de pobreza cultural, pues agraciadamente tenemos una rica cultura y tradiciones, pero en el ámbito internacional no ostentamos ningún logro ni mediano aunque sea, por el cual debamos estar profundamente orgullosos de nuestro “prestigio histórico”. Algunos países que se encuentran actualmente en crisis que sí gozan de ese prestigio histórico son los egipcios, los griegos y los españoles, por citar a algunos.


Pero a pesar de que carecemos de ese linaje histórico internacional, la mayoría de los mexicanos estamos enamorados del pasado. No tengo ninguna encuesta para sustentar mi siguiente afirmación, pero creo que el sentir de la mayoría de los mexicanos es que nuestros mejores días están en el pasado.


Respecto al segundo punto de Weber, “el carisma del mandatario”, en México solíamos ser blandos ante los líderes carismáticos. Las figuras de Juárez, Madero, Cárdenas, y otros tantos más de nuestro pasado, son sagradas en la psique del mexicano. Pero después de Díaz Ordaz, la figura presidencial se ha devaluado y hoy pocos mexicanos vemos, ya no digamos con admiración, sino con un poco de respeto a nuestros presidentes. Ni que hablar de los legisladores, gobernadores y de los partidos políticos en general, que se han vuelto los villanos preferidos del pueblo.


Sobre el orden y la justicia, el último punto de Weber, no hay necesidad de gastar mucha tinta para comentarlo. No somos un estado fallido como maliciosamente se nos quiso etiquetar hace un año, pero sí somos un país en donde reina la impunidad, no la justicia. Aquí el político, lo mismo que el burócrata, el delincuente y el empresario corrupto hacen lo que quieren porque tienen un gran incentivo para delinquir: nadie los investigará y nadie los sentenciará. Las cárceles, como se dice vulgarmente, están llenas de jodidos, no de culpables y para muestra ahí está el documental “Presunto Culpable”.


Nuestros políticos nos toman por títeres electoreros que somos de utilidad cada tres y cada seis años, e ignoran que el sentimiento de frustración e impotencia de la gente es universal, no particular a alguna región o cultura: en estos temas no somos diferentes de los egipcios, sirios, marroquíes y libios. Los partidos políticos, los verdaderos dueños del balón en México, deben entender que en esta época de revoluciones emanadas de Facebook y Twitter no tendrán tiempo para enmendar cuando les explote el cuete en la mano.


Dice la historia que le preguntó Luis XVI a su confidente el Duque de La Rochefoucauld-Liancourt: ¿qué es éste desorden, un motín? Él le respondió: “No, Majestad, es una revolución”. No parecería difícil imaginar que Mubarak hizo la misma pregunta antes de salir. Nuestros políticos ven con lejanía lo que pasa en Medio Oriente y les cuesta entender el gran poder que ha tomado la gente con las redes sociales. ¿No ven la agresividad contra los políticos que usan Twitter? La gente está enojada. Éste es un buen momento para que nuestros gobernantes y políticos reflexionen y se pongan a trabajar para mejorar un país que no puede aguantar ni un minuto más de arrogancia y negligencia. O bien, que pongan sus barbas a remojar, pues las del vecino en Egipto han sido cortadas hace un twit y dos mensajes de texto. Así de cerca estamos de Egipto en estos días.


pesquera@gmail.com

jueves, 24 de marzo de 2011

No saldré a votar porque no están dadas las condiciones


En general, molesta que nos digan que las cosas no se pueden hacer, sobretodo cuando percibimos que la negativa no es resultado de un impedimento físico, legal o técnico, sino simplemente falta de voluntad, pereza o negligencia de la persona que está al otro lado del mostrador o del teléfono.


Los numerosos trámites que tenemos que hacer frente a las autoridades o frente a bancos, Telmex, la empresa del cable, la CFE y otras entidades, parece que están sistemáticamente diseñados para que la persona del mostrador no tenga facultad alguna para resolverlos. Ésa es la misma arquitectura de nuestro actual sistema político monopolizado por los partidos: aquí no se puede hacer nada y no hay nadie que responda ni nadie de arriba que nos pueda solucionar los problemas. Por lo menos cuando hablas a tu compañía celular te dicen que la llamada podría ser grabada por motivos de calidad en el servicio. Nuestros legisladores ni nos ven, ni nos oyen y les vale madre la calidad del servicio que nos dan.


Invito a mis lectores más jóvenes a que busquen en YouTube algún sketch del programa “¿Qué Nos Pasa?” de Héctor Suárez de hace de 25 años, y que busquen al personaje “Tá Difícil”. Descubrirán una joya del humor mexicano y se darán cuenta qué poco ha cambiado el país en cinco lustros.


El domingo pasado Román Revueltas publicó en Milenio una nota titulada “El problema es que la propone Manlio” que hablaba de cómo la propuesta de reforma fiscal de Manlio ha sido boicoteada, sólo porque él la propone. No hay interés en analizarla a fondo, simplemente como la propuso Manlio, hay que desecharla. Y no es que yo esté de acuerdo ni en lo general ni el lo particular con la manera en la que el Senador Beltrones se conduce. El objeto de mi reflexión es hacer notar que si la propuesta la hubiese hecho cualquier otro legislador de talla, de cualquier otro partido, también se hubiera topado con pared. Aquí el nombre del juego de nuestros legisladores es “que no se apruebe nada si no lo propongo yo” y la explicación que siempre salen a dar para justificar su negligencia es “que no estaban dadas las condiciones”.


En otras columnas yo he hablado también sobre la parálisis política que hay en el país porque ningún partido votará a favor de alguna iniciativa relevante propuesta por sus opositores. Esto es especialmente evidente si la iniciativa es tan buena y traerá tantos beneficios a la Nación que quienes la bloquean no pueden ostentar el mérito. Dice Román “No tenemos remedio. La llamada “generación del no” exhibe su indefectible vocación política: oponerse a todo ofreciendo, a cambio, la muy dudosa facultad de no hacer nada. El propósito es que nadie pueda, en este país, colgarse la medalla de haber alcanzado un logro si a dicho provecho no se le puede asignar la propia autoría”.


Y ahora estamos a la vuelta de la esquina de llegar de nueva cuenta a la elección presidencial. La elección en el Estado de México marca el banderazo de salida para las elecciones generales del 2012, y también marca el banderazo para que de nueva cuenta, los políticos se ocupen y preocupen de nosotros, los ciudadanos. Y no es que se preocupen particularmente por nuestras necesidades, sino que se ocuparán especialmente en conseguir nuestro voto.


Me gustaría ver un escenario en el que la Ley Electoral se cambiara para que las elecciones a Presidente de la República y a gobernadores no tuvieran validez si no vota al menos la mitad más uno del total del padrón electoral por un solo candidato, y que se tuvieran que convocar a nuevos comicios hasta que el candidato ganador reuniera ése mínimo de votos. Ahí los ciudadanos tendríamos verdadero poder.


Imagínense a los candidatos que no llegaron al 51% del padrón, rogándonos para que salgamos a votar de nuevo para darles la mayoría. Yo no iría a votar y escribiría en mi blog, en mi muro de Facebook y en Twitter: “hoy no saldré a votar, porque no están dadas las condiciones”. Claro que esto es un sueño. La verdad es que la “generación de no” hace lo que quiere (esto es, no hace nada) y para los partidos y los legisladores no somos nada ni nadie hasta que no se avecina la temporada de elecciones. ¿Cuándo mandaremos los ciudadanos en éste país? Tá difícil.


pesquera@gmail.com