viernes, 1 de abril de 2011

Max Weber y Las Revoluciones Armadas de Facebook y Twitter


Dicen que algo vuela en el viento que contagia el ánimo de las personas y de los pueblos. Pasó en 1810 cuando los países de las colonia españolas en América se independizaron de la Corona. Luego, en 1848 hubo una serie de revoluciones en Europa de la que sólo se libraron unos pocos países. En 1968 hubo movimientos estudiantiles en Francia, México, Polonia, Estados Unidos y muchos países más.


En ninguno de los casos antes citados existía alguna herramienta de comunicación en tiempo real y masiva que pudiera incitar a tanta gente a realizar esfuerzos coordinados por una causa común. Si acaso en el ‘68 ya había TV, pero era un instrumento muy débil comparado a la televisión de nuestros días.


El malestar y levantamiento en armas de la mayoría de los pueblos árabes del Norte de África y de otros países musulmanes en Medio Oriente sin duda representa un punto de inflexión para la historia de ésos pueblos, un antes y un después del 2011. Habrá que seguir con cuidado su desenlace, pues como decía el político y escritor irlandés Edmund Burke a finales del siglo XVIII, “muchos de estos nuevos comienzos, frecuentemente tienen infames y lamentables conclusiones”.


Casi un siglo después de Burke, el sociólogo alemán Max Weber planteaba tres tesis por las cuales los ciudadanos obedecían a sus gobernantes. La primera era “la autoridad del ayer eterno”, ahora estudiada como prestigio histórico. La segunda era “la autoridad del extraordinario don de la gracia” o el carisma del mandatario. La tercera era “la dominación en virtud de la legalidad” o dicho de otra manera, el orden y la justicia.


En Latinoamérica y en México en particular, somos amantes de la primer tesis de Weber, el prestigio histórico. Somos enfermizamente proclives a ver a un pasado glorioso que para el mundo no existe, y esto no me lo invento yo: los libros de historia dicen que como Nación hemos tenido poca relevancia en prácticamente cualquier contexto, sea militar, artístico, científico o político. No quiero decir que padezcamos de pobreza cultural, pues agraciadamente tenemos una rica cultura y tradiciones, pero en el ámbito internacional no ostentamos ningún logro ni mediano aunque sea, por el cual debamos estar profundamente orgullosos de nuestro “prestigio histórico”. Algunos países que se encuentran actualmente en crisis que sí gozan de ese prestigio histórico son los egipcios, los griegos y los españoles, por citar a algunos.


Pero a pesar de que carecemos de ese linaje histórico internacional, la mayoría de los mexicanos estamos enamorados del pasado. No tengo ninguna encuesta para sustentar mi siguiente afirmación, pero creo que el sentir de la mayoría de los mexicanos es que nuestros mejores días están en el pasado.


Respecto al segundo punto de Weber, “el carisma del mandatario”, en México solíamos ser blandos ante los líderes carismáticos. Las figuras de Juárez, Madero, Cárdenas, y otros tantos más de nuestro pasado, son sagradas en la psique del mexicano. Pero después de Díaz Ordaz, la figura presidencial se ha devaluado y hoy pocos mexicanos vemos, ya no digamos con admiración, sino con un poco de respeto a nuestros presidentes. Ni que hablar de los legisladores, gobernadores y de los partidos políticos en general, que se han vuelto los villanos preferidos del pueblo.


Sobre el orden y la justicia, el último punto de Weber, no hay necesidad de gastar mucha tinta para comentarlo. No somos un estado fallido como maliciosamente se nos quiso etiquetar hace un año, pero sí somos un país en donde reina la impunidad, no la justicia. Aquí el político, lo mismo que el burócrata, el delincuente y el empresario corrupto hacen lo que quieren porque tienen un gran incentivo para delinquir: nadie los investigará y nadie los sentenciará. Las cárceles, como se dice vulgarmente, están llenas de jodidos, no de culpables y para muestra ahí está el documental “Presunto Culpable”.


Nuestros políticos nos toman por títeres electoreros que somos de utilidad cada tres y cada seis años, e ignoran que el sentimiento de frustración e impotencia de la gente es universal, no particular a alguna región o cultura: en estos temas no somos diferentes de los egipcios, sirios, marroquíes y libios. Los partidos políticos, los verdaderos dueños del balón en México, deben entender que en esta época de revoluciones emanadas de Facebook y Twitter no tendrán tiempo para enmendar cuando les explote el cuete en la mano.


Dice la historia que le preguntó Luis XVI a su confidente el Duque de La Rochefoucauld-Liancourt: ¿qué es éste desorden, un motín? Él le respondió: “No, Majestad, es una revolución”. No parecería difícil imaginar que Mubarak hizo la misma pregunta antes de salir. Nuestros políticos ven con lejanía lo que pasa en Medio Oriente y les cuesta entender el gran poder que ha tomado la gente con las redes sociales. ¿No ven la agresividad contra los políticos que usan Twitter? La gente está enojada. Éste es un buen momento para que nuestros gobernantes y políticos reflexionen y se pongan a trabajar para mejorar un país que no puede aguantar ni un minuto más de arrogancia y negligencia. O bien, que pongan sus barbas a remojar, pues las del vecino en Egipto han sido cortadas hace un twit y dos mensajes de texto. Así de cerca estamos de Egipto en estos días.


pesquera@gmail.com

jueves, 24 de marzo de 2011

No saldré a votar porque no están dadas las condiciones


En general, molesta que nos digan que las cosas no se pueden hacer, sobretodo cuando percibimos que la negativa no es resultado de un impedimento físico, legal o técnico, sino simplemente falta de voluntad, pereza o negligencia de la persona que está al otro lado del mostrador o del teléfono.


Los numerosos trámites que tenemos que hacer frente a las autoridades o frente a bancos, Telmex, la empresa del cable, la CFE y otras entidades, parece que están sistemáticamente diseñados para que la persona del mostrador no tenga facultad alguna para resolverlos. Ésa es la misma arquitectura de nuestro actual sistema político monopolizado por los partidos: aquí no se puede hacer nada y no hay nadie que responda ni nadie de arriba que nos pueda solucionar los problemas. Por lo menos cuando hablas a tu compañía celular te dicen que la llamada podría ser grabada por motivos de calidad en el servicio. Nuestros legisladores ni nos ven, ni nos oyen y les vale madre la calidad del servicio que nos dan.


Invito a mis lectores más jóvenes a que busquen en YouTube algún sketch del programa “¿Qué Nos Pasa?” de Héctor Suárez de hace de 25 años, y que busquen al personaje “Tá Difícil”. Descubrirán una joya del humor mexicano y se darán cuenta qué poco ha cambiado el país en cinco lustros.


El domingo pasado Román Revueltas publicó en Milenio una nota titulada “El problema es que la propone Manlio” que hablaba de cómo la propuesta de reforma fiscal de Manlio ha sido boicoteada, sólo porque él la propone. No hay interés en analizarla a fondo, simplemente como la propuso Manlio, hay que desecharla. Y no es que yo esté de acuerdo ni en lo general ni el lo particular con la manera en la que el Senador Beltrones se conduce. El objeto de mi reflexión es hacer notar que si la propuesta la hubiese hecho cualquier otro legislador de talla, de cualquier otro partido, también se hubiera topado con pared. Aquí el nombre del juego de nuestros legisladores es “que no se apruebe nada si no lo propongo yo” y la explicación que siempre salen a dar para justificar su negligencia es “que no estaban dadas las condiciones”.


En otras columnas yo he hablado también sobre la parálisis política que hay en el país porque ningún partido votará a favor de alguna iniciativa relevante propuesta por sus opositores. Esto es especialmente evidente si la iniciativa es tan buena y traerá tantos beneficios a la Nación que quienes la bloquean no pueden ostentar el mérito. Dice Román “No tenemos remedio. La llamada “generación del no” exhibe su indefectible vocación política: oponerse a todo ofreciendo, a cambio, la muy dudosa facultad de no hacer nada. El propósito es que nadie pueda, en este país, colgarse la medalla de haber alcanzado un logro si a dicho provecho no se le puede asignar la propia autoría”.


Y ahora estamos a la vuelta de la esquina de llegar de nueva cuenta a la elección presidencial. La elección en el Estado de México marca el banderazo de salida para las elecciones generales del 2012, y también marca el banderazo para que de nueva cuenta, los políticos se ocupen y preocupen de nosotros, los ciudadanos. Y no es que se preocupen particularmente por nuestras necesidades, sino que se ocuparán especialmente en conseguir nuestro voto.


Me gustaría ver un escenario en el que la Ley Electoral se cambiara para que las elecciones a Presidente de la República y a gobernadores no tuvieran validez si no vota al menos la mitad más uno del total del padrón electoral por un solo candidato, y que se tuvieran que convocar a nuevos comicios hasta que el candidato ganador reuniera ése mínimo de votos. Ahí los ciudadanos tendríamos verdadero poder.


Imagínense a los candidatos que no llegaron al 51% del padrón, rogándonos para que salgamos a votar de nuevo para darles la mayoría. Yo no iría a votar y escribiría en mi blog, en mi muro de Facebook y en Twitter: “hoy no saldré a votar, porque no están dadas las condiciones”. Claro que esto es un sueño. La verdad es que la “generación de no” hace lo que quiere (esto es, no hace nada) y para los partidos y los legisladores no somos nada ni nadie hasta que no se avecina la temporada de elecciones. ¿Cuándo mandaremos los ciudadanos en éste país? Tá difícil.


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viernes, 18 de marzo de 2011

Soberanía en el papel


Meses después de la toma de protesta de Barack Obama, el famosísimo Air Force One, escoltado por un F-18, sobrevoló a baja altura y velocidad el sur de Manhattan para que se pudiera tomar una foto del avión presidencial con la Estatua de la Libertad como fondo. El recuerdo de los atentados del 11 de Septiembre volvió a las mentes de los neoyorquinos y de sus vecinos en New Jersey, quienes en pánico salieron de edificios de oficinas y residenciales, esperando lo peor. Unos días después despidieron a Louis Caldero, el burócrata de medio pelo que orquestó la costosísima foto, y el gobierno fue objeto de la ira pública y de la burla del programa semanal Saturday Night Live.


El comediante Seth Meyers sugirió a la Casa Blanca que usaran PhotoShop para la foto oficial del famoso avión y continuó la mofa mostrando al Air Force One en graciosos montajes fotográficos volando sobre las pirámides de Egipto, y en diferentes lugares, incluso, en una de ellas volando con el transbordador espacial al lado.


Aquí en México hay un escándalo tremendo por la revelación de que vuelos no tripulados de aviones del gobierno de Estados Unidos, realizan tareas de vigilancia e inteligencia en el territorio mexicano. “Han violado nuestra soberanía”, dicen enrollados en la bandera tanto legisladores de todos los partidos, como comentaristas del famosísimo circulo rojo.


Así como Seth Meyers le recordó a la Casa Blanca que había PhotoShop, yo les recuerdo que hay desde hace más de medio siglo unos artilugios que se llaman satélites artificiales que recorren órbitas predeterminadas por encima de la atmósfera terrestre. Gracias a ellos hay telecomunicaciones, Internet y Google Earth.


Los países con la tecnología militar más sofisticada, incluyendo a Estados Unidos, Israel, China, Reino Unido y Francia, por mencionar algunos, tienen satélites que pueden leer las placas de un coche y seguir movimientos en tiempo real de personas y vehículos. A nadie parece molestarle que éstos satélites puedan inmiscuirse en tareas de espionaje e inteligencia, ya no digamos sobre México, sino sobre cualquier parte del mundo. Es un hecho que está ahí y punto.


Aparte del agravio y ofensa que estos aviones invisibles han impuesto a la Nación, quiero hacerles algunos apuntes sobre soberanía, no constitucional, sino factual.


La única soberanía de la que podemos estar ciertos, es la que pintan esas líneas punteadas en los mapas que delimitan nuestras fronteras con otros países. Por lo demás, estamos a expensas de lo que pasa en un mundo interdependiente e interconectado.


Algunos ejemplos: padecemos una guerra en nuestro territorio por el deseo de Estados Unidos de consumir drogas y por la producción de la misma que hay en Colombia. La crisis financiera global iniciada en Estados Unidos afectó al empleo y a la producción en México. Las guerras y conflictos en Medio Oriente moldean el precio del petróleo afectando el flujo de caja de nuestro país. La eficiencia y competitividad de los países asiáticos acabará inexorablemente con millones de empleos de manufactura en México, Europa y Estados Unidos. El tipo de cambio de la moneda China es uno de los principales enemigos de los exportadores de México y el mundo entero. El desarrollo de las redes sociales y su efecto en la política internacional es un fenómeno que aún no acabamos de comprender, pero en lo que va del año ya hemos visto caer a varios gobiernos como resultado de la proliferación de estas herramientas de comunicación al alcance de todo el mundo. Sólo una fracción del sistema financiero mexicano está en manos de mexicanos y estamos viendo como cada vez con mayor frecuencia gente preparada en las mejores universidades se mueve a los lugares en los que encuentra las oportunidades laborales más redituables, lo que ha generado un éxodo de mexicanos altamente calificadas a esos destinos que premian sus habilidades y conocimientos.


A mí en lo personal no me afecta que aviones gringos sobrevuelen México buscando narcos, ni que los agentes de la DEA en el país traigan pistola, ni que trescientos satélites tomen fotos de mi casa desde el espacio. Yo lo que quiero es que mis legisladores -que le cuestan una fortuna al país- aprueben leyes que me den más oportunidades de negocios, no que las obstaculicen, que pasen leyes que generen más empleos, que permitan que el mercado laboral sea más flexible, que hagan que todo el mundo pague impuestos parejo, que mejoren la educación de nuestros niños y jóvenes, que me den seguridad física y jurídica y que hagan de México un país más competitivo. Eso, en mi opinión, es proteger la soberanía. Lo demás son cuentos y demagogia de gente torpe que ignora que la líneas sobre los mapas se están desvaneciendo día a día.


pesquera@gmail.com

jueves, 10 de marzo de 2011

El Presidente propone, el partido dispone

Algunos dicen que los medios sacaron de contexto lo que dijo el Presidente Calderón respecto a la posibilidad de que el PAN acepte candidatos ciudadanos para las próximas elecciones de 2011 y 2012. Pronto salió la gente del partido a decir –o corregir- que lo que Calderón quiso decir es que para las diputaciones, alcaldías y otros puestos (aparentemente de menor monta que la candidatura a la Presidencia de La República) el partido debería aceptar a los mejores candidatos, aunque no fueran del PAN. El tono de las aclaraciones fue subiendo hasta que finalmente el PAN ya dijo categóricamente que no quiere y no necesita candidatos ciudadanos, que tienen harta gente de primera y que con ellos tienen para todos.

Por su parte el PRI no sólo no ha abierto el debate a los candidatos ciudadanos, sino que quiere poner más candados para que única y exclusivamente las personas afiliadas a los partidos puedan acceder a puestos de elección popular. Del PRD hay poco que decir. Vamos, ellos no se pueden poner de acuerdo ni siquiera para que miembros de su propio partido vayan con apoyo unánime a las diversas elecciones de los siguientes meses.

Yo he apuntado en otras ocasiones que -como decía Ortega y Gasset refiriéndose a España- la política mexicana es notable por la ausencia de los mejores. Y entre muchos otros, hay dos factores que se suman para la actual decadencia política que reina en nuestro país. Primero, “los mejores” no quieren arremangarse la camisa y meterse al cochinero de la política, y prefieren dejar esos espacios libres a muchos mediocres y vividores de la grilla. La segunda, que refuerza a la primera – o si acaso es un disuasivo para que “los mejores” no se involucren en la política- es que los partidos no quieren a los mejores. Los partidos son auténticas cofradías que poseen las llaves maestras para todo lo que pasa o deja de pasar en México. Sea nombramientos de funcionarios y candidatos a legisladores y a todos los puestos de elección, así como la aprobación o no de reformas vitales para el país, los partidos son los dueños de la pelota y de la cancha. ¿Por qué deberíamos de pensar que un buen día, de la nada y de buena voluntad, los partidos se abrirán a la posibilidad de candidatos independientes? La mera idea es ridícula e ingenua.

El movimiento para que se dé éste logro -que puede parecer pequeño, pero que abonaría de manera indiscutible a la consolidación de la democracia mexicana- tiene que salir de los ciudadanos. Si la academia, empresarios, intelectuales y organizaciones de la sociedad civil no ponemos este tema sobre la mesa y empujamos para que suceda pronto, se irá quedando en el cajón de los buenos deseos de los políticos mexicanos, como ha sido el caso de la reforma energética, laboral, de telecomunicaciones y otras decenas más, que no se han aprobado en el Congreso porque no “se han dado las condiciones” para aprobarlas. “Las condiciones” para ellos son cálculos definidos en términos electorales y en posiciones políticas que les benefician o perjudican a ellos, solamente a ellos, no a la Nación.

Por lo pronto da risa y tristeza ver como la frase de la toma de posesión de Vicente Fox que decía “el Presidente propone y el Congreso dispone” ha degenerado en un lamentable “el Presidente propone, y el partido dispone”. Creo que queda muy claro quiénes mandan en este país.

pesquera@gmail.com

jueves, 24 de febrero de 2011

Seguridad Privada: lo que pueden hacer y lo que no


Hace dos años Joaquín López Dóriga narraba en su programa de radio que al entrar a la zona de revisión de seguridad del aeropuerto de la Ciudad de México, se encontró con que la persona de la compañía de seguridad privada que estaba en el punto de revisión, estaba actuando de forma altanera y excediéndose en el trato hacia los pasajeros. Joaquín mostró su inconformidad por el trato que recibió de la señorita de seguridad, quien le respondió “yo soy la autoridá”, a lo que Joaquín respondió “no, usted no es la autoridad, él es la autoridad” señalando a un agente de la Policía Federal que estaba frente a ellos.


El domingo pasado se publicó una nota en un periódico local de la ciudad de León en la que se narraba que los colonos de los fraccionamientos de la zona norte de la ciudad, la más pudiente, estaban invirtiendo en sistemas de video vigilancia y de seguridad para poder prescindir de la Policía Municipal, y ellos mismos hacerse cargo de la seguridad de sus fraccionamientos con cuerpos de seguridad privada.


Yo celebro que quienes puedan reforzar su seguridad, lo hagan, de hecho es una tendencia creciente que los individuos y empresas compren cámaras de seguridad y sistemas que desalienten a los criminales a cometer delitos.


Pero querer prescindir de la fuerza pública es otro asunto y es, en mi opinión, un juego muy riesgoso. Vayamos por partes. Hay servicios que nos ofrece el Estado de los que podemos prescindir si es que nuestros medios nos lo permiten, como el caso de la salud y la educación. También podemos reforzar nuestra seguridad personal y la de las personas que nos rodean, mediante empresas de seguridad que las autoridades han aprobado. El asunto con los cuerpos de seguridad privados, así como con las escuelas y hospitales, es que hay unos muy buenos, otros buenos, otros regulares y otros tantos que son malos y muy malos.


Los cuerpos de seguridad “muy buenos”, son esos que conocen sobre los criterios de uso de la fuerza y han tenido entrenamiento táctico, de tiro con armas cortas, largas y no letales, manejo de situaciones con rehenes, manejan sistemas de comunicación avanzados, y tienen equipos de defensa y de soporte muy sofisticados. También tienen un entrenamiento físico supervisado por un preparador físico profesional, y sobretodo, tienen elementos con buenos sueldos.


Ninguno de los cuerpos de seguridad de ningún fraccionamiento de la ciudad es ni remotamente muy bueno. Los elementos de todos los fraccionamientos de la ciudad son gente que están arriesgando el pellejo porque no han tenido otra opción laboral. Reciben una “embarradita” de entrenamiento y reciben sueldos de vergüenza. De hecho, la ecuación riesgo-ingreso es tan desproporcional que los cuerpos de seguridad –o que dicen serlo- tienen una rotación de empleados altísima. No es raro ver a un guardia en la noche en un fraccionamiento y por la mañana verlo en una escuela. Sus funciones son fundamentalmente de porteros y veladores. Tampoco se les hacen pruebas de confianza a éstos elementos (toxicológica, poligráfica, psicofísica, psicológica y socio-económica), pues son muy caras, así que en la mayoría de los casos estamos confiando nuestros patrimonios a gente que tal vez no sea de confiar.


Cuando se hace un análisis de riesgo en su nivel más básico se tienen que contemplar varios escenarios. La preparación para responder a las posibles amenazas se hace en base a los recursos disponibles, tanto humanos (cuántos elementos y qué tipo de entrenamiento tienen) como físicos (equipo y armas disponibles). Esto determinará qué tipo de agresión o amenaza podremos responder con esos recursos y cuáles no. Con lo recursos que tienen los fraccionamientos, la única amenaza a la que podrían responder por sí mismos es tal vez a la de robo a casa habitación y vandalismo dentro de sus linderos.


La pregunta más importante que yo planteo es la siguiente, ¿para qué amenaza se están preparando los fraccionamiento del norte de la ciudad y qué recursos tienen para mitigarlas? El querer prescindir de la fuerza pública requiere más de un millón y medio de pesos en cámaras y monitores. En un escenario extremo, ¿qué pasará el día que 10 Suburbans llenas de delincuentes quieran entrar a la fuerza a Balcones del Campestre o cualquier otro fraccionamiento? ¿Los guardias de seguridad privada les impedirán el acceso, los perseguirán y repelerán la agresión sin llamar a la Policía?


La sola idea de prescindir de la fuerza pública es un planteamiento erróneo de origen, por no decir ridículo. Que hay fallas y decenas de cosas que mejorar en nuestras corporaciones policiacas es cierto, incluso en algunos municipios del país se ha despedido a toda la fuerza pública de un solo golpe para contratar a agentes nuevos. Aunque la Policía de León no es un convento sin duda, estamos muy lejos de tener una policía totalmente corrupta e infiltrada por el crimen.


Podemos reforzar la seguridad alrededor de nuestras personas y propiedades, pero los colonos que viven en esos fraccionamientos que quieren prescindir de la Policía Municipal, deben saber que emprender un proyecto de esa envergadura requerirá enormes aportaciones extraordinarias al pago del mantenimiento mensual, que muchas familias con trabajo pagan a tiempo.


¿Por qué en lugar de querer prescindir de la Policía no se trabaja con ella y se le exponen puntos de vista e inconformidades para que se mejore el servicio? En asuntos como éste, es en los que la sociedad y las autoridades debemos de trabajar de la mano, no jalando cada quien para su lado.


pesquera@gmail.com

jueves, 17 de febrero de 2011

Dos Lobos y un Economista


En la mitología de los indios nativos americanos, que está llena de fábulas y simbolismos, hay una historia que quiero compartir y reflexionar.


Cuenta la historia que un atardecer, el viejo abuelo Cherokee le habla a su nieto sobre la batalla interior que hay en todas las personas. Le dice, “hijo, adentro de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno es malo. Es el coraje, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el falso orgullo, el sentido de superioridad y el ego. El otro lobo es bueno. Es el amor, la esperanza, la paz, la serenidad, la humildad, la gentileza, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe.” Después de pensar un minuto el nieto pregunta a su abuelo: ¿Y cuál de los dos lobos gana al final?” El viejo abuelo Cherokee responde: “el que tú alimentes”.


Esta semana ha estado marcada –nuevamente- por niveles de violencia que parecen superar las atrocidades de la semana anterior, y que aparentemente palidecerán frente a las noticias de la semana entrante. Aún no hemos llegado al punto de dejar de sorprendernos por la perversidad que se vive en el país, y las historias de horror que escuchamos del norte del país parecen estar cada día más cerca de todos en todo el territorio nacional. El miedo generalizado reina, ya no en el subconsciente, sino en la parte más superficial del colectivo nacional.


Cuando una sociedad en su conjunto se llena de resentimiento, de odio, de miedo y de impotencia, el pronóstico es desalentador: paranoia en aumento, gente haciéndose justicia por sus propias manos, armándose ilegalmente, y tomando lo que se le antoja a cada quien. Y como en todo círculo vicioso, la violencia, genera más violencia y el crimen parece estar en una ola ascendente.


Existen teorías económicas sobre la participación de la gente en actividades delictivas. Como destaca el economista Gary Becker, las personas deben optar por asignar su tiempo entre trabajar en el mercado laboral legal o el de actividades delictivas, de tal forma que maximicen su utilidad. Tras evaluar y superar el riesgo de ser descubiertos, sancionados, el tamaño de la pena, el estigma social o cualquier malestar moral asociado con la participación en el crimen, aquellas personas que reciban mayores ingresos procedentes de actividades delictivas que de actividades legales, elegirán la participación en el crimen.


En este modelo, el crimen aumentará en la medida en que el salario formal-legal de una persona sea más bajo respecto a las ganancias asociadas a incursionar en el crimen organizado. El crimen disminuirá si el riesgo de ser aprehendido y sancionado aumenta. La evidencia disponible sugiere que los individuos son más propensos a cometer delitos contra la propiedad si tienen salarios bajos o poca educación. Pero la ocurrencia de crímenes violentos, incluyendo asesinatos, no está típicamente relacionada a las oportunidades económicas de quienes los cometen. Hay también un componente de maldad.


Bajo la lógica de este modelo económico –discutible en algunas áreas y que no incluye consderaciones éticas- parece que en México estamos alimentando al lobo malo: los criminales hacen un cálculo muy sencillo sobre las casi nulas posibilidades de ser aprehendidos y castigados, mientras la sociedad civil por su parte, ve la debilidad del Estado y está optando cada vez con más frecuencia y con sus limitados recursos, por hacerse justicia por propia mano, entrando en una destructiva y autojustificada dinámica de “maldad por defensa propia”. Basta ver los comentarios al pie de todos los periódicos por internet y los posts en Twitter de miles de personas frustradas y furiosas que encuentran desahogo en esos medios. Como dicen Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, México está deprimido.


La única manera de contrarrestar esta fuerza negativa, es imponiendo otra igualmente fuerte pero que actúe en sentido opuesto a la que hoy tenemos. Si tan sólo pudieramos ser más amables con quienes nos rodean, más honestos en lo que hacemos y buscáramos soluciones y propuestas, en lugar de señalar perpetuamente a los políticos y delincuentes como culpables de la debacle nacional, comenzaríamos sin duda a darle de comer un poco al lobo bueno y cambiaríamos el ánimo de nuestro país y de su gente.


pesquera@gmail.com

jueves, 10 de febrero de 2011

Westphal y Napolitano: leer entre líneas.

Pues parece que durante los últimos 10 días todo el país estuvo profundamente ofendido por los comentarios racistas y de mal gusto de los cómico-conductores de Top Gear sobre los mexicanos. Yo llegué a pensar que algunos tuiteros y cyberhooligans estarían próximos a embarcarse en el buque “Zapoteco” para ir a invadir al Reino Unido. Gracias a Dios no llegó a mayores…

Claro que el furor y el odio fueron alimentados por los medios que no pierden una oportunidad para pintar de amarillo periódicos, radios, televisores y ahora, computadoras e Ipads.

Lo que es una pena es que las verdaderas noticias, ésas que sí deberían importarnos, nos pasan por enfrente y nadie las analiza con atención. A principios de la semana en curso se difundió la nota en algunos medios impresos y electrónicos en la que el Subsecretario de la Defensa de Estados Unidos Joseph Westphal, un oficial en activo, parte del gabinete del presidente Obama, comentó en una universidad de aquel país –palabras más, palabras menos- que definitivamente lo que vive México es una narco-insurgencia, que los narcos podrían tomar el control del país, y que Estados Unidos tiene ya valorado que sus soldados podrían pelear contra los narcos, si fuera necesario, incluso en suelo mexicano.

¿Qué tal? ¿Y dónde quedó el coraje, valentía y honor que hace una semana inundó a los mexicanos porque los tres pelagatos de Top Gear nos dijeron flojos, apestosos y pedorros? No lo sé, pero a mi juicio ésta declaración hubiese merecido una respuesta por parte de la opinión pública al menos del mismo nivel que la que desató el programa de la BBC.

Contrario a los conductores del programa inglés, Westphal sí salió a disculparse públicamente y como siempre ocurre en estos casos, dijo que no quería decir lo que dijo.

Y para no cambiar la tónica de los mensajes que no tienen nada de inocentes, aislados ni poco calculados, la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Janet Napolitano, dijo el miércoles 9 de Febrero que su país ya tiene contemplado un plan de acción en caso de que los cárteles mexicanos de la droga se aliaran con Al Qaeda.

Pensemos un poco. Si el enemigo público número uno de Estados Unidos es Al Qaeda, y los gringos ya invadieron dos países para combatir a estos terroristas, ¿qué posible plan no bélico podrían tener en la mesa para combatir una hipotética alianza entre Zetas, Cártel del Golfo, la Familia, del Milenio, del Golfo, de Juárez o cualquier combinación de éstos, con Al Qaeda?

La visita de Hillary Clinton y de su subsecretario James Steinberg en enero, sumadas a las declaraciones de éstos dos oficiales de altísimo nivel nos quieren decir, de manera muy clara, que los gringos ya están preocupados por su patio trasero, o delantero, como lo quieran ver.

Pero aquí parece que no pasa nada, la mayor cobertura en México estos días se la han llevado el pelagatos de Noroña, el despido de Carmen Aristegui, y la resaca mediática de Kalimba y Top Gear.

Así de raros o negligentes somos: lo banal nos exacerba, lo importante, nos vale. A lo mejor el día que amanezca el U.S.S. Nimitz en las costas de Veracruz nos da por interesarnos en el tema. Mientras tanto yo seguiré viendo los coches de mis sueños en Top Gear.

pesquera@gmail.com