martes, 13 de diciembre de 2011

Ludopatía: ¿quién pagará la cuenta?


Sobre 1867, Fyodor Dostoyevsky escribió una novela corta titulada “El Jugador”. La novela autobiográfica de Dostoyevsky, quien era ludópata, narra la historia de Alexei Ivanovich, adicto al juego, y de Polina Alexandrovna, también adicta al juego y quien era la mujer a la que Alexei amaba sin ser correspondido. La novela tiene varias adaptaciones al cine, siendo la más importante “El Gran Pecador” con Gregory Peck y Ava Gardner del año 1949. Una de las conclusiones que arroja la novela sobre la adicción al juego, es una verdadera paradoja: el último y máximo placer del jugador no es ganar, sino seguir jugando.


Y parece que es una tontería, pero no lo es. El jugador adicto premia la continuidad del juego, sobre las ganancias que emanan de éste, esto es, prefiere seguir jugando ininterrumpidamente que ganar y pararse de la mesa. Frederic Skinner, publicó en 1938 su trabajo sobre el “condicionamiento operante o instrumental” que ha sido aplicado para explicar en parte la adicción al juego. Las adicciones tienen un componente de recompensa, esto es, el adicto busca una actividad o substancia que le genere placer o satisfacción. La ausencia de recompensas y/o sus efectos, generan vacíos que hacen que el adicto vuelva a buscar la actividad o substancia que da placer, generando un circulo vicioso. Así vemos que el adicto al peligro busca actividades que hagan que su cuerpo secrete adrenalina, el adicto a las drogas busca ese “high” que le dan los narcóticos, y lo mismo en otras adicciones.


El problema de quienes padecen las adicciones es que cuando terminan de recibir la recompensa deseada y su efecto se extingue, se comienza a generar el deseo por la siguiente recompensa. Cuando el adicto al tabaco apaga un cigarrillo, comienza el deseo por encender el siguiente, o cuando un adicto a la velocidad tiene un accidente, apenas está saliendo del hospital cuando ya pidió otra moto u otro coche deportivo.


En el juego pasa lo mismo, la recompensa no es ganar, sino la emoción e intriga de lo incierto del juego y de las inmensas probabilidades que trae cada evento, esto es, lo que va a pasar cuando se detenga la ruleta, cuando todos abran sus cartas, cuando el primer caballo llegue a la meta o cuando terminen de rodar los dados. Pero la gran amenaza de nuestros días no son los grandes y glamourosos juegos de naipes y dados, ni la ruleta ni los caballos, el enemigo se llama máquina tragamonedas.


Con las máquinas tragamonedas modernas, el apostador no necesita que el croupier gire la ruleta o reparta cartas, o que comience el juego de futbol o la pelea de box para apostar, pues el jugador mismo acciona la apuesta. De hecho, las máquinas tragamonedas modernas son tan rápidas, que el apostador puede hacer una jugada/apuesta cada 2 ó 3 segundos, que es el tiempo que le toma apretar el botón de nuevo una vez concluida la jugada anterior. Las máquinas tragamonedas modernas se están volviendo hoy el juego más adictivo de todos los que hay en el planeta.


Según la periodista Lesley Stahl, en Estados Unidos hay 850,000 máquinas tragamonedas, esto es, el doble de todos los cajeros automáticos de aquel país. Según Stahl, el pueblo americano gasta más dinero cada año en estas perversas maquinitas que en la suma de entradas al cine, a todos los juegos de la temporada de baseball y visitas a parques temáticos.


Con 38 estados en Estados Unidos que han aprobado la instalación de casinos y de máquinas tragamonedas, se ha abierto el debate sobre los costos y beneficios asociados a la operación de estas casas de juego a lo largo y ancho de aquel país. Los políticos buscan ingresos fiscales extraordinarios, que les eviten hacer más recortes a sus burocracias, escuelas y a programas de “beneficio social”. El caso más sonado en los últimos años fue el de Pensilvania, en el que el exgobernador Ed Rendell puso a legisladores de ambos partidos contra la pared diciendo que si no se autorizaba la entrada de casinos en el estado, se vería obligado a hacer despidos masivos de empleados del gobierno.


Rendell decía que el apostador empedernido igual iría a dejar su quincena a Atlantic City o a Delaware, y que lo único que buscaba esta medida era que el dinero de estos jugadores se quedara en su estado, en lugar de irlo a dejar a otro. La trivialización del gobernador y la polémica que generó éste asunto, más los problemas de ludopatía en aumento, costó la gubernatura a los demócratas, quienes entregaron el poder al republicano Tom Corbett el pasado 18 de Enero de este 2011.


Parte del problema es que el segmento más afectado por las máquinas tragamonedas es el de la clase media-baja, pues ellos no tienen dinero para sentarse en una mesa de Black-Jack que cuesta 20 dólares cada mano. En cambio, las máquinas tragamonedas les dan la oportunidad de hacer apuestas de un centavo, lo que hace atractivo el juego para el segmento de la población con el ingreso más bajo. La adictividad del juego, alimentada por el premio de una “dosis” cada 3 segundos que aprietan el botón, hace a esta parte de la población la más vulnerable para acabar con su sueldo, ahorros y patrimonio en unos pocos meses o años.


En España, por ejemplo, el 5% de la población padece ludopatía en algún nivel y el 31% de estos adictos son mujeres. Éste número podría ser mayor si consideramos a la gente que la padece y no lo sabe, o que no se le ha diagnosticado clínicamente aún. Sin embargo, en España existen mecanismos de rehabilitación y de disuasión del juego. Una familia puede ir con un juez y después de comprobar la adicción al juego del padre o de la madre, éste puede mandar una orden para que se niegue la entrada de la persona en cuestión a los casinos, que comparten una base de datos de ludópatas diagnosticados. Pensarán muchos que el ludópata no necesita un casino para apostar, y tienen razón, pero la cercanía y facilidad para entrar a estos lugares, son fuertes detonadores del mal para quienes padecen esta enfermedad. Ponerle cerca un casino a un apostador es, como diríamos vulgarmente, hacerle cosquillas al niño que ya es risueño.


En México también hay un auge de casinos que ofrecen máquinas tragamonedas como principal atracción. No hay día y hora que pasemos afuera de uno de estos tugurios en los que no se vea el estacionamiento a tope, con coches desde un Tsuru 93, hasta una Sienna 2012. Parece que el casino ha sido en México el gran ecualizador: es el lugar donde se sientan pobres y ricos a perder el tiempo y el dinero, pues créanme, pase lo que pase, en el corto y en el largo plazo, el casino ganará.


No hay a la fecha un número exacto de ludópatas en México. Algunas cifras no oficiales estiman que el 2% de la población la padece, pero lo que es cierto y evidente es que la cifra está creciendo. Carlos del Moral, director del Centro de Atención de Ludopatía y Crecimiento Integral, una ONG en México D.F., dice que por cada enfermo hay diez personas más afectadas directa o indirectamente por el juego. Con la apertura de más y más casinos, se está facilitando el acceso de muchos jugadores regulares a estas maquinitas, pero sobretodo, se está abriendo la oportunidad para que personas que nunca en su vida habían tocado una de ellas, lo hagan y caigan en esta terrible adicción.


El problema se comienza a percibir cuando la vecina –pues esto nunca pasa en la casa propia- gastó el dinero del súper en las maquinitas, olvidó a los niños hasta las 4 en la escuela por estar jugando o empeñó aquel anillito de la abuela que era tan preciado para la familia. Cuando éstos síntomas se comienzan a manifestar, tenemos a una vecina ludópata.


En la parte de tratamiento de éste mal, hay que decir que desde 1992 la Organización Mundial de la Salud reconoció a la ludopatía como una enfermedad, pero apenas en Octubre de éste 2011, el Senado de la República sugirió la creación de un Consejo Consultivo bajo la responsabilidad de la Secretaría de Salud para tratar la ludopatía. La Secretaría de Salud de Nuevo León recién conformó el “Comité de Atención a las Adicciones Naturales” en el que se planea dar atención a los adictos al juego. Sin embargo, no hay hoy en ninguna clínica del gobierno algún especialista para tratar adicciones al juego. Existe en el DF un “Jugadores Compulsivos Anónimos” y el mismo Centro de Atención de Ludopatía y Crecimiento Integral, que apoyan a quienes padecen esta enfermedad y a sus familias. Si buscamos en Google en cada una de nuestras ciudades centros de atención o apoyo a quienes padecen adicción al juego, salen como resultado páginas o ligas misteriosas que no parecen de fiar.


La conclusión es que se están abriendo más casinos que centros de tratamiento y rehabilitación de ludópatas. Si el gobierno da licencias y permisos para que se abran casinos a diestra y siniestra, debería estar obligado también a exigir un porcentaje de las ganancias –enormes por cierto- de estos tugurios para el tratamiento de las adicciones de quienes caen en las garras del juego. El cobro de este impuesto no sería nada nuevo. Es lo mismo que pasa con el tabaco: se le cobran impuestos excesivos al fumador para que el Estado pueda pagar los tratamientos de enfisema que posiblemente tendrá en el futuro.


Como agravante hay que decir que al no tener el estigma de las drogas, el juego no es mal visto por un gran segmento de la población, que no se entera que los casinos están ahí y les da lo mismo si abren uno más o no. Ahora resulta que el prestigiado Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), otorgó a Grupo Caliente –el de las apuestas deportivas- la distinción de Empresa Socialmente Responsable (ESR). Esto habla del desinterés e ignorancia que hay en la clase empresarial respecto al daño que hacen los casinos y centros de apuestas a sus comunidades. Si tuvieran un poco de dignidad y congruencia, empresas de la talla de Deloitte, Bimbo, BBVA-Bancomer, Wal-Mart, el Tec de Monterrey y otras prestigiadas firmas e instituciones que ostentan el título de ESR, deberían de quitar el distintivo de su imagen institucional como muestra de protesta por haber sido rebajadas al nivel de Grupo Caliente.


La realidad es que estamos apenas viendo el comienzo de lo que será un problema de magnitudes hasta hoy incalculables para el país, no sólo en términos de nuevos adictos al juego, sino de desintegración familiar y de todos los demás males asociados a los casinos como lavado de dinero, prostitución y extorsiones.


Si el gobierno permite la realización de una actividad económica, sea cual sea, está obligado también a regularla y fiscalizarla. La política de “laissez-faire” o dejar hacer libremente lo que el mercado quiera para que se auto-regule, no funciona en México -pues existe corrupción rampante a todos los niveles- y menos en una industria que es en sí un giro gris. Como sociedad veo difícil que podamos impedir que se sigan abriendo casinos, sobretodo porque detrás de ellos hay importantes grupos del poder y la política, como Televisa que tiene un montón de ellos (no sé si vean falta de congruencia entre la noble causa de su Teletón, y la existencia de sus casinos “Play City”) pero lo que sí podemos hacer es exigir a las autoridades y a nuestros legisladores que normen y regulen la actividad de estos giros, incluyendo el pago de la factura que nos mandarán para atender adictos al juego. Así como se grava a la empresas que contaminan, a quienes conducimos un coche y a quienes fuman, la cuenta de los tratamientos de ludopatía la deben y tienen que pagar los empresarios de los casinos.


pesquera@gmail.com

viernes, 9 de diciembre de 2011

Colombia y México, peras y manzanas


En años recientes ha habido un extraordinario furor en México, en especial por un grupo de empresarios y académicos, sobre el sorprendente y benéfico giro que el Alcalde Sergio Fajardo dio a su ciudad, Medellín, Colombia; y sobre cómo aquel país ha mejorado la seguridad en su territorio en los últimos 10 años. En ambos casos –política y seguridad- comparar a México con Colombia es incorrecto. Estamos comparando peras con manzanas.


Primero veamos la parte política, en la que Sergio Fajardo nos ha dejado a todos boquiabiertos en México. He tenido algunas discusiones con gente que busca que emulemos el modelo de Medellín en México, y yo les digo que simplemente aquí eso no se puede hacer. (Para quienes no estén familiarizados con el tema, les sugiero que vean en YouTube la conferencia que Fajardo dio en el Tec de Monterrey hace unos tres años, está muy interesante).


No tengo crítica alguna contra Fajardo, al contrario, lo admiro. Con lo que no estoy de acuerdo es con que él, como Giuliani, Felipe González y otros políticos, vengan a mostrarnos casos de éxito en sus respectivos países y ciudades, que simplemente aquí en México no podemos poner en marcha. Se les olvida la famosa frase de Phillip O’Neill quien dijo que “toda la política es local”, así que lo que funciona allá, no necesariamente funcionará acá. Muchos de estos políticos vienen, en cierta forma, a mostrarnos un deseado y atractivo objeto, al que no podemos acceder y que sólo podremos mirar a través del aparador.


El ejemplo de Fajardo es interesante. Hombre de extraordinaria inteligencia y sencillez, y matemático de carrera, decidió que la política es tan importante que no puede dejársele a los políticos, por lo que decidió ir por la candidatura a la alcaldía de Medellín como candidato ciudadano-independiente-, y la ganó.


Como alcalde, capitalizó la ventaja de haber ganado sin compromisos de campaña, que después hay que pagar con creces. Hizo escuelas, parques, bibliotecas y transformó la ciudad. En México escuchamos sus conferencias y todo mundo, no podemos más que desear ése mismo cambio y bienestar para nuestras ciudades, y lo primero que decimos es “hay que hacer aquí lo que hizo Fajardo en Medellín”. Las malas noticias son que aquí, eso no se puede hacer.


En México sobran Fajardos, gente inteligente, capaz y honesta. El problema es que no existen mecanismos legales para que nuestros Fajardos accedan al poder y transformen sus ciudades. Aquí, la gente buena que quiere cambiar las cosas a través de la política, tiene que entrar forzosamente por la vía de los partidos políticos, punto. Y cuando la gente buena entra en los partidos políticos, se hace, en el mejor de los casos, menos buena, pues para acceder al poder hay que pasar por sus telarañas, y todos los puestos de elección requieren montones de billetes para hacer campaña. Luego hay que hacer arreglos y compromisos con medio mundo, que inevitablemente limitan la capacidad de gestión y gobierno de quien llega a un puesto de elección popular.


Como lo he dicho decenas de veces, a este país no lo tiene postrado el crimen organizado, lo tiene secuestrado la partidocracia que se alimenta de corrupción y mediocridad. El día que los ciudadanos puedan acceder a puestos de elección popular sin la necesidad de vender su alma al diablo, esto es, a los partidos, comenzaremos a ver cómo las cosas cambian y cómo nosotros estaremos exportando también Fajardos al mundo, a que cuenten cómo hicimos cosas inimaginables aquí, aunque posiblemente no se puedan hacer igual allá.


Respecto a la seguridad, tampoco podemos compararnos con Colombia. Hay varios factores que nos diferencian de ellos. El primero es que Colombia recibe dos mil millones de dólares anuales de parte de los Estados Unidos para combatir al crimen y a las insurgencias, y han aceptado la colaboración militar e institucional de los gringos sin tapujos.


El apoyo de Estados Unidos a Colombia es abierto e incluye equipo, personal, entrenamiento y asistencia en diversos niveles de la seguridad nacional colombiana. En México no recibimos tal cantidad de dinero, y el apoyo que se nos da se maneja de manera clandestina. El celo de cuidar nuestra soberanía como la propia virtud de las garras de los gringos, limita el alcance de esa ayuda que, aparte, ya está aquí desde hace décadas, pero que funciona con muchísimas fallas y limitaciones por la clandestinidad que está obligada a guardar.


Por otra parte, la Policía Nacional de Colombia es una policía que está diseñada para contrarrestar amenazas que no tenemos en México. La Policía colombiana, aparte de enfrentar a los narcos igual que en México, enfrenta a grupos de guerrillas y paramilitares que tienen por objeto controlar al Estado colombiano. En México no ha habido, hasta hoy, una declaración de parte del crimen organizado en la que manifiesten que quieren tomar las riendas del país. Ellos simplemente quieren seguir haciendo su negocio ilícito sin que se les moleste.


También recordemos que la disminución de la violencia a principios de los años noventa fue el resultado de las vendettas entre los cárteles colombianos, principalmente el de Medellín y de Cali, aunados a un pacto tácito del gobierno con los criminales para parar la barbarie de coches bomba y atentados en plazas comerciales, cines y edificios de gobierno que tenían paralizado al país. La disminución de la violencia en Colombia también tuvo que ver con un giro en la estructura criminal de los cárteles: antes los colombianos –como productores- mandaban en el negocio. Ahora los jefes son los cárteles mexicanos que tienen la distribución y la producción ha perdido preponderancia, a la par de la llegada de nuevas drogas sintéticas más baratas que no se producen en Colombia.


Quedaría decir que al día de hoy, ni la Policía ni el Ejército colombianos tienen control pleno de todo su territorio, pues hay zonas en las que las guerrillas no les dejan entrar. En México es un hecho que hay zonas devastadas por la violencia del crimen, pero hasta ahora no hemos sabido de una zona, colonia, municipio, o montaña a la que el Ejército Mexicano haya querido entrar y no haya podido hacerlo.


Antes que compararnos, no sólo con Colombia, sino con otros países que vienen a traernos ejemplos exitosos de política, seguridad y negocios, tenemos que preguntarnos si nuestro marco legal, cultura y política nos permiten hacerlos y aplicarlos. Y si nos encanta compararnos para hacer “benchmarks”, pues subamos el estándar y comparémonos y aspiremos a ser como alguno de nuestros socios de la OCDE, en donde invariablemente somos el último lugar de todas las clasificaciones que miden algo bueno (en percepción de la corrupción y falta de transparencia siempre ganamos).


Parte de la solución para salir de este bache en el que estamos atascados, para que podamos liberar el potencial de nuestros Fajardos y mejorar la seguridad en nuestras colonias y ciudades, está en los partidos y en nuestros legisladores. Pidamos a Santa esta Navidad que nuestros partidos y sus diputados y senadores legislen para que los ciudadanos puedan acceder a candidaturas independientes. Lamentablemente, la viabilidad en el corto plazo de ése escenario es sólo una fantasía… como el mismo Santa. Así que a los admiradores de Fajardo –incluido su servidor- les digo: qué padre, pero aquí eso no se puede hacer.


pesquera@gmail.com

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El PAN y el tiempo perdido


Estoy casi seguro que he tocado este asunto en alguna columna anterior, por lo que ahora trataré de poner el tema en el contexto actual.


Los expertos en campañas políticas tienen claros tres conceptos clave para el éxito de un candidato en la contienda interna de un partido, así como para las elecciones generales. Éstos tres conceptos son las funciones, las tareas y los recursos de la campaña.


Las funciones principales son investigación, que lleva a la obtención de información, que nos permite dibujar una estrategia para elaborar un mensaje y con esto, atraer votantes. Otras funciones son la planeación estratégica, preparación, organización y ejecución de los planes de campaña.


Las principales tareas son tres: encuentra a tu audiencia y dirige tu mensaje a ella. Con esto lograrás cautivarlos y persuadirlos, para finalmente “sacarlos a votar” el día de la elección.


La parte de los recursos es la que confunde más a los políticos inexpertos y que un buen “campaign manager” nunca debe perder de vista. Los cuatro recursos con los que cuenta un candidato son tiempo, dinero, gente y tecnología. Aunque es innegable el valor de los 4, el tiempo es el recurso más preciado, pues es la única variable fija y finita, ya que el día de la elección está marcado en el calendario. Siempre podremos conseguir más dinero, contratar más gente y voluntarios, o adquirir herramientas tecnológicas de avanzada para comunicarnos con los votantes, pero nunca podremos comprar un día, una semana o un mes más de prórroga para la elección.


Bajo ésta óptica, el tiempo se vuelve el recurso más valioso de la campaña, pues es el único del que no podemos conseguir más.


Con los tres grandes partidos enfilándose ya a la elección general de 2012, podemos ver que el PRD y el PRI han entendido que no hay minuto que perder en esta batalla.


El PAN por su parte sabe que el reloj está caminando, pero confía en que su calidad de “incumbent” o “el que ostenta el poder”, con todos los recursos que ello implica, terminará por balancear el camino aventajado por los partidos que ya han definido a su candidato a la Presidencia.


Lo que el PAN no ha calculado con cuidado, es la aparición de un mal que Daniel Shea llama “incumbentitis” o la “fiebre del que ostenta el poder”. Esta fiebre ataca a los gobernantes y partidos actuales, haciéndolos sentirse “indestructibles” (López Obrador dixit) y a confiarse en que volverán a ganar. Quienes padecen esta fiebre desestiman el desgaste natural que el partido gobernante sufre, y la tendencia de los electores a culpar a los gobiernos de los males personales que les aquejan.


Dicho esto, el PAN está inmerso en un juego muy peligroso para su permanencia en el gobierno, pues se siente seguro de los inmensos recursos que le dan el ostentar el poder, pero pierden valioso e irrecuperable tiempo, confundiendo a los electores que no ven claro cuál de sus tres pre-pre-candidatos será el o la buena para la contienda.


Veremos en éste frío mes de Diciembre si Acción Nacional se decide a elegir a su candidato(a) o si siguen tirando el tiempo, que se les está yendo al caño como agua por la manos.


pesquera@gmail.com

Países desarrollados en vías de subdesarrollo


Es muy difícil observar la gestación de un cambio desde dentro. Para la mayoría de nosotros, los cambios son evidentes cuando son observados desde fuera. Peor aún, cuando los cambios son lentos, más difícil es percatarse de la metamorfosis que sufre una planta, un individuo o un sistema, por citar algunos ejemplos. Personalmente me sorprenden los ejercicios que han hecho algunos dedicados y perseverantes cibernautas que se han tomado a sí mismos o a sus hijos, una foto diaria por cinco o diez años, para después hacer una presentación acelerada en dos minutos, mostrando cientos de fotos en orden cronológico dejando ver los impresionantes cambios que han sufrido en uno o dos lustros de sus vidas.


Si pudiésemos poner una pausa a lo que sucede en estos días, y salir de la burbuja de la cotidianidad, para convertirnos en espectadores de lo que acontece en estos días –idealmente en una presentación acelerada como la que acabo de citar- quedaríamos pasmados. Primero, porque aunque sabemos que el paso del tiempo lleva naturalmente al cambio de todas las cosas, la lentitud con la que éste transcurre no nos permite percatarnos del dramatismo de dichos cambios. Segundo, porque al estar inmersos en el proceso de cambio, no nos hemos dado cuenta de cómo éste nos afectará.


Vayamos al grano. La presente crisis Europea representa un hito en la historia del Continente –y del Mundo-, un antes y un después de 2011. Uno de los síntomas más evidentes, esos que se pueden apreciar leyendo los periódicos y viendo las noticias, es la sobrevaluación general de todos sus activos –fijos, financieros e intangibles- que ahora resulta imposible sostener: ni sus casas y centros comerciales valen lo que dicen sus libros, ni las acciones de sus bancos, ni los bonos de sus gobiernos tienen el valor que decían tener (por lo que ahora pagan una prima de riesgo extraordinaria), y las marcas europeas pierden valor y competitividad al mismo ritmo que el Euro se vuelve una divisa riesgosa.


Pero aparte de lo que podemos ver y leer en los periódicos, hay una parte oculta, subyacente, un cambio que se está gestando frente a nosotros y que nos es difícil apreciar porque sucede lentamente, y es la descomposición social que está dejando y que dejará esta crisis para los próximos 15 ó 20 años.


Observemos a los tres grupos demográficos mayoritarios de la sociedad Europea. Primero están los adultos mayores, que viven de sus pensiones, en los departamentos que pudieron comprar durante sus años de trabajo, en condiciones muy favorables bajo gobiernos semi-socialistas. Éste grupo es un mero espectador de la crisis, pues los gobiernos del pasado les ofrecieron condiciones de absurda facilidad para garantizar su bienestar en el futuro, es decir, hoy. Diríamos en términos de paternidad, que los echaron a perder, acostumbrándolos a una vida de poco esfuerzo y sacrificio que, naturalmente, los chicos de hoy quieren emular.


Luego están los adultos jóvenes de 25 a 45 años, muchos de ellos bien preparados y educados, que libran una batalla todos los días para conservar su empleo y rescatar su hipoteca, el coche y todo lo que han adquirido a crédito, sin tener garantía de que mañana o pasado mañana, les darán una patada y los echarán a la calle.


Finalmente están los jóvenes universitarios o recién egresados que simple y llanamente no tienen oportunidades de inserción laboral, ya no digamos mal pagada, sino de ningún tipo. Es en éste grupo en el que existe el mayor riesgo de ruptura del orden y de las institucionalidad que muchos países Europeos alcanzaron en los últimas tres o cuatro décadas. Son jóvenes que –como se podía leer en la camiseta de un manifestante en la Plaza del Sol en Madrid hace unos meses- no tienen casa, no tienen trabajo, no tienen pensión, no tienen futuro y no tienen miedo.


Dijo la Canciller Ángela Merkel hace unos días que la fragilidad que vive Europa en estos días no se veía desde terminada la Segunda Guerra Mundial. Y no es el fantasma del totalitarismo de ultraderecha el que acecha al Viejo Continente. Es la fragilidad de la paz social que, como el hielo delgado de un lago, soporta a millones de jóvenes que, tarde o temprano terminarán por romper la superficie sobre la que caminan.


Lo que está sucediendo en Europa, y que previsiblemente se esparcirá en diferentes escalas y magnitudes a Estados Unidos y a otros países desarrollados y semi-desarrollados –México incluido-, es la pérdida de por lo menos una generación de jóvenes bien preparados e informados, que no encontrarán trabajo en el corto y mediano plazo. Para ellos las redes de ayuda social, si las hubiese en sus países, resultarán insuficientes para darles sustento, ahorro, vivienda, salud y retiro. En pocas palabras, estarán desempleados probablemente por los siguientes 5 ó 10 años de sus vidas y estarán en condiciones muy poco favorables para conseguir trabajo frente a los jóvenes que se graduarán para el tiempo en que la presente crisis se haya desvanecido.


Las consecuencias de la pérdida de ésta generación son hasta el momento incalculables. Comenzamos por la inminente inestabilidad social que amenaza al orden público con disturbios y movimientos como el “Occupy” (Ocupa), que están surgiendo de manera más o menos pacífica –hasta ahora- en diferentes ciudades de Estados Unidos y Europa.


Pensemos también en la parte económica: si estos jóvenes no trabajan, no consumen, si no hay consumo, no hay producción, si no hay producción hay desempleo, y nos encontramos atrapados en un círculo viciosos que sólo la inyección de grandes capitales (no deuda) y grandes incentivos fiscales pueden revertir. De la misma manera, si éstos jóvenes no trabajan, no abonan a los planes de retiro de ellos mismos y quitan vital flujo de efectivo para los sistemas de pensiones que usan su dinero para pagar pensiones hoy. Ni que hablar de la falta de ingresos fiscales y captación de las instituciones de los paternalistas gobiernos europeos, para mantener –ya no digamos mejorar- sus sistemas de salud, educación e infraestructura.


Resumamos esto. Europa es un continente viejo, en historia y en población. Los viejos exprimen a los gobiernos con planes de retiro y pensiones obscenas, y con los avances en la medicina, muchos de ellos vivirán largas vidas, con altísimos costos de tratamientos médicos para sus gobiernos. Los adultos jóvenes y los jóvenes recién egresados, se tambalean y luchan por sobrevivir, y si pierden sus empleos -quienes tiene uno-, los gobiernos también pierden recaudación y los negocios consumo. Lo más lamentable del grupo de los más jóvenes que se acaban de graduar y que no han encontrado su primer empleo, es la pérdida de valiosísimos años que no podrán regresar, con la natural dificultad de comenzar a trabajar y a generar patrimonio con más años a cuestas. Ni hablar ya de las inmensas y costosas burocracias sindicalizadas que siguen succionando como garrapatas lo que queda de las finanzas públicas de esos países.


Lo que vemos es un deterioro generalizado de la calidad de vida de los Europeos -sobretodo de sus jóvenes- y de sus instituciones para los siguientes años, y la inviabilidad financiera como países de al menos media docena de ellos. Vivieron en un espejismo de bienestar que resultó ser efímero e insostenible. Que se creó riqueza, sí, prueba de ello es la infraestructura que quedará como único legado de las últimas dos décadas de “desarrollo” de las economías más pequeñas del Continente que pudieron ascender a la Unión Europea. El reto para esos países, que en términos coloquiales se volvieron los nuevos ricos de la cuadra (¡España va bien! Aznar dixit), es si podrán elevar su productividad, ajustar su gasto corriente y recaudar lo suficiente para mantener el elevado “nivel de vida” que como países hoy tienen. Si no logran tomar medidas drásticas -que siempre son políticamente poco rentables y por ello asumo que no las tomarán sus políticos- lo que veremos es a un grupo de naciones desarrolladas, en vías de subdesarrollo.


pesquera@gmail.com

lunes, 17 de octubre de 2011

Empresario Leonés: tenemos una llamada pendiente…


Acabo de leer un extraordinario reportaje de Ricardo Cayuela Gally en la edición 154 de la revista Letras Libres, correspondiente al mes de Octubre de 2011. En su artículo titulado La Batalla de Monterrey, Cayuela hace un interesante análisis de las circunstancias que llevaron a la Sultana del Norte al borde del colapso en algunas de sus colonias y área metropolitana. Habla con empresarios, académicos, funcionarios públicos, estudiantes, periodistas y con uno de los cronistas de la ciudad. Al final del artículo-reportaje Cayuela hace referencia a una fábula que la gente de Monterrey cita con alguna frecuencia en estos días. Dicen que cuando vemos a una rata esconderse en un basurero de la calle, no nos inmutamos, es el lugar donde la rata debe de estar; si uno la ve cruzar el jardín de su casa, anota en la agenda hablar con los fumigadores el lunes; pero si la descubre debajo de su cama, no duerme hasta darle caza. Éso es lo que está sucediendo en Monterrey, y agrega Cayuela, “con la salvedad que las ratas eran parte de la familia y pedían su cereal todas las mañanas…”


Al terminar de leer la este interesante reportaje, no puedo evitar pensar que en León, la sociedad hemos estado perpetuamente apuntando en la agenda llamar al fumigador el lunes. Las encuestas dicen que en León la gente tiene dos preocupaciones: la inseguridad y el empleo, y como sociedad estamos haciendo poco o nada sobre la primera.


La inseguridad en León se vive en dos esferas, o mejor dicho, en una esfera y en una burbuja. Sobre la esfera, he de decir que como parte del esfuerzo de un grupo de empresarios -en colaboración con el Municipio- para mejorar algunas zonas de la ciudad, he tenido la oportunidad de visitar colonias en donde la violencia existe, y la viven y sufren sus vecinos. La colonia 10 de Mayo, las Hilamas, la Unidad Obrera, Las Joyas, San Joaquín y la comunidad de Ladrilleras, por mencionar algunas, tienen un problema real de violencia urbana y sub-urbana. El reto en esas zonas es guardar a los niños de la violencia, las drogas y los abusos. Si esos niños son descuidados, pasarán inexorablemente a manos del crimen, o en el menos malo de los casos, a llevar una vida de miseria, envueltos en las adicciones, embarazos infantiles y pandillas. Tenemos ahí, a 15 ó 20 minutos de la mayoría de nuestras casas, a niños que a los 12 ó 13 años no tendrán opciones de educación, de trabajo, ni de vida. Bajo esta óptica, la inseguridad no es una ilusión, existe, se vive.


Por otro lado, está la “burbuja” de la inseguridad. Ésa es en la que vive gran parte de la clase media, media-alta, y alta de la ciudad. Viven con el miedo al robo de coche, de casa habitación, al asalto, a delitos menores y sufren de la paranoia que se alimenta día a día en historias de café, de unos pocos que han sido víctimas de estos delitos.


Pongámonos en contexto: en Monterrey y su área metropolitana mueren asesinadas cerca de dos mil personas al año. Juárez, Reynosa, Matamoros, Durango, Culiacán y Veracruz –recientemente- suman más de ocho mil muertos por año. El asunto es que quienes viven en León en la “burbuja” de la inseguridad, realmente tienen un problema de percepción, no de vivencia en carne propia de la barbarie que existe en otras partes del país. No tenemos ni idea de lo que es violencia e inseguridad. Lo que pasa en la ciudad es una probadita de lo que sucede en otras verdaderamente afectadas por este fenómeno.


Seguramente me escribirán algunos lectores enojados diciéndome que han sido víctimas de algún delito y que la bronca no es de percepción. De antemano les digo que lo siento, pero también les digo que son pocos y que salvo la pérdida de algún ser querido, sea lo que sea que les haya pasado es, como diríamos en ingles, “no big deal”, incluido el robo de un bonito Cartier, o de ése flamante Mercedes.


Lo realmente preocupante en León, no es lo que gritan algunos políticos por aquí y por allá, ni lo que publican algunos periódicos. Muchos de estos actores políticos y mediáticos no tienen un interés genuino en la seguridad de los ciudadanos, sino en llegar bien y sin raspones a las elecciones del 2012 y en que su agenda se cumpla. Lo que es alarmante en León es la indignante pasividad de la sociedad, y lo digo más específicamente, de la clase empresarial.


Cuando hablo de clase empresarial, no hablo de las cámaras y organismos industriales, hablo del empresario –micro, pequeño, mediano y grande- que día a día vive en la burbuja de la inseguridad, rezando para que nada nos pase y para que León siga siendo “relativamente seguro”. Señores, rezar no sirve de nada, tenemos que ponernos a trabajar. Ya no es pretexto decir que pagan sus impuestos y que el gobierno haga lo que le toca. Si quieren un esquema de recaudación perfecto, donde sus impuestos se vean, váyanse a vivir a Escandinavia. Aquí en México, como en el resto del mundo, el sistema es imperfecto y el gobierno no puede con todo: tenemos que trabajar como sociedad para mejorar las cosas que no nos gustan, incluida la inseguridad.


Existen muchos programas de gobierno y de organizaciones de la sociedad civil que pondrían un peso, por cada peso aportado para el rescate de espacios abrumados por la violencia y la miseria. Con este esquema se multiplican los esfuerzos y cada peso que una persona o empresario aporte, se convierte en dos o tres. ¿Por qué no pensar en la creación de un fideicomiso en donde los empresarios podamos aportar recursos que se apliquen al rescate de ésos espacios abandonados de todo y de todos?


Por ahora los dejo con una pregunta: ¿seguiremos posponiendo ésa llamada al fumigador, o nos ponemos a trabajar para que la violencia y la pobreza disminuyan?


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Dictaduras cayendo, democracias fallando


Kishore Mahbubbani es un ex-diplomático de Singapur y Director de la escuela Lee Kuan Yew de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Singapur. Mahbubbani puso de cabeza al mundo diplomático y académico cuando en 2008 publicó un artículo en la revista Foreign Affairs titulado “The case against the West”, algo así como “El juicio contra Occidente”. En aquel escrito, Mahbubbani hablaba de la hipocresía con la que el mundo occidental se conduce.


Dice que los países occidentales sienten ser la solución a todos los problemas del mundo, cuando en realidad, en los últimos años han sido la fuente de ellos. Para ejemplificar su tesis, habla del lío que han causado Estados Unidos y Europa en el Medio Oriente en las últimas décadas y especialmente en los últimos años con la invasión de Irak y Afganistán. Habla de cómo los gringos, promotores del Tratado para la no-Proliferación Nuclear (NPT en inglés) han sido los principales violadores de sus cláusulas y se manejan con un doble discurso en el tema de proliferación nuclear, pues condenan la proliferación horizontal (que más países tengan armas nucleares) pero no la vertical (que los que ya las tienen, las hagan más destructivas y poderosas). Pasa por múltiples temas, en los que con argumentos válidos hace ver que los países de Occidente están perdiendo influencia y se resisten a dejar de ostentar la supremacía mundial en todos los órdenes y en todos los foros internacionales.


El lunes pasado Mahbubbani publicó un interesantísimo artículo en el Financial Times titulado “El amor de Gadaffi y de Occidente por las grandes mentiras”. En esta última publicación, Mahbubbani dice que Gadaffi y los dictadores permanecen en el poder gracias a las mentiras que dicen a su pueblo y al control de la información que llega a la gente, censurando todo lo que no les conviene y manejando la narrativa de lo que sucede en su país. Cuando en Enero y Febrero pasado los dictadores no pudieron controlar los mensajes por teléfono y redes sociales que mandaban millones de personas, la mentira se acabó y ahí están los dictadores de Egipto y Túnez derrocados y los de Libia, Siria y otros más cerca del colapso.


Sin embargo, también las democracias están fallando y esto, según Mahbubbani, se debe en gran medida a que nos han estado mintiendo también. Según él, el proyecto de la eurozona fue creado bajo una gran mentira. Se pusieron criterios de endeudamiento de no más del 3% del PIB a cada país que nadie cumplió y que nadie hizo cumplir, empezando por Francia y Alemania que fueron los primeros en violar la regla. Sobre la desgracia financiera que rodea a Grecia, dice que los griegos mintieron a los bancos y a sus socios europeos desde un principio sobre las condiciones de sus finanzas. Pero lo más sorprendente es que los bancos y sus socios, sabían que los griegos les estaban mintiendo.


La otra gran mentira de las democracias de nuestros días es la de los Estados Unidos. Todos los políticos americanos hablan en sus discursos sobre la recuperación, que esta “a la vuelta de la esquina”. La verdad es que no está cerca, será dolorosa y requerirá sacrificios. El problema es que ningún político americano usará la palabra “sacrificio” en su discurso. Es una palabra vetada del lenguaje americano. Pone como ejemplo al presupuesto federal de los Estados Unidos en donde se aprueban miles de millones de dólares que solo benefician a los congresistas que los aprueban y a los grupos de interés que apoyan las campañas de los congresistas.


Y para traer el tema a lo nuestro, veo muchas analogías de lo que escribe Mahbubbani para Occidente y para los Estados Unidos que aplica para nosotros en México. Nuestra democracia ha fallado, porque es una democracia que nos miente. Nos mienten cuando nos dicen que vamos ganando la guerra al crimen organizado, nos mienten cuando nos dicen que somos más competitivos, nos mienten cuando nos dicen que hay más oportunidades, nos mienten cuando funcionarios y legisladores se auto-asignan bonos millonarios por debajo del agua y privilegios ofensivos a la gente. Nos mienten cuando nos dicen que en este país hay justicia para todos, cuando aquí la Ley se dobla con una buena chequera. Nos mienten cuando nos dicen que vivimos una verdadera democracia, cuando la realidad es que la democracia es propiedad de los partidos políticos y cuando un ciudadano de a pie no puede ser votado y elegido si no pertenece a alguna de estas cofradías de ladrones y rufianes. Las mentiras siguen y seguirán, y ahora que entramos en temporada electoral, preparémonos para ver cómo le crece la nariz a los múltiples pinochos.


El problema en México no radica en las mentiras que nos dicen todos los días nuestros políticos, sino en que independientemente de que nos las creamos o no, a nadie le importa hacer nada al respecto. Somos una sociedad perezosa y “como buenos mexicanos” que somos (dixit Nacho Ramírez), nos parece demasiado esfuerzo tratar de cambiar las cosas para mejorar. La ironía del “como buen mexicano”, que se aplica a lo peor de nosotros… ni hablar.


No aceptemos más mentiras. En la medida que sigamos aceptándolas, nos volvemos cómplices y comparsa de quienes las cuentan. Nuestra democracia nos ha fallado sin duda, los invito a que nosotros no le fallemos a nuestros hijos y a su futuro. ¿O les contaremos mentiras a ellos también?


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Queda un solo camino: contención



No abordaré los detalles del lamentable incidente del Casino Royale en Monterrey. A una semana de la tragedia parece que ya todo se ha dicho y escrito sobre el asunto. Las más reconocidas voces y firmas, pasando por millones de twits y opiniones en las redes sociales, así como miles de personas en cientos de cafés, universidades y plazas, ya dieron un veredicto: estamos perdiendo.


Será que a falta de razones y evidencias para explicar, por enésima vez, que sí vamos ganándole al narco, al Presidente sólo le queda la elocuencia (que no es lo mismo que congruencia), así que pidió al más elocuente y aguerrido de sus secretarios que saliera a contarnos un cuento. El Secretario del Trabajo hizo una férrea defensa de lo indefendible en un artículo en un periódico de circulación nacional el pasado martes 30 de Agosto. Javier Lozano explicó con la misma elegancia con la que toca el piano, por qué la bronca de la violencia es de los estados y municipios y no de la Federación. Y yo asumo que él piensa que somos idiotas.


Al Presidente le queda una sola opción para lo que resta de su mandato: contener la crisis y dejar que el nuevo gobierno, con el aval de nuestra Democracia, le dé primeros auxilios al paciente.


Está claro que la guerra no se acabará en lo que resta de la administración actual y la contención es la única salida más o menos decente –y viable- para el Presidente y para el PAN, si es que aún tienen esperanzas de ganar la Silla en 2012. La contención consistiría en que la violencia no crezca ni en magnitud, con ataques y actos cada vez más atroces; ni en amplitud, con ataques en más zonas del país, incluyendo aquellas que aún no sufren de la violencia del crimen organizado.


El concepto de estrategias de contención fue desarrollado en los Estados Unidos para “contener” la expansión del comunismo y la amenazas que de éste emanaban. Fue concebido por el diplomático George F. Keenan y después revisado y ampliado por otros autores, como John Lewis Gaddis. Aunque los padres de la contención diplomática pensaron en éstas estrategias a nivel macro, la contención también puede ser utilizada en lo militar, a nivel micro, estos es, a los niveles operacional y táctico.


En México, la estrategia de usar fuerza sin inteligencia validada es un absurdo del gobierno. Ya lo he escrito en varios artículos: éste es un conflicto irregular y de baja intensidad, una guerrilla. Los ejércitos más poderosos del mundo han sucumbido ante las guerrillas y ahora, en México, el Presidente cree que podremos vencer con fuerza convencional, en un conflicto no convencional.


Con las elecciones de 2012 a la vuelta de la esquina y con el éxito mediático que consiguieron los criminales en Monterrey, ahora el problema subió al escenario político. Sin saberlo, las autoridades y los medios abrieron las puertas para el fenómeno del terrorismo, que aún no se diseminaba en México. Al masificar en los medios la catástrofe del Casino Royale, y al hacer luto nacional por la tragedia, la administración de Calderón le dio a los criminales más espacio en horarios “triple A” que los que las grandes refresqueras, cerveceras y el mismo gobierno tienen juntos.


Es posible que los criminales busquen más ataques de la naturaleza del Jueves 25 de Agosto para desprestigiar a la Administración de Calderón, que ante la opinión pública, ya está en la lona. Los criminales consiguieron, sin querer, notoriedad nacional e internacional. Ahora veremos -y sufriremos- cuál es la siguiente movida del gobierno.


Como la opinión pública y los expertos ya lo saben, el gobierno también debería saber que no se puede apagar fuego con fuego. Necesitamos inteligencia, colaboración a todos los niveles de gobierno, atacar el lavado de dinero y abatir la corrupción. Los balazos vienen después de todo esto. El problema es que hoy, con tantos frentes abiertos, no se puede ganar la guerra y la tranquilidad de los ciudadanos en 14 meses. Hoy por hoy, sólo se puede contener la emergencia.


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