miércoles, 7 de diciembre de 2011

Países desarrollados en vías de subdesarrollo


Es muy difícil observar la gestación de un cambio desde dentro. Para la mayoría de nosotros, los cambios son evidentes cuando son observados desde fuera. Peor aún, cuando los cambios son lentos, más difícil es percatarse de la metamorfosis que sufre una planta, un individuo o un sistema, por citar algunos ejemplos. Personalmente me sorprenden los ejercicios que han hecho algunos dedicados y perseverantes cibernautas que se han tomado a sí mismos o a sus hijos, una foto diaria por cinco o diez años, para después hacer una presentación acelerada en dos minutos, mostrando cientos de fotos en orden cronológico dejando ver los impresionantes cambios que han sufrido en uno o dos lustros de sus vidas.


Si pudiésemos poner una pausa a lo que sucede en estos días, y salir de la burbuja de la cotidianidad, para convertirnos en espectadores de lo que acontece en estos días –idealmente en una presentación acelerada como la que acabo de citar- quedaríamos pasmados. Primero, porque aunque sabemos que el paso del tiempo lleva naturalmente al cambio de todas las cosas, la lentitud con la que éste transcurre no nos permite percatarnos del dramatismo de dichos cambios. Segundo, porque al estar inmersos en el proceso de cambio, no nos hemos dado cuenta de cómo éste nos afectará.


Vayamos al grano. La presente crisis Europea representa un hito en la historia del Continente –y del Mundo-, un antes y un después de 2011. Uno de los síntomas más evidentes, esos que se pueden apreciar leyendo los periódicos y viendo las noticias, es la sobrevaluación general de todos sus activos –fijos, financieros e intangibles- que ahora resulta imposible sostener: ni sus casas y centros comerciales valen lo que dicen sus libros, ni las acciones de sus bancos, ni los bonos de sus gobiernos tienen el valor que decían tener (por lo que ahora pagan una prima de riesgo extraordinaria), y las marcas europeas pierden valor y competitividad al mismo ritmo que el Euro se vuelve una divisa riesgosa.


Pero aparte de lo que podemos ver y leer en los periódicos, hay una parte oculta, subyacente, un cambio que se está gestando frente a nosotros y que nos es difícil apreciar porque sucede lentamente, y es la descomposición social que está dejando y que dejará esta crisis para los próximos 15 ó 20 años.


Observemos a los tres grupos demográficos mayoritarios de la sociedad Europea. Primero están los adultos mayores, que viven de sus pensiones, en los departamentos que pudieron comprar durante sus años de trabajo, en condiciones muy favorables bajo gobiernos semi-socialistas. Éste grupo es un mero espectador de la crisis, pues los gobiernos del pasado les ofrecieron condiciones de absurda facilidad para garantizar su bienestar en el futuro, es decir, hoy. Diríamos en términos de paternidad, que los echaron a perder, acostumbrándolos a una vida de poco esfuerzo y sacrificio que, naturalmente, los chicos de hoy quieren emular.


Luego están los adultos jóvenes de 25 a 45 años, muchos de ellos bien preparados y educados, que libran una batalla todos los días para conservar su empleo y rescatar su hipoteca, el coche y todo lo que han adquirido a crédito, sin tener garantía de que mañana o pasado mañana, les darán una patada y los echarán a la calle.


Finalmente están los jóvenes universitarios o recién egresados que simple y llanamente no tienen oportunidades de inserción laboral, ya no digamos mal pagada, sino de ningún tipo. Es en éste grupo en el que existe el mayor riesgo de ruptura del orden y de las institucionalidad que muchos países Europeos alcanzaron en los últimas tres o cuatro décadas. Son jóvenes que –como se podía leer en la camiseta de un manifestante en la Plaza del Sol en Madrid hace unos meses- no tienen casa, no tienen trabajo, no tienen pensión, no tienen futuro y no tienen miedo.


Dijo la Canciller Ángela Merkel hace unos días que la fragilidad que vive Europa en estos días no se veía desde terminada la Segunda Guerra Mundial. Y no es el fantasma del totalitarismo de ultraderecha el que acecha al Viejo Continente. Es la fragilidad de la paz social que, como el hielo delgado de un lago, soporta a millones de jóvenes que, tarde o temprano terminarán por romper la superficie sobre la que caminan.


Lo que está sucediendo en Europa, y que previsiblemente se esparcirá en diferentes escalas y magnitudes a Estados Unidos y a otros países desarrollados y semi-desarrollados –México incluido-, es la pérdida de por lo menos una generación de jóvenes bien preparados e informados, que no encontrarán trabajo en el corto y mediano plazo. Para ellos las redes de ayuda social, si las hubiese en sus países, resultarán insuficientes para darles sustento, ahorro, vivienda, salud y retiro. En pocas palabras, estarán desempleados probablemente por los siguientes 5 ó 10 años de sus vidas y estarán en condiciones muy poco favorables para conseguir trabajo frente a los jóvenes que se graduarán para el tiempo en que la presente crisis se haya desvanecido.


Las consecuencias de la pérdida de ésta generación son hasta el momento incalculables. Comenzamos por la inminente inestabilidad social que amenaza al orden público con disturbios y movimientos como el “Occupy” (Ocupa), que están surgiendo de manera más o menos pacífica –hasta ahora- en diferentes ciudades de Estados Unidos y Europa.


Pensemos también en la parte económica: si estos jóvenes no trabajan, no consumen, si no hay consumo, no hay producción, si no hay producción hay desempleo, y nos encontramos atrapados en un círculo viciosos que sólo la inyección de grandes capitales (no deuda) y grandes incentivos fiscales pueden revertir. De la misma manera, si éstos jóvenes no trabajan, no abonan a los planes de retiro de ellos mismos y quitan vital flujo de efectivo para los sistemas de pensiones que usan su dinero para pagar pensiones hoy. Ni que hablar de la falta de ingresos fiscales y captación de las instituciones de los paternalistas gobiernos europeos, para mantener –ya no digamos mejorar- sus sistemas de salud, educación e infraestructura.


Resumamos esto. Europa es un continente viejo, en historia y en población. Los viejos exprimen a los gobiernos con planes de retiro y pensiones obscenas, y con los avances en la medicina, muchos de ellos vivirán largas vidas, con altísimos costos de tratamientos médicos para sus gobiernos. Los adultos jóvenes y los jóvenes recién egresados, se tambalean y luchan por sobrevivir, y si pierden sus empleos -quienes tiene uno-, los gobiernos también pierden recaudación y los negocios consumo. Lo más lamentable del grupo de los más jóvenes que se acaban de graduar y que no han encontrado su primer empleo, es la pérdida de valiosísimos años que no podrán regresar, con la natural dificultad de comenzar a trabajar y a generar patrimonio con más años a cuestas. Ni hablar ya de las inmensas y costosas burocracias sindicalizadas que siguen succionando como garrapatas lo que queda de las finanzas públicas de esos países.


Lo que vemos es un deterioro generalizado de la calidad de vida de los Europeos -sobretodo de sus jóvenes- y de sus instituciones para los siguientes años, y la inviabilidad financiera como países de al menos media docena de ellos. Vivieron en un espejismo de bienestar que resultó ser efímero e insostenible. Que se creó riqueza, sí, prueba de ello es la infraestructura que quedará como único legado de las últimas dos décadas de “desarrollo” de las economías más pequeñas del Continente que pudieron ascender a la Unión Europea. El reto para esos países, que en términos coloquiales se volvieron los nuevos ricos de la cuadra (¡España va bien! Aznar dixit), es si podrán elevar su productividad, ajustar su gasto corriente y recaudar lo suficiente para mantener el elevado “nivel de vida” que como países hoy tienen. Si no logran tomar medidas drásticas -que siempre son políticamente poco rentables y por ello asumo que no las tomarán sus políticos- lo que veremos es a un grupo de naciones desarrolladas, en vías de subdesarrollo.


pesquera@gmail.com

lunes, 17 de octubre de 2011

Empresario Leonés: tenemos una llamada pendiente…


Acabo de leer un extraordinario reportaje de Ricardo Cayuela Gally en la edición 154 de la revista Letras Libres, correspondiente al mes de Octubre de 2011. En su artículo titulado La Batalla de Monterrey, Cayuela hace un interesante análisis de las circunstancias que llevaron a la Sultana del Norte al borde del colapso en algunas de sus colonias y área metropolitana. Habla con empresarios, académicos, funcionarios públicos, estudiantes, periodistas y con uno de los cronistas de la ciudad. Al final del artículo-reportaje Cayuela hace referencia a una fábula que la gente de Monterrey cita con alguna frecuencia en estos días. Dicen que cuando vemos a una rata esconderse en un basurero de la calle, no nos inmutamos, es el lugar donde la rata debe de estar; si uno la ve cruzar el jardín de su casa, anota en la agenda hablar con los fumigadores el lunes; pero si la descubre debajo de su cama, no duerme hasta darle caza. Éso es lo que está sucediendo en Monterrey, y agrega Cayuela, “con la salvedad que las ratas eran parte de la familia y pedían su cereal todas las mañanas…”


Al terminar de leer la este interesante reportaje, no puedo evitar pensar que en León, la sociedad hemos estado perpetuamente apuntando en la agenda llamar al fumigador el lunes. Las encuestas dicen que en León la gente tiene dos preocupaciones: la inseguridad y el empleo, y como sociedad estamos haciendo poco o nada sobre la primera.


La inseguridad en León se vive en dos esferas, o mejor dicho, en una esfera y en una burbuja. Sobre la esfera, he de decir que como parte del esfuerzo de un grupo de empresarios -en colaboración con el Municipio- para mejorar algunas zonas de la ciudad, he tenido la oportunidad de visitar colonias en donde la violencia existe, y la viven y sufren sus vecinos. La colonia 10 de Mayo, las Hilamas, la Unidad Obrera, Las Joyas, San Joaquín y la comunidad de Ladrilleras, por mencionar algunas, tienen un problema real de violencia urbana y sub-urbana. El reto en esas zonas es guardar a los niños de la violencia, las drogas y los abusos. Si esos niños son descuidados, pasarán inexorablemente a manos del crimen, o en el menos malo de los casos, a llevar una vida de miseria, envueltos en las adicciones, embarazos infantiles y pandillas. Tenemos ahí, a 15 ó 20 minutos de la mayoría de nuestras casas, a niños que a los 12 ó 13 años no tendrán opciones de educación, de trabajo, ni de vida. Bajo esta óptica, la inseguridad no es una ilusión, existe, se vive.


Por otro lado, está la “burbuja” de la inseguridad. Ésa es en la que vive gran parte de la clase media, media-alta, y alta de la ciudad. Viven con el miedo al robo de coche, de casa habitación, al asalto, a delitos menores y sufren de la paranoia que se alimenta día a día en historias de café, de unos pocos que han sido víctimas de estos delitos.


Pongámonos en contexto: en Monterrey y su área metropolitana mueren asesinadas cerca de dos mil personas al año. Juárez, Reynosa, Matamoros, Durango, Culiacán y Veracruz –recientemente- suman más de ocho mil muertos por año. El asunto es que quienes viven en León en la “burbuja” de la inseguridad, realmente tienen un problema de percepción, no de vivencia en carne propia de la barbarie que existe en otras partes del país. No tenemos ni idea de lo que es violencia e inseguridad. Lo que pasa en la ciudad es una probadita de lo que sucede en otras verdaderamente afectadas por este fenómeno.


Seguramente me escribirán algunos lectores enojados diciéndome que han sido víctimas de algún delito y que la bronca no es de percepción. De antemano les digo que lo siento, pero también les digo que son pocos y que salvo la pérdida de algún ser querido, sea lo que sea que les haya pasado es, como diríamos en ingles, “no big deal”, incluido el robo de un bonito Cartier, o de ése flamante Mercedes.


Lo realmente preocupante en León, no es lo que gritan algunos políticos por aquí y por allá, ni lo que publican algunos periódicos. Muchos de estos actores políticos y mediáticos no tienen un interés genuino en la seguridad de los ciudadanos, sino en llegar bien y sin raspones a las elecciones del 2012 y en que su agenda se cumpla. Lo que es alarmante en León es la indignante pasividad de la sociedad, y lo digo más específicamente, de la clase empresarial.


Cuando hablo de clase empresarial, no hablo de las cámaras y organismos industriales, hablo del empresario –micro, pequeño, mediano y grande- que día a día vive en la burbuja de la inseguridad, rezando para que nada nos pase y para que León siga siendo “relativamente seguro”. Señores, rezar no sirve de nada, tenemos que ponernos a trabajar. Ya no es pretexto decir que pagan sus impuestos y que el gobierno haga lo que le toca. Si quieren un esquema de recaudación perfecto, donde sus impuestos se vean, váyanse a vivir a Escandinavia. Aquí en México, como en el resto del mundo, el sistema es imperfecto y el gobierno no puede con todo: tenemos que trabajar como sociedad para mejorar las cosas que no nos gustan, incluida la inseguridad.


Existen muchos programas de gobierno y de organizaciones de la sociedad civil que pondrían un peso, por cada peso aportado para el rescate de espacios abrumados por la violencia y la miseria. Con este esquema se multiplican los esfuerzos y cada peso que una persona o empresario aporte, se convierte en dos o tres. ¿Por qué no pensar en la creación de un fideicomiso en donde los empresarios podamos aportar recursos que se apliquen al rescate de ésos espacios abandonados de todo y de todos?


Por ahora los dejo con una pregunta: ¿seguiremos posponiendo ésa llamada al fumigador, o nos ponemos a trabajar para que la violencia y la pobreza disminuyan?


pesquera@gmail.com

Dictaduras cayendo, democracias fallando


Kishore Mahbubbani es un ex-diplomático de Singapur y Director de la escuela Lee Kuan Yew de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Singapur. Mahbubbani puso de cabeza al mundo diplomático y académico cuando en 2008 publicó un artículo en la revista Foreign Affairs titulado “The case against the West”, algo así como “El juicio contra Occidente”. En aquel escrito, Mahbubbani hablaba de la hipocresía con la que el mundo occidental se conduce.


Dice que los países occidentales sienten ser la solución a todos los problemas del mundo, cuando en realidad, en los últimos años han sido la fuente de ellos. Para ejemplificar su tesis, habla del lío que han causado Estados Unidos y Europa en el Medio Oriente en las últimas décadas y especialmente en los últimos años con la invasión de Irak y Afganistán. Habla de cómo los gringos, promotores del Tratado para la no-Proliferación Nuclear (NPT en inglés) han sido los principales violadores de sus cláusulas y se manejan con un doble discurso en el tema de proliferación nuclear, pues condenan la proliferación horizontal (que más países tengan armas nucleares) pero no la vertical (que los que ya las tienen, las hagan más destructivas y poderosas). Pasa por múltiples temas, en los que con argumentos válidos hace ver que los países de Occidente están perdiendo influencia y se resisten a dejar de ostentar la supremacía mundial en todos los órdenes y en todos los foros internacionales.


El lunes pasado Mahbubbani publicó un interesantísimo artículo en el Financial Times titulado “El amor de Gadaffi y de Occidente por las grandes mentiras”. En esta última publicación, Mahbubbani dice que Gadaffi y los dictadores permanecen en el poder gracias a las mentiras que dicen a su pueblo y al control de la información que llega a la gente, censurando todo lo que no les conviene y manejando la narrativa de lo que sucede en su país. Cuando en Enero y Febrero pasado los dictadores no pudieron controlar los mensajes por teléfono y redes sociales que mandaban millones de personas, la mentira se acabó y ahí están los dictadores de Egipto y Túnez derrocados y los de Libia, Siria y otros más cerca del colapso.


Sin embargo, también las democracias están fallando y esto, según Mahbubbani, se debe en gran medida a que nos han estado mintiendo también. Según él, el proyecto de la eurozona fue creado bajo una gran mentira. Se pusieron criterios de endeudamiento de no más del 3% del PIB a cada país que nadie cumplió y que nadie hizo cumplir, empezando por Francia y Alemania que fueron los primeros en violar la regla. Sobre la desgracia financiera que rodea a Grecia, dice que los griegos mintieron a los bancos y a sus socios europeos desde un principio sobre las condiciones de sus finanzas. Pero lo más sorprendente es que los bancos y sus socios, sabían que los griegos les estaban mintiendo.


La otra gran mentira de las democracias de nuestros días es la de los Estados Unidos. Todos los políticos americanos hablan en sus discursos sobre la recuperación, que esta “a la vuelta de la esquina”. La verdad es que no está cerca, será dolorosa y requerirá sacrificios. El problema es que ningún político americano usará la palabra “sacrificio” en su discurso. Es una palabra vetada del lenguaje americano. Pone como ejemplo al presupuesto federal de los Estados Unidos en donde se aprueban miles de millones de dólares que solo benefician a los congresistas que los aprueban y a los grupos de interés que apoyan las campañas de los congresistas.


Y para traer el tema a lo nuestro, veo muchas analogías de lo que escribe Mahbubbani para Occidente y para los Estados Unidos que aplica para nosotros en México. Nuestra democracia ha fallado, porque es una democracia que nos miente. Nos mienten cuando nos dicen que vamos ganando la guerra al crimen organizado, nos mienten cuando nos dicen que somos más competitivos, nos mienten cuando nos dicen que hay más oportunidades, nos mienten cuando funcionarios y legisladores se auto-asignan bonos millonarios por debajo del agua y privilegios ofensivos a la gente. Nos mienten cuando nos dicen que en este país hay justicia para todos, cuando aquí la Ley se dobla con una buena chequera. Nos mienten cuando nos dicen que vivimos una verdadera democracia, cuando la realidad es que la democracia es propiedad de los partidos políticos y cuando un ciudadano de a pie no puede ser votado y elegido si no pertenece a alguna de estas cofradías de ladrones y rufianes. Las mentiras siguen y seguirán, y ahora que entramos en temporada electoral, preparémonos para ver cómo le crece la nariz a los múltiples pinochos.


El problema en México no radica en las mentiras que nos dicen todos los días nuestros políticos, sino en que independientemente de que nos las creamos o no, a nadie le importa hacer nada al respecto. Somos una sociedad perezosa y “como buenos mexicanos” que somos (dixit Nacho Ramírez), nos parece demasiado esfuerzo tratar de cambiar las cosas para mejorar. La ironía del “como buen mexicano”, que se aplica a lo peor de nosotros… ni hablar.


No aceptemos más mentiras. En la medida que sigamos aceptándolas, nos volvemos cómplices y comparsa de quienes las cuentan. Nuestra democracia nos ha fallado sin duda, los invito a que nosotros no le fallemos a nuestros hijos y a su futuro. ¿O les contaremos mentiras a ellos también?


pesquera@gmail.com

Queda un solo camino: contención



No abordaré los detalles del lamentable incidente del Casino Royale en Monterrey. A una semana de la tragedia parece que ya todo se ha dicho y escrito sobre el asunto. Las más reconocidas voces y firmas, pasando por millones de twits y opiniones en las redes sociales, así como miles de personas en cientos de cafés, universidades y plazas, ya dieron un veredicto: estamos perdiendo.


Será que a falta de razones y evidencias para explicar, por enésima vez, que sí vamos ganándole al narco, al Presidente sólo le queda la elocuencia (que no es lo mismo que congruencia), así que pidió al más elocuente y aguerrido de sus secretarios que saliera a contarnos un cuento. El Secretario del Trabajo hizo una férrea defensa de lo indefendible en un artículo en un periódico de circulación nacional el pasado martes 30 de Agosto. Javier Lozano explicó con la misma elegancia con la que toca el piano, por qué la bronca de la violencia es de los estados y municipios y no de la Federación. Y yo asumo que él piensa que somos idiotas.


Al Presidente le queda una sola opción para lo que resta de su mandato: contener la crisis y dejar que el nuevo gobierno, con el aval de nuestra Democracia, le dé primeros auxilios al paciente.


Está claro que la guerra no se acabará en lo que resta de la administración actual y la contención es la única salida más o menos decente –y viable- para el Presidente y para el PAN, si es que aún tienen esperanzas de ganar la Silla en 2012. La contención consistiría en que la violencia no crezca ni en magnitud, con ataques y actos cada vez más atroces; ni en amplitud, con ataques en más zonas del país, incluyendo aquellas que aún no sufren de la violencia del crimen organizado.


El concepto de estrategias de contención fue desarrollado en los Estados Unidos para “contener” la expansión del comunismo y la amenazas que de éste emanaban. Fue concebido por el diplomático George F. Keenan y después revisado y ampliado por otros autores, como John Lewis Gaddis. Aunque los padres de la contención diplomática pensaron en éstas estrategias a nivel macro, la contención también puede ser utilizada en lo militar, a nivel micro, estos es, a los niveles operacional y táctico.


En México, la estrategia de usar fuerza sin inteligencia validada es un absurdo del gobierno. Ya lo he escrito en varios artículos: éste es un conflicto irregular y de baja intensidad, una guerrilla. Los ejércitos más poderosos del mundo han sucumbido ante las guerrillas y ahora, en México, el Presidente cree que podremos vencer con fuerza convencional, en un conflicto no convencional.


Con las elecciones de 2012 a la vuelta de la esquina y con el éxito mediático que consiguieron los criminales en Monterrey, ahora el problema subió al escenario político. Sin saberlo, las autoridades y los medios abrieron las puertas para el fenómeno del terrorismo, que aún no se diseminaba en México. Al masificar en los medios la catástrofe del Casino Royale, y al hacer luto nacional por la tragedia, la administración de Calderón le dio a los criminales más espacio en horarios “triple A” que los que las grandes refresqueras, cerveceras y el mismo gobierno tienen juntos.


Es posible que los criminales busquen más ataques de la naturaleza del Jueves 25 de Agosto para desprestigiar a la Administración de Calderón, que ante la opinión pública, ya está en la lona. Los criminales consiguieron, sin querer, notoriedad nacional e internacional. Ahora veremos -y sufriremos- cuál es la siguiente movida del gobierno.


Como la opinión pública y los expertos ya lo saben, el gobierno también debería saber que no se puede apagar fuego con fuego. Necesitamos inteligencia, colaboración a todos los niveles de gobierno, atacar el lavado de dinero y abatir la corrupción. Los balazos vienen después de todo esto. El problema es que hoy, con tantos frentes abiertos, no se puede ganar la guerra y la tranquilidad de los ciudadanos en 14 meses. Hoy por hoy, sólo se puede contener la emergencia.


pesquera@gmail.com

jueves, 25 de agosto de 2011

Torreón: todo bien, no por planeación, sino por suerte.


Los recientes eventos de violencia cerca del estadio del Santos Laguna ponen de manifiesto, nuevamente, la falta de planeación que caracteriza a los eventos masivos en México.


He escuchado comentarios en la radio y he leído notas en la prensa de “expertos” que dicen que, a pesar del caos que reinaba, se actuó bien. Nada más falso. Lo que evitó muertes –no sólo por impacto de bala, sino por aplastamiento- no fue producto de una buena y orquestada planeación por parte de las autoridades y de los directivos del estadio. Fue el resultado de la buena suerte.


En primer lugar no existe, que yo sepa, un estudio detallado de amenazas, vulnerabilidades y consecuencias en ningún estadio de nuestro país. Tampoco tienen un documento hecho a la medida de cada estadio llamado “los primeros 20 minutos”, que se vuelve la biblia en situaciones como la que se vivió el sábado pasado.


Los primeros 20 minutos de una crisis son cruciales, pues de ellos depende controlar la crisis o que crezca y se salga de control. Los expertos en la materia consideran más importante en esos minutos cruciales identificar y controlar la amenaza o fuente de peligro, que rescatar vidas. Este argumento de entrada nos puede parecer ilógico, pues el discurso de autoridades a todo nivel y de los cuerpos de emergencias nos dicen que el principal objetivo en crisis de violencia es salvar vidas. Sin embargo, cuando hay un equipo bien entrenado y bien preparado para resolver crisis de la naturaleza del sábado 20 de Agosto en Torreón, la lógica es primero identificar y eliminar la amenaza, pues potencialmente podría costar más vidas el no anularla. Para ello se requieren expertos que sepan qué decir a la gente y en qué momento preciso, y cuerpos de seguridad que tengan protocolos claros de qué hacer en cada minuto de la crisis.


Si hubiesen existido protocolos claros y un sistema de comunicación eficaz, no se le hubiera permitido a las masas que ocuparan la cancha, en donde aparentemente se sentían más seguros. Ante la amenaza de disparos que no se sabía de dónde provenían, la decisión de brincar a la cancha hacía más vulnerables a quienes lo hicieron. La gente que se quedó en su lugar cubriéndose en el piso estaba más segura ante la amenaza de un posible francotirador, que quienes brincaron al pasto.


La clave para que los protocolos de seguridad en eventos masivos funcionen, es una y muy sencilla: coordinación inter-agencias. Tienen que haber muchas reuniones previas y muchos ensayos entre los cuerpos de Bomberos, Cruz Roja, Policías, Protección Civil, Tránsito, cuerpos de seguridad privados y la administración del inmueble, entre otras. En estas reuniones se define una cadena de mando vertical y todos obedecen a una solo voz.


El reto en México es que en una sociedad en la que no estamos acostumbrados a trabajar en equipo, podamos poner de acuerdo a jefes, directores y ejecutivos de diferentes instituciones, empresas y organizaciones, en qué es lo que se debe hacer ante una crisis en la que hay multitudes y balazos. Al día de hoy ni el Presidente Municipal de Torreón, ni Gobernación, ni la Federación Mexicana de Fútbol han dado explicaciones claras de qué pasó. Todo mundo se lava las manos. Ahora, como resultado de la coyuntura, parece que todo mundo quiere hacer algo sobre la seguridad de estadios y recintos de eventos masivos. Habrá qué ver cuánto tiempo dura el discurso, pues hasta ahora yo sólo he escuchado muchas palabras y muchos manotazos sobre las mesas, pero no he visto ningún compromiso.


pesquera@gmail.com

jueves, 14 de julio de 2011

Gran estrategia de seguridad: empecemos por lo micro


En México siempre ha habido un gran desconecte entre lo macro y lo micro. Por ejemplo, en años recientes las variables fundamentales de la economía marchan de manera ejemplar, y somos sin duda alguna, la envidia de medio continente Europeo. Sin embargo, la realidad micro es diferente, pues con 40 millones de pobres no podemos decir que los beneficios de la gran política macroeconómica de México se han visto reflejados en los bolsillos de los mexicanos.


Me parece que en el tema de seguridad estamos marchando en la misma dirección de la economía: hacia la búsqueda de una estrategia macro con la creación del Mando Único que daría números alegres, pero con grandes distorsiones y fallas en lo micro; permítanme explicarme. La estrategia de tener a las Fuerzas Armadas y a la Policía Federal patrullando vastas extensiones del territorio nacional, responde al fracaso de la parte micro del espectro de seguridad, pues un gran número de los 2,500 municipios del país son incapaces de imponer el orden y controlar sus territorios. En parte, el fracaso radica en la debilidad de la estructura legal de los municipios, y para demostrarlo ahí está Monterrey, que aunque es un municipio grande y rico, es frágil y vulnerable al mismo tiempo, pues no cuenta con los pilares legales, y en consecuencia económicos y operativos, para hacer más eficaz el combate al crimen.


Me remito a citar un solo ejemplo –de entre decenas que hay- de las limitaciones legales que atan de manos a los municipios para combatir al crimen. La inmensa mayoría de las policías municipales del país tienen, entre muchas otras, dos funciones primordiales: la preventiva y la reactiva. Preventiva porque sus planes y programas están encaminados a ser un disuasivo del delito. La sola presencia de un cuerpo de policía bien armado y equipado, haciendo rondines en su territorio, frena la comisión de muchos delitos menores. La disminución de esos delitos, evita que quienes los cometen suban un peldaño en la escalera de la criminalidad, perpetrando delitos mayores. Es reactiva también, porque cuando se ha cometido o se está cometiendo un delito, las policías municipales tienen facultades para ir tras los delincuentes o intervenir en medio de la comisión del delito. Pero si la parte reactiva falla, esto es, no se atrapa a los delincuentes inmediatamente después del delito o durante éste, la policía municipal se tiene que hacer a un lado a esperar que las victimas hagan una denuncia al Ministerio Público, para que se le asigne la investigación a la policía ministerial.


Al carecer las policías municipales de facultades investigativas, incluida la contratación de informantes, se genera un vacío enorme en su habilidad y capacidad para atacar al crimen y para dar seguimiento a casos que ellos mismos podrían resolver. La policía de Nueva York, por citar un ejemplo, tiene en cada una de sus comandancias a agentes cuya responsabilidad es, aparte de las tareas de todo policía, investigar casos de su jurisdicción, conocer a la gente que vive en su sector y ganarse la confianza de los vecinos. Ésos agentes tienen facultades para contratar al dueño de una cafetería o bar, o al vendedor de periódicos de una esquina, para que les informen qué está pasando en el barrio. Ésa información es inteligencia, más específicamente “humint” (human intelligence por sus siglas en inglés) que es la recolección de información por medio del contacto personal de los agentes con sus fuentes.


Lo más cercano a un informante en México es lo que se conoce como “madrina”. Sobra decir que al no existir la figura legal del informante o de la madrina, sus actividades y los pagos que reciben son ilegales, pues provienen de recursos fuera del presupuesto.


En mi opinión, la estructura fundamental de seguridad de los municipios no se va a ver fortalecida por la llegada de la macro estrategia de la Policía o Mando Único. Sin duda sería un paliativo para la coyuntura de extrema violencia que viven algunos municipios del país, sobretodo los más pequeños, que piden a gritos que alguien –quien sea- vaya a rescatarlos de la barbarie que viven.


La gran revolución a la seguridad en México se dará cuando se dote de instrumentos legales a los municipios que, entre otras herramientas, les den facultades investigativas limitadas a sus corporaciones y que les permitan profesionalizar a sus policías. Significaría un avance sólido, desde abajo hacia arriba, de lo micro a lo macro.


Los recursos del Subsidio para la Seguridad Pública Municipal (Subsemun) y del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) han colaborado a la mejora y equipamiento de algunas corporaciones policiacas del país. Pero el poder del dinero en este tema tiene sus limitaciones, pues si ambos programas logran con éxito capacitar, equipar y construir mejores instalaciones para las tareas de seguridad pública, pero no se les dota de nuevas facultades legales para su operación, nuestras policías municipales seguirán cojeando de un pie.


La “gran estrategia” nacional de combate al crimen tendría que partir no de una Policía Única (macro), sino del fortalecimiento de las policías municipales y de una reforma al sistema judicial que dé transparencia a la impartición de justicia en México. Sería comenzar por los cimientos, para después construir encima de ellos, con las particularidades que cada municipio tiene, pues aunque el Mando Único lo manejarían los gobiernos estatales (otro asunto que habría que analizar con cuidado), está claro que lo que necesita San Felipe, no es lo mismo que necesita Silao, ni lo que necesita Moroleón, y así en todos los estados. Aquí no hay “one size fits all” (una talla le queda a todos) y cada municipio necesita recursos y herramientas diferentes para combatir al crimen.


pesquera@gmail.com

viernes, 1 de julio de 2011

Europa paga sus pecados

Éstas últimas semanas hemos estado muy cerca de vivir de nuevo otro “cataclismo financiero” mundial, ahora de origen europeo, sin que nadie, aparentemente, se haya dado cuenta de la gravedad del asunto. En este artículo me propongo exponer algunas circunstancias que a mi juicio, llevaron a algunos países europeos a la catástrofe financiera que hoy viven.


La debacle económica y social que están viviendo al menos media docena de países europeos, incluidos Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia y Francia, es el resultado de graves faltas que han cometido sus políticos, avalados por el voto que les dieron sus pueblos, que exigen cada día más de todo sin tener con qué pagarlo: más empleos, mejores sueldos, menos años de trabajo y sistemas de salud y de pensiones ricos.


Como antecedente al argumento central de éste artículo, quisiera poner a su consideración un par de ideas. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba devastada y el Plan Marshall, cargado de dólares de Estados Unidos, ayudó a que el continente se pusiera en pie de nuevo. La población Europea necesitaba no sólo levantarse, sino que necesitaba borrar de su memoria el trauma de las dos guerras que habían mermado no sólo la economía, sino el ánimo y el espíritu de sus personas. Comenzaron desde cero y pudieron compensar el sufrimiento de casi cuarenta años de guerras, creando una sociedad de bienestar: trabajo, educación y salud para todos.


Fue así como en Europa floreció una clase media y trabajadora de primera, en la que los obreros y empleados, podían aspirar a una vida digna. Les había llegado el momento de estar bien. Sin embargo, éste deseo de que las clases trabajadoras alcanzaran el máximo bienestar, fue de la mano con una clase sindicalista voraz, que logró triunfos laborales impensables e incosteables en nuestros días.


El máximo logro que alcanzó la generación de la post-guerra europea fue muy sencillo: vivir bien, trabajar más o menos y ganar mucho… ¡se lo merecían! No es de sorprendernos, pues, que los nietos de aquella generación de la Segunda Guerra, que son los jóvenes de hoy, quieran aspirar a lo mismo, a buenos trabajos, a sueldos dignos y a muchas vacaciones, y ahora con un plus que no había hace 60 años: Europa se ha integrado. La integración fue una promesa que se cumplió parcialmente y para unos pocos. Un día hace no mucho, la alegría de la clase media y trabajadora europea llegó a su fin, pues los tiempos son otros y los cambios rebasaron el paso al que Europa, envejecida textualmente, caminaba.


Además de una diversidad de eventos exógenos a su área que frenó el crecimiento de Europa en años recientes, hubo un factor determinante y limitante al esfuerzo por integrarse totalmente como Unión Europea y que sus “padres fundadores” desestimaron completamente: la diversidad de culturas, idiomas y etnias. En estos días, los franceses se sienten más franceses que antes de la integración, los españoles, son más ibéricos ahora que antes y así sucesivamente, y esto, sin mencionar la gran exacerbación de los nacionalismos y regionalismos locales en cada país y el rechazo a la inmigración de donde quiera que venga, así sean rubios de Europa del Este.


Europa se empecinó e hizo un monumental esfuerzo por tratar de crear equilibrio en el mundo unipolar que quedó después de la caída del Muro de Berlín. Y el capricho le salió muy caro a los europeos, porque para ecualizar de manera acelerada a todos sus miembros, los países ricos tuvieron que aportar cantidades ingentes de dinero, que los países menos desarrollados recibieron en calidad de “subsidios comunitarios”. Y ya sabemos qué pasa con la gente que recibe subsidios: pierde incentivos para volverse productiva. Es como si el rico de la cuadra quisiera que la calle se viera bonita y manda a arreglar las fachadas de todos sus vecinos, sin importar que unos no sean tan trabajadores y que otros no tengan talento. Pero sobre todas las cosas, se ignoró si los vecinos beneficiarios de esta reconstrucción cosmética, estaban preparados para renovar por dentro y en sus cimientos cada una de las casa de la cuadra.


El resultado fue mixto, unos hicieron bien la tarea, pero otros no. Sin duda todos subieron significativamente sus niveles de vida y bienestar en un plazo muy corto de tiempo, pero ahora la pregunta es cómo mantener el mismo nivel de los últimos años, y ahí es donde las cosas se complican. Gran parte de ese “milagroso” crecimiento que vimos en muchos países ahora en debacle, se dio por un endeudamiento excesivo para mantener un nivel de desarrollo que ellos mismos no estaban generando mediante impuestos, exportaciones y otras fuentes de ingresos. Es como una familia que tiene ingresos por 50 mil, pero gasta 100 mil al mes, cargando la diferencia a sus tarjetas de crédito. Llegará un momento en el que la tarjeta llegará a su límite de crédito, y en el que ningún otro banco les quiera dar una nueva y forzosamente entrarán en mora y se irán al buró de crédito. Ahí están ahora mismo los griegos, los portugueses, irlandeses y a la vuelta de la esquina, los españoles.


Y ahora el problema es también social, pues hay millones de jóvenes muy bien educados que no tienen opciones de trabajo y realización personal, y para ellos la integración europea es sólo un juego de palabras que no se ve reflejado en sus bolsillos y en sus posibilidades de tener, como sus padres y abuelos, un trabajo digno que pague bien y que les dé dos meses de vacaciones al año.


No quito mérito a las grandes contribuciones que Europa ha hecho a la humanidad, comenzando por la creación del Mundo Occidental, tal y como lo conocemos. Pero ahora hemos llegado a un punto en el que ésas contribuciones y logros del pasado no pueden seguir pagándoles dividendos.


La lección que debemos aprender los países que hemos perdido empleos –millones de empleos- a manos de trabajadores asiáticos es muy sencilla: si quieres ganar diez veces más que los asiáticos, tienes que generar diez veces el valor que producen ellos. Si no lo haces, los capitales se seguirán yendo a los lugares que maximicen su utilidad y no a los lugares que tengan las iglesias más bonitas, los museos más interesantes y el pasado histórico más rico del mundo. El gran pecado de los europeos, de los americanos -y en parte el nuestro también- es que por viejas glorias, agravios o por simple historia, creemos merecer un mundo de primera sin trabajar y sin sudar. Y ahora aunque queramos arremangarnos la camisa y ponernos a trabajar, todo el trabajo se ha ido a otros lugares. Esos días de jornadas de 8 horas, largas vacaciones y sueldos de suizos, señoras y señores, están en el pasado.


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